Las mujeres ocuparon un lugar prominente en el ministerio de Jesucristo, rompiendo con las convenciones culturales de la época. A diferencia de las estructuras sociales judías, que limitaban su participación pública, Jesús las incluyó activamente en su círculo íntimo.
Seguidores y colaboradoras directas
Varias mujeres acompañaron a Jesús durante su predicación, proveyendo de sus bienes para sostener al grupo apostólico. Entre ellas destacan María Magdalena, Joana, Susana y muchas otras, que no solo lo siguieron, sino que permanecieron fieles en momentos críticos como la Pasión.4 María Magdalena, en particular, recibió el privilegio de ser la primera testigo de la Resurrección, anunciándola a los apóstoles, lo que le valió el título de apóstola de los apóstoles por san Tomás de Aquino.2,4
María, la Madre de Dios, encarna el modelo supremo: desde la Anunciación hasta Pentecostés, su presencia une la fe y la oración comunitaria.2,4 Estas mujeres no solo fueron discípulas, sino que manifestaron una confianza total en Cristo, incluso en el Calvario, donde recibieron una misión materna para toda la Iglesia.4
