La enciclopedia católica en español

Elí, Elí, Lamá Sabactani

«Elí, Elí, lamá sabactani» es la forma tradicional de las palabras con las que Jesús, en la cruz, comienza a rezar el salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Los evangelios de Mateo y Marcos conservan el grito en una forma aramea ligeramente distinta: Mateo escribe «Elí» y Marcos, «Eloí». La frase expresa la hondura del sufrimiento de Jesús y, al mismo tiempo, introduce una oración que conduce del lamento a la confianza en Dios.1,2,3,4

Albert August Plasschaert eli eli lama sabachtani 1913
Ver información de la imagenAlbert August Plasschaert eli eli lama sabachtani 1913. , hacia 1913. Erster Deutscher Herbstsalon. Berlín 1913. Berlín: Der Sturm, 1913, sin número de página, Albert August Plasschaert, Dominio público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreElí, Elí, Lamá Sabactani
CategoríaOración
DescripciónGrito de Jesús en la cruz recogido por los evangelios de Mateo y Marcos, que abre el salmo 22. Forma tradicional de las palabras con las que Jesús, en la cruz, comienza a rezar el salmo 22: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». Expresa la hondura del sufrimiento de Jesús y conduce del lamento a la confianza en Dios
Referencias
  • Salmo 22
  • Mateo 27:46
  • Marcos 15:34
  • Mt. 27.46
  • Mc. 15.34
  • Salmo 22 (21)
Interpretación TradicionalLa tradición cristiana interpreta el grito desde el conjunto del salmo y la Pasión, viendo en él un sufrimiento verdadero y una entrega confiada al Padre.

Tabla de contenido

Forma y significado

Mateo pone en labios de Jesús las palabras «Elí, Elí, lamá sabactani», mientras que Marcos recoge «Eloí, Eloí, lamá sabactani». Ambos evangelistas ofrecen la traducción: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». La diferencia entre Elí y Eloí corresponde a dos formas de transcribir la invocación; no cambia el sentido de la frase.1,2,5

La expresión se conserva en arameo, lengua hablada por Jesús y por muchos de sus contemporáneos. Juan Pablo II observó que los testigos pudieron recordar y transmitir las palabras originales precisamente por su carácter singular en la escena de la crucifixión. La forma del título, sabactani, es una de las transliteraciones usadas para representar el final de la frase; las grafías varían al trasladar sonidos arameos a caracteres latinos.3

Los relatos sitúan el grito hacia las tres de la tarde. Mateo lo introduce con la forma Elí y Marcos con Eloí; los dos lo traducen de la misma manera. Por tanto, la frase no es una oración independiente de los evangelios, sino la apertura de un salmo que Jesús pronuncia desde la cruz.1,2

Relación con el salmo 22

Las palabras iniciales proceden del salmo 22 según la numeración hebrea, llamado salmo 21 en la tradición grecolatina. El poema comienza con la súplica de quien se siente desamparado y no recibe respuesta, pero no queda encerrado en la desesperación: avanza hacia la memoria de la fidelidad de Dios y culmina en una perspectiva de alabanza y esperanza.6,4

«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»1,2

La cita concentra el dolor del salmista y hace suyo su lenguaje de súplica. Benedicto XVI explicó que, en la costumbre judía, invocar el comienzo de un salmo podía remitir al poema entero. Desde esa perspectiva, el grito de Jesús mantiene toda su fuerza de lamento, pero también abre el horizonte de confianza y alabanza que recorre el salmo hasta su desenlace.4

La relación con el salmo tampoco reduce el grito a una alusión literaria. Jesús pronuncia esas palabras en el momento de su agonía y expresa con ellas un sufrimiento real. Juan Pablo II describió la invocación como manifestación de la desolación y del abandono que Jesús experimentó en la cruz, a la vez que la vinculó con su entrega por la salvación humana.3,7

El grito en el relato de la Pasión

Mateo y Marcos sitúan la frase en una escena de oscuridad y de insultos dirigidos contra Jesús. En ese contexto, el grito hace visible la soledad de quien afronta la muerte y soporta la hostilidad de quienes lo rodean. La oración no oculta ni suaviza el sufrimiento: lo expresa ante Dios con palabras de una súplica bíblica.1,2,8,4

Benedicto XVI interpreta la escena como la participación del Hijo en la condición humana marcada por el sufrimiento y la muerte. Jesús atraviesa la experiencia de abandono, pero continúa dirigiéndose al Padre; la oración conserva la confianza filial incluso cuando la presencia de Dios no se manifiesta mediante una respuesta audible. Juan Pablo II describe esa paradoja como la coexistencia del silencio del Padre y la relación confiada del Hijo, que no deja de permanecer unido a él.8,9

Por ello, la frase no debe entenderse como una declaración de desesperación ni como una ruptura de la relación entre Jesús y el Padre. El lamento expresa la intensidad de la prueba vivida por Jesús en su humanidad; la invocación «Dios mío» mantiene, incluso en medio del dolor, la relación personal con Dios. Juan Pablo II precisó que el «porqué» no encierra rebelión ni resentimiento contra el Padre, sino la experiencia de fragilidad, soledad y abandono llevada por Jesús en solidaridad con la humanidad sufriente.3,9

Interpretación cristiana

La tradición cristiana interpreta el grito desde el conjunto del salmo y desde la totalidad de la Pasión. Jesús toma sobre sí el dolor humano y reza con las palabras de un justo perseguido que clama a Dios. La oración manifiesta, así, tanto la profundidad de su sufrimiento como su entrega confiada al Padre.3,6,4

Esta lectura evita dos interpretaciones opuestas. La primera consiste en considerar que Jesús no experimentó realmente la angustia expresada en la frase. Los relatos evangélicos y la reflexión de los papas presentan, por el contrario, un sufrimiento verdadero, vivido hasta el extremo. La segunda consiste en interpretar el grito como desesperación absoluta o como negación de la confianza en Dios. El salmo completo y la actitud filial de Jesús impiden esa conclusión: el lamento permanece dirigido a Dios y se abre a la esperanza.8,3,4

La cruz constituye, en esta interpretación, el lugar de una solidaridad radical con quienes sufren. Jesús no contempla el dolor humano desde fuera: lo asume y lo convierte en oración. Juan Pablo II relacionó expresamente su grito con el de las personas que se sienten solas o desamparadas, y sostuvo que quienes sufren pueden expresar su «porqué» sin renunciar por ello a la confianza filial.3

Significado espiritual

«Elí, Elí, lamá sabactani» ofrece un lenguaje bíblico para la oración en tiempos de angustia. El salmista y Jesús muestran que el creyente puede presentar a Dios incluso el silencio, la confusión y el sentimiento de abandono. La súplica no equivale por sí misma a falta de fe: en el salmo, la persona afligida continúa llamando «Dios mío» a aquel cuya presencia parece oculta.8,6

La frase también recuerda que la esperanza cristiana no exige negar el sufrimiento. El camino del salmo atraviesa el lamento antes de abrirse a la alabanza; de modo análogo, la Pasión conduce a la gloria a través de la muerte. El grito de Jesús, leído a la luz del poema entero, conserva todo su dramatismo y a la vez orienta la oración hacia la fidelidad de Dios y la victoria de la vida.9,4

Citas y referencias

  1. Mt. 27.46, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Mateo 27 (1993). 2 3 4 5
  2. Mc. 15.34, The New Revised Standard Version, Catholic Edition (NRSV-CE). La Santa Biblia, Marcos 15 (1993). 2 3 4 5
  3. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 30 de noviembre de 1988, 1 (1988). 2 3 4 5 6 7
  4. Salmo 22 (21): «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?», Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 14 de septiembre de 2011, 1 (2011). 2 3 4 5 6 7
  5. J.M. Casciaro. La oración de Jesús en los Evangelios sinópticos, 11 (1991).
  6. Dicasterio para las Causas de los Santos. Elena Aiello: Audiencia general (14 de septiembre de 2011), 1 (2011). 2 3
  7. Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 3 de febrero de 1988, 8 (1988).
  8. San Marcos y san Mateo sobre la oración de Jesús en la cruz, Papa Benedicto XVI. Audiencia general del 8 de febrero de 2012, 1 (2012). 2 3 4
  9. Las últimas horas de la vida terrena de Jesús, Papa Juan Pablo II. Audiencia general del 3 de mayo de 2000, 4 (2000). 2 3
Modificado el 1 de noviembre de 2026 • FideScore™ 8.98 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/wz00vxbzv

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →