La Navidad no constituye únicamente la conmemoración sentimental del nacimiento de un niño en Belén. La liturgia celebra un acontecimiento central de la fe cristiana: Dios se hace hombre en Jesucristo. El nacimiento del Señor manifiesta que la salvación prometida a Israel alcanza su cumplimiento en la persona de Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre.
Las Normas universales sobre el año litúrgico y sobre el calendario romano presentan la Navidad como una de las celebraciones más antiguas de la Iglesia, sólo posterior en importancia histórica a la celebración anual del Misterio pascual. El tiempo navideño reúne la memoria litúrgica del nacimiento del Señor y sus primeras manifestaciones al mundo.3
La Iglesia no contempla la Encarnación como un acontecimiento aislado del resto de la obra redentora. El Niño nacido en Belén es el mismo Cristo que morirá en la cruz, resucitará de entre los muertos, enviará el Espíritu Santo y volverá glorioso al final de los tiempos. Por eso, la Navidad contiene ya una orientación pascual: la humildad del pesebre anticipa la humildad de la cruz, y la gloria manifestada en el nacimiento conduce a la gloria de la Resurrección.
La Encarnación como manifestación de Dios
La Encarnación constituye la manifestación suprema de Dios en la historia. El Hijo eterno no aparece mediante una exhibición de poder político o militar, sino en la pobreza de una familia, en la fragilidad de un recién nacido y en la sencillez de un pesebre.
Benedicto XVI explicó que la humildad del Niño de Belén no oculta simplemente a Dios, sino que revela quién es Dios: el rostro del Hijo muestra fielmente el rostro del Padre. La pobreza, la obediencia y la entrega de Cristo forman parte del modo concreto elegido por Dios para darse a conocer.4,5
La liturgia navideña presenta, por tanto, una paradoja fundamental:
- el Señor de la historia aparece como un niño indefenso;
- el Verbo eterno entra en el tiempo;
- el Creador nace de una criatura;
- el Rey de Israel yace en un pesebre;
- la gloria divina resplandece en la pobreza;
- la luz verdadera brilla en medio de la oscuridad.
La Navidad invita a reconocer la presencia de Dios allí donde el mundo suele encontrar insignificancia, debilidad o fracaso.


