El problema del mal y la providencia divina
En la teología católica, el problema del mal se presenta como uno de los interrogantes más profundos sobre la existencia del sufrimiento, el pecado y las catástrofes en un mundo creado por un Dios omnipotente, omnisciente y sumamente bueno. La providencia divina, entendida como la solicitud amorosa y sabia con la que Dios guía a todas sus criaturas hacia su fin último, ofrece una respuesta iluminada por la fe: Dios no causa el mal, sino que lo permite por respeto a la libertad creada y para derivar de él un bien mayor, como se revela en la Cruz de Cristo y confirma la Tradición de la Iglesia.1,2,3
Tabla de contenido
El problema del mal en la filosofía y la teología
Origen y formulación del problema
El problema del mal surge de la aparente contradicción entre la existencia del mal —físico, moral o metafísico— y las perfecciones divinas. Si Dios es todo bondad, ¿por qué permite el sufrimiento inocente? Si es omnipotente, ¿por qué no lo elimina? Esta cuestión, planteada desde la antigüedad, encuentra eco en las palabras de San Agustín: «Busqué de dónde viene el mal y no hallé solución».2 En la teología católica, no se trata de un ateísmo lógico, sino de un misterio que solo la fe ilumina plenamente, vinculado al drama del pecado original y la libertad humana.4
La formulación clásica, conocida como el teodicea, busca justificar a Dios ante el mal. Epicuro ya lo expresaba: o Dios quiere eliminar el mal y no puede (no es omnipotente), o puede y no quiere (no es bueno), o ni quiere ni puede (no es Dios), o quiere y puede (¿por qué existe el mal?). La respuesta cristiana rechaza las primeras opciones, afirmando que Dios permite el mal sin causarlo, para un fin superior.5
Tipos de mal según la tradición tomista
La teología católica distingue tres clases de mal, siguiendo a Santo Tomás de Aquino:
Mal de culpa (o malum culpae): El pecado, rechazo libre de la voluntad divina. Es el más grave, pues ofende directamente a Dios.6
Mal de pena (o malum poenae): Sufrimientos consecuentes al pecado, como enfermedades o muerte.7
Mal de naturaleza (malum naturae): Defectos inherentes a la creación finita, como depredación animal.6
Estos males no son deseados por Dios per se, sino permitidos per accidens, es decir, en orden a un bien mayor.1
La providencia divina en la doctrina católica
Definición y alcance
La providencia divina es «el conjunto de disposiciones por las que Dios conduce con sabiduría y amor a todas sus criaturas hacia su fin último».8 No es un destino ciego (fatum), sino una guía paterna que respeta la libertad.9,10 El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) enseña que Dios cuida de todo, desde lo más pequeño hasta la historia universal: «Nuestro Dios está en los cielos; hace todo lo que quiere» (Sal 115,3).11
La providencia divina consiste en las disposiciones con las que Dios guía a sus criaturas con sabiduría y amor hacia su fin último. Dios es el Soberano Absoluto de su designio.12
Esta providencia es universal (abarca todo), inmediata (actúa en cada ser), eficaz (logra su propósito) y suave (sin violencia a la libertad).13
Funciones de la providencia
Gobierno: Dirige los eventos hacia el bien común, la gloria de Dios.14
Cooperación: Usa causas segundas, como la libertad humana, para sus fines.12
San Juan Damasceno lo resume: «La providencia es la voluntad de Dios por la que todas las cosas existentes reciben su adecuado término».14
Relación entre el mal y la providencia divina
Dios no es causa del mal
La fe católica afirma con rotundidad: Dios no causa el mal moral. «Dios no es en modo alguno, ni directa ni indirectamente, causa del mal moral».5 El mal es una privación del bien debido, no un ente positivo. Surge de la libertad creada, que puede desviarse.1,15
El pecado original rompió la armonía primordial, introduciendo desorden: «La creación visible se ha tornado extraña y hostil al hombre» (Gén 3,17).7 Dios permite este mal por respeto a la libertad, pero lo ordena al bien.3
El permiso del mal por un bien mayor
La clave teológica es que Dios saca bien del mal. «La fe nos da la certeza de que Dios no permitiría un mal si no hiciera surgir un bien de ese mismo mal, por caminos que conoceremos plenamente solo en la vida eterna».3
De la peor maldad moral —el rechazo y asesinato del Hijo de Dios—, por su gracia que «desbordó con creces» (Rm 5,20), Dios sacó el mayor bien: la glorificación de Cristo y nuestra redención.1
Esto se ve en la Cruz: el mal máximo produce la salvación máxima. Santo Tomás explica que el permiso del mal manifiesta mejor la justicia, misericordia y bondad divina.15,16
En el CIC: «Sabemos que Dios hace que todo concurra al bien de los que le aman» (Rm 8,28).1 Los santos lo confirman: Catalina de Siena, Tomás Moro, Juliana de Norwich.1
El misterio de la libertad y el mal moral
El mal de culpa es el más problemático: Dios lo permite como rebelión libre, sin consentirlo.6 No lo quiere ni directamente ni indirectamente, pues contradice su ser. Sin embargo, de él deriva un bien mayor: la manifestación de la gracia redentora y la humildad del pecador.15
Enseñanzas de la Tradición y el Magisterio
San Agustín y los Padres de la Iglesia
San Agustín resuelve su angustia en la conversión: el mal clarifica el misterio de la redención en Cristo.2 Dios, suprema bondad, permite el mal para sacar bien de él: «Porque es omnipotente y bueno, no permitiría la existencia de mal alguno en sus obras si no fuera tan poderoso y bueno que supiera sacar el bien hasta del mal».1
Santo Tomás de Aquino y la escolástica
Santo Tomás distingue: Dios gobierna todo, pero el mal es defecto de la causa segunda. La providencia permite el pecado para un bien superior, como la penitencia o la misericordia.6 El universo manifiesta mejor la gloria divina con el contraste bien-mal.16
Magisterio conciliar y papal
El Concilio Vaticano I y II afirman la providencia paterna sobre el género humano.9 Juan Pablo II enseña que la providencia libera del fatalismo: Dios custodia y gobierna todo.10
El CIC integra todo: el mal es misterio iluminado por Cristo, vencedor del mal.4 En la última audiencia de Juan Pablo II (1986), se vincula providencia con sentido de la vida.9
Implicaciones para la vida del creyente
Frente al mal, la fe invita a la confianza filial: «No temas, porque yo estoy contigo» (Is 41,10). Cristo enseña: «Mirad las aves del cielo… vuestro Padre celestial las alimenta» (Mt 6,26).17 San Pedro exhorta: «Echad en él toda vuestra ansiedad, porque él cuida de vosotros» (1 Pe 5,7).17
La providencia no elimina el sufrimiento, pero lo transforma: en la oración, la Eucaristía y la Cruz, el creyente coopera con Dios. El mal prueba la fe, pero revela la superabundancia de la gracia.2
Conclusión
El problema del mal y la providencia divina se resuelven en el misterio pascual: Dios permite el mal para manifestar su gloria, respetando la libertad y derivando bienes impensados. Como enseña el CIC, solo la fe cristiana integral responde: creación buena, drama del pecado, amor redentor.4 En la visión beatífica, se comprenderá plenamente cómo «en todo Dios obra para el bien de quienes le aman». Esta verdad libera al hombre del fatalismo, invitándolo a la confianza y la esperanza.
Citas
Basil Cole, O.P. ¿San Tomás y la “Buena Noticia” del castigo? , § 11 (2022). ↩ ↩2 ↩3 ↩4 ↩5 ↩6 ↩7
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 385 (1992). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 324 (1992). ↩ ↩2 ↩3
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 309 (1992). ↩ ↩2 ↩3
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 311 (1992). ↩ ↩2
Gilles Emery, O.P. La cuestión del mal y el misterio de Dios en Charles Journet, § 5 (2006). ↩ ↩2 ↩3 ↩4
La persona humana: La causa principal y exclusiva del pecado, Basil Cole, O.P. ¿San Tomás y la “Buena Noticia” del castigo? , § 6 (2022). ↩ ↩2
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 321 (1992). ↩
Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 7 de mayo de 1986 (1986). ↩ ↩2 ↩3
Papa Juan Pablo II. Audiencia General del 14 de mayo de 1986 (1986). ↩ ↩2
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 303 (1992). ↩
Parte uno - La profesión de fe. Capítulo uno - Creo en Dios el Padre. Los símbolos de fe, promulgado por el Papa Benedicto XVI. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, § 55 (2005). ↩ ↩2
Divina providencia, The Encyclopedia Press. Enciclopedia Católica, §Divina Providencia (1913). ↩ ↩2
Libro II - Capítulo 29. Sobre la providencia, Juan de Damasco. Una exposición de la fe ortodoxa, § 29 (730). ↩ ↩2
Steven A. Long. Providencia, libertad y ley natural, § 41 (2006). ↩ ↩2 ↩3
Steven A. Long. Providencia, libertad y ley natural, § 17 (2006). ↩ ↩2
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 322 (1992). ↩ ↩2
