La expresión varón soltero católico describe a un hombre católico que no está casado. No precisa, por sí misma, por qué permanece soltero ni si piensa casarse más adelante. Un hombre puede no haber encontrado a una persona con quien formar un matrimonio, haber renunciado a casarse o encontrarse soltero tras la muerte de su esposa. Estas situaciones no son equivalentes, aunque todas puedan exigir una respuesta cristiana a las circunstancias presentes.1
Conviene distinguir la soltería del celibato. Soltería designa, en su sentido ordinario, la situación de quien no está casado; celibato suele referirse a la opción o condición de vivir sin matrimonio. No todo soltero ha elegido el celibato, ni toda soltería manifiesta una vocación permanente. La vida de una persona puede cambiar, y la llamada cristiana no queda reducida a una etiqueta social.1
La condición de varón tampoco basta para definir una vocación particular. La pertenencia a la Iglesia comienza en la identidad cristiana común, vinculada al bautismo; las formas concretas de vivir esa llamada varían según la vocación y la misión de cada fiel.2


