El problema del mal en el mundo
El problema del mal en el mundo, conocido en teología como teodicea, plantea la aparente contradicción entre la existencia de un Dios omnipotente, omnisciente y providente, y la realidad del sufrimiento, el pecado y las catástrofes. La doctrina católica resuelve esta cuestión distinguiendo entre mal moral (procedente del libre albedrío humano) y mal físico o natural (como privación del bien), afirmando que Dios permite el mal para un bien mayor, sin ser su autor, y que el mal es una privación del bien que no corrompe la bondad divina ni la creación. A lo largo de la tradición, desde la Escritura hasta el Magisterio contemporáneo, se subraya el papel del pecado original, el libre albedrío y la redención en Cristo como claves para comprender y trascender esta realidad.
Tabla de contenido
Naturaleza y formulación del problema
La pregunta clásica de la teodicea
El problema del mal surge de la interrogante fundamental: si Dios es todopoderoso, todobueno y sabio, ¿por qué existe el mal en el mundo? Esta objeción, formulada por Epicuro y repetida en diversas épocas, cuestiona la compatibilidad entre la divinidad y el sufrimiento humano. En la tradición católica, no se niega la existencia del mal, sino que se explica como compatible con la fe en un Dios creador amoroso.1
La teología católica rechaza visiones dualistas, como el maniqueísmo, que postulan un principio del mal independiente de Dios. San Agustín, en su disputa contra Fortunato, defiende que Dios es incorruptible e incontaminable, y que el mal no amenaza su reino eterno.2 El mal no es una sustancia positiva, sino una privation de bien, según la definición agustiniana adoptada por la escolástica.1
Tipos de mal en la distinción católica
La doctrina distingue dos categorías principales:
Mal moral: Procede de la voluntad humana libre que elige el pecado. Es el rechazo voluntario del bien divino, como el abuso de la libertad ante la tentación del Maligno.3 Ejemplos incluyen el homicidio, la injusticia o la idolatría.
Mal físico o natural: Incluye enfermedades, desastres naturales y muerte. No es intrínsecamente malo, sino consecuencia del pecado original, que hiere la naturaleza humana y el orden creado.3 Fuentes patrísticas y tomistas enfatizan que estos males no son «malos» en sentido absoluto, sino relativos a la perfección del universo.4
Esta distinción evita equiparar ambos males bajo un principio univocado, reconociendo que el mal moral defiende al hombre desde dentro (Mc 7,15), mientras el natural se resuelve por la bondad de la creación.4
Raíces bíblicas y patrísticas
El mal en la Sagrada Escritura
La Biblia presenta el mal como intrusión en un mundo muy bueno (Gn 1,31). El pecado original introduce la desobediencia, la concupiscencia y la muerte (Gn 3). San Pablo describe la lucha interna: «No soy yo quien lo hace, sino el pecado que habita en mí» (Rm 7,17), interpretado por Santo Tomás como la inclinación pecaminosa que esclaviza al hombre, aunque el verdadero yo racional consiente a la ley.5
Al final de los tiempos, los ángeles separarán a los malos de los justos (Mt 13,49), simbolizando la justicia divina que purga el mal sin error, a diferencia de la Iglesia militante.6
Contribuciones de San Agustín
San Agustín, convertido del maniqueísmo, argumenta que Dios no teme un «reino de tinieblas» ni envía almas a la aflicción por necesidad. El mal surge de la rebelión creada, no de Dios, quien es inviolable. En su carta a la Iglesia de Hippo, exhorta a esperar los bienes eternos pese a los males profetizados.7 Agustín enfatiza la paciencia y el consuelo de las Escrituras para mantener la esperanza.7
La respuesta escolástica: Santo Tomás de Aquino
Dios conoce y permite el mal
Santo Tomás afirma que Dios conoce el mal no por sí mismo, sino por el bien opuesto, ya que el mal es privación y no cognoscible positivamente.1 Su intelecto puro no padece privación, pero abarca todo mediante su esencia.1
Respecto a la voluntad divina, Dios no quiere el mal moral directamente, pues carece de bienes concomitantes; solo permite su existencia para un bien mayor, como la belleza del universo donde el mal resalta el bien.8 «Dios no quiere que el mal sea hecho, ni quiere que no sea; quiere permitirlo, y esto es un bien.»8
Voluntad humana y razón errónea
En la ética tomista, la voluntad que contradice la razón, aun errónea, es mala, porque el objeto moral depende de cómo lo propone la razón.9 Toda voluntad en desacuerdo con la razón (recta o errada) es pecaminosa, pues sigue un bien aparente pero accidentalmente malo.9 Esto explica cómo el hombre, dividido por el pecado original, lucha entre luz y tinieblas.3
Enseñanza del Magisterio contemporáneo
El Catecismo de la Iglesia Católica
El Catecismo integra la tradición: el Bautismo perdona el pecado original completamente, pero deja la concupiscencia, inclinación al mal que exige combate constante.10 El hombre, herido por el pecado, es propenso al error y al mal, viviendo una lucha dramática.3
Se rechaza tajantemente que «el fin justifique los medios»: una acción mala no se legitima por intención buena.11 Esto aplica a dilemas éticos modernos, como guerras o experimentos.
Distinciones en teólogos recientes
Pensadores contemporáneos, fieles a Aquino, diferencian males naturales (no propiamente malos, sino parte del orden creado postlapsario) de morales (verdadero defecto). Dios extrae bien del mal por providencia, pero el pecado es contrario a su voluntad.4 La condenación eterna es justa, no por bienes en el infierno, sino por castigo objetivo al pecado.4
Implicaciones éticas y espirituales
Libre albedrío y redención
La solución católica centra el mal moral en el libre albedrío, don divino abusado por la tentación.3 Cristo redime: su Cruz transforma el mal en salvación. La gracia bautismal no elimina la debilidad, pero fortalece contra la concupiscencia.10
En la vida cotidiana, el creyente combate el mal mediante virtudes, sacramentos y esperanza escatológica, donde el mal será definitivamente vencido.6
Respuestas a objeciones modernas
Frente al ateísmo por el mal (como en Ehrman), la fe católica muestra que argumentos naturalistas o del mal carecen de fuerza demostrativa, priorizando la cosmovisión teísta.12 El mal no prueba ausencia de Dios, sino llamada a la conversión.
Conclusión
La teodicea católica ofrece una respuesta integral: el mal no niega a Dios, sino que invita a contemplar su misterio providente. Como privación permitida para bienes mayores —libertad, redención, gloria eterna—, el mal resalta la bondad creadora. La Iglesia exhorta a la confianza en la Cruz y la Resurrección, donde el mal es vencido definitivamente.
Citas
Primera parte – Del conocimiento de Dios – ¿Sabe Dios cosas malas? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, § I, P. 14, R. 10 (1274). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Disputa del primer día, Agustín de Hipona. Actos o Disputa contra Fortunato, § 1 (392). ↩
Sección uno: la vocación del hombre, vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1707 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5
Benoît Henri Merkelbach, O.P., Reginald Beaudouin, O.P., y col., Reseñas de libros (Nova et Vetera, Vol. 23, No. 2), § 27 (2025). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Capítulo 7, Tomás de Aquino. Comentario sobre Romanos, § 7:17 (1272). ↩
Capítulo 13, Tomás de Aquino. Comentario sobre Mateo, § 13:49 (1272). ↩ ↩2
Agustín de Hipona. Carta 78 de Agustín a la Iglesia de Hipona, § 1 (404). ↩ ↩2
Primera parte – La voluntad de Dios – ¿Quiere Dios los males? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, § I, P. 19, R. 9 (1274). ↩ ↩2
Primera parte de la segunda parte – Sobre la bondad y malicia del acto interior de la voluntad – ¿Es la voluntad mala cuando está en desacuerdo con la razón errante? , Tomás de Aquino. Summa Theologiae, § I‑II, P. 19, R. 5, co. (1274). ↩ ↩2
Sección dos i. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 978 (1992). ↩ ↩2
Sección uno: la vocación del hombre, vida en el espíritu, Catecismo de la Iglesia Católica, § 1759 (1992). ↩
Matthew J. Ramage, Andrew D. Swafford, y col., Reseñas de libros (Nova et Vetera, Vol. 17, No. 2), § 3 (2019). ↩
