El tiempo litúrgico de Navidad se inicia con las Primeras Vísperas (Vísperas I) de la solemnidad de la Natividad del Señor, celebradas en la tarde del 24 de diciembre, coincidiendo con la Misa de la Vigilia. Este periodo concluye el domingo después de la Epifanía o tras el 6 de enero, según determine el calendario litúrgico.1
En un sentido más amplio, la tradición litúrgica extiende su influencia hasta el 2 de febrero, fiesta de la Presentación del Señor, abarcando unos cuarenta días que unen la Natividad con eventos como la Epifanía, el Bautismo de Jesús y las Bodas de Caná. Esta prolongación resalta la dimensión epifánica del misterio navideño: la manifestación progresiva de Dios en la humanidad de Cristo.2
La Misa de la Vigilia del 24 de diciembre puede celebrarse antes o después de las Vísperas I, siguiendo la antigua tradición romana, y el día de Navidad permite hasta tres Misas: de noche (Misa del Gallo), de aurora y del día.4 Esta estructura temporal subraya la irrupción de la eternidad en el tiempo humano, como recordaba el papa Benedicto XVI al describir la Navidad como el encuentro entre el cielo y la tierra.5
