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El nuevo cielo y nueva tierra del Apocalipsis

El nuevo cielo y la nueva tierra son la imagen con la que el Apocalipsis anuncia la renovación definitiva de la creación y la plenitud del plan salvador de Dios. La visión une el destino de la humanidad redimida al del universo: Dios hará nuevas todas las cosas, vencerá la muerte y habitará para siempre con su pueblo.

Apocalypse 38. A new heaven and new earth. Revelation cap 21. Mortiers Bible. Phillip Medhurst Collection
Ver información de la imagenApocalipsis XXXVIII. Un cielo nuevo y una tierra nueva. Apocalipsis cap. XXI. Biblia de Mortier. Colección Phillip Medhurst, c. 2008. Original, Phillip Medhurst, CC BY-SA 3.0 📄
Infografía de El nuevo cielo y nueva tierra del Apocalipsis
Ver información de la imagenInfografía de El nuevo cielo y nueva tierra del Apocalipsis. Autor: Enciclopedia Wikitólica. Licencia CC BY-SA 4.0
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEl nuevo cielo y nueva tierra del Apocalipsis
CategoríaDoctrina
DescripciónImagen con la que el Apocalipsis anuncia la renovación definitiva de la creación y la plenitud del plan salvador de Dios. Anuncian una renovación real de la creación y la superación definitiva del mal
Referencias
  • Ap 21,12
  • Ap 21,35
  • Is 65,17
  • Rm 8,1921
  • 1043
Doctrinas RelacionadasResurrección de Cristo, Juicio final, Reino de Dios
Interpretación TradicionalLa fe cristiana entiende este desenlace como la realización definitiva del designio de Dios de reunir en Cristo todas las cosas.

Tabla de contenido

La visión del Apocalipsis

Al final del libro del Apocalipsis, Juan contempla «un cielo nuevo y una tierra nueva», porque el cielo y la tierra anteriores han pasado. A continuación ve descender del cielo la Jerusalén nueva, preparada como una novia para su esposo (Ap 21,1-2). Dios proclama entonces que hace nuevas todas las cosas. La visión culmina con la promesa de que habitará con los seres humanos y enjugará sus lágrimas: ya no habrá muerte, duelo, llanto ni dolor (Ap 21,3-5).1,2,3

La secuencia presenta la renovación del mundo y la comunión con Dios como aspectos de una misma esperanza. La nueva creación no consiste solo en que las personas alcancen una felicidad individual: incluye la humanidad y el universo entero. La fe cristiana entiende este desenlace como la realización definitiva del designio de Dios de reunir en Cristo todas las cosas, las del cielo y las de la tierra.4,5

El sentido de «nuevo»

La expresión «cielo nuevo y tierra nueva» pertenece al lenguaje bíblico de la esperanza y recoge imágenes proféticas anteriores, en particular la promesa de unos cielos nuevos y una tierra nueva de Isaías (Is 65,17). El Apocalipsis retoma esa tradición para anunciar que el orden marcado por el pecado y sus consecuencias dejará paso a una realidad renovada por Dios.6,2

En esta visión, «nuevo» no equivale simplemente a «reciente» ni describe un mundo que sustituya sin más al presente. El anuncio apunta a una transformación que lleva la creación a su plenitud. La esperanza cristiana no enseña que Dios deseche el universo material: proclama que lo libera de la corrupción y lo renueva. El papa Francisco describió esta transformación como el paso a la plenitud de la creación, no como su aniquilación.7

El Apocalipsis expresa esta realidad mediante imágenes, no como una descripción física anticipada del universo futuro. El lenguaje apocalíptico emplea símbolos para comunicar la victoria de Dios y el destino último de la historia. La interpretación católica reconoce el carácter simbólico y poético de estas imágenes, sin reducir por ello su contenido: anuncian una renovación real de la creación y la superación definitiva del mal.6,1

Renovación de la creación entera

La esperanza de la nueva tierra concuerda con la enseñanza de san Pablo, que presenta a la creación entera sufriendo bajo el peso de la corrupción y destinada a quedar libre de esa esclavitud (Rm 8,19-21). El destino del universo está unido al de la humanidad: a una humanidad redimida y resucitada corresponde una creación renovada.6,1

El Catecismo de la Iglesia Católica llama «nueva creación» a la renovación misteriosa que transformará tanto a la humanidad como al mundo. Será la realización definitiva del plan de Dios de reunir todas las cosas en Cristo. El Compendio del Catecismo sitúa esta esperanza después del juicio final: entonces el universo, liberado de su corrupción, participará de la gloria de Cristo y llegará a plenitud el Reino de Dios.4,5

La tradición católica afirma, por tanto, la continuidad y la transformación de la creación, aunque no ofrece una descripción detallada de cómo ocurrirá esa transformación. Juan Pablo II explicó que el universo visible está destinado a transformarse y a ponerse al servicio de los justos glorificados en Cristo. La imagen bíblica de una creación que pasa por una crisis antes de florecer de nuevo expresa, en lenguaje apocalíptico, el tránsito hacia esa plenitud.1

La Jerusalén nueva y la presencia de Dios

La Jerusalén nueva ocupa un lugar central en la visión. No aparece como una ciudad construida por el esfuerzo humano, sino como una realidad que desciende de Dios. Su figura nupcial representa una alianza consumada y una comunión perfecta: Dios vive con su pueblo y este pertenece plenamente a Dios.2,3

La ciudad también remite al misterio de la Iglesia. Juan Pablo II interpretó la Jerusalén que desciende del cielo como una imagen de la Iglesia y, al mismo tiempo, como una realidad escatológica: es decir, una realidad que pertenece a la plenitud futura prometida por Dios. Esa esperanza no es una utopía fabricada por la humanidad, aunque la novedad de Dios ya actúa en la historia mediante la Pascua de Cristo y de la vida de la Iglesia.2

La promesa de que Dios enjugará toda lágrima concentra el sentido pastoral de la visión. La salvación final no ignora el sufrimiento ni declara irrelevantes las heridas de la historia: anuncia que Dios las vencerá y que el duelo y la muerte no tendrán la última palabra. La nueva creación es, así, una esperanza de vida y de alegría sin fin, fundada en la victoria de Cristo.3

Relación con la resurrección de Cristo

La renovación definitiva del mundo está vinculada a la muerte y resurrección de Jesucristo. La novedad que el Apocalipsis proyecta hacia el final de los tiempos ya ha comenzado con la Pascua: en Cristo resucitado, Dios ha inaugurado la nueva creación. Su cumplimiento será futuro, pero su comienzo pertenece ya a la historia.7,2

La resurrección de Cristo funda la esperanza en la transformación de la creación, pues la salvación cristiana no se limita a la liberación del alma respecto del mundo material. La promesa bíblica abarca el universo y la vida corporal. El Catecismo expresa este horizonte como la renovación de la humanidad y del mundo, y como la reunión de todas las cosas en Cristo.4,8

El significado del mar que desaparece

En la visión de Apocalipsis 21,1, Juan dice que el mar ya no existe. El pasaje no debe separarse del carácter simbólico de la literatura apocalíptica ni tomarse automáticamente como una explicación geográfica del mundo futuro. Dentro de la proclamación de la nueva creación, la imagen forma parte de la descripción de un orden enteramente renovado y libre de la antigua condición. El texto no permite fijar por sí solo una explicación física precisa de qué ocurrirá con los mares.6,1

Consecuencias para la vida cristiana

La esperanza de la tierra nueva no invita a desentenderse de la vida presente. Juan Pablo II recordó que la expectativa de una tierra renovada, lejos de disminuir la preocupación por el desarrollo de este mundo, debe impulsarla: la vida de la humanidad nueva crece en la historia y anticipa de algún modo la edad futura. El progreso humano no equivale a la plenitud del Reino de Dios, pero el amor y sus obras perduran y pueden anticipar la resurrección.9

La visión apocalíptica alimenta, por tanto, una esperanza activa. El creyente espera la renovación que solo Dios llevará a plenitud y, a la vez, está llamado a vivir con santidad y a trabajar por el bien. La promesa de un mundo en el que habite la justicia sostiene el compromiso con la caridad y con la transformación de la vida social, sin confundir ese compromiso con la consumación definitiva del Reino.9,10

Interpretación católica

La doctrina católica mantiene juntas tres afirmaciones: Dios llevará a término la historia; la creación material participará de la renovación; y el modo concreto de esa transformación permanece envuelto en el misterio. El lenguaje simbólico del Apocalipsis no ofrece un calendario ni una descripción científica del fin, sino que proclama la victoria final de Dios y la comunión plena de la creación con él.6,4

El nuevo cielo y la nueva tierra representan, en definitiva, la creación liberada de la corrupción y reunida en Cristo. La Jerusalén nueva expresa la comunión definitiva de Dios con su pueblo; la desaparición de la muerte y del dolor manifiesta la derrota completa del mal; y la transformación del universo muestra que la salvación alcanza a toda la obra creadora. Entonces llegará a plenitud el Reino de Dios y Dios será «todo en todos».5,2

Citas y referencias

  1. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 31 de enero de 2001, 1 (2001). 2 3 4 5
  2. Capítulo seis: III. ¡Comprometámonos con la caridad! La novedad de Dios en la historia, Papa Juan Pablo II. Ecclesia in Europa, 106 (2003). 2 3 4 5 6
  3. Papa Juan Pablo II. 2 de noviembre de 1986: Visita pastoral a la parroquia romana de la Inmaculada Concepción - Homilía, 5 (1986). 2 3
  4. Capítulo tres: Creo en el Espíritu Santo, Catecismo de la Iglesia católica, 1043 (1992). 2 3 4
  5. Primera parte: La profesión de fe. Capítulo tres: Creo en el Espíritu Santo. María, madre de Cristo, madre de la Iglesia, Promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia católica, 216 (2005). 2 3
  6. D. Muñoz-León. El universo creado y la encarnación redentora de Cristo, 44 (1993). 2 3 4 5
  7. El continuo camino de la Iglesia, Papa Francisco. Audiencia general del 26 de noviembre de 2014, 3 (2014). 2
  8. Peter Casarella. Waiting for a Cosmic Christ in an Uncreated World, 9 (2001).
  9. Esperamos nuevos cielos y una nueva tierra, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 2 de diciembre de 1998, 4 (1998). 2
  10. El camino de la humanidad hacia el Padre, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 26 de mayo de 1999, 3 (1999).
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