La visión de Juan
En su revelación, Juan describe la aparición de un nuevo cielo y una nueva tierra que sustituyen a los creados anteriores, los cuales «han pasado» y el mar ya no existe1. La ciudad santa, la Nueva Jerusalén, desciende del cielo «preparada como una esposa adornada para su marido»1, y una voz del trono proclama que Dios habitará entre los hombres, que enjugará toda lágrima y que «la muerte ya no será»1.
Relación con el Catecismo
El Catecismo confirma que en este nuevo universo «Dios tendrá su morada entre los hombres» y que «no habrá más muerte, ni llanto, ni dolor»2. La promesa de que «todo será hecho nuevo» se interpreta como la consumación del plan de redención y la plena realización del Reino de Dios2.

