Mateo pone en labios de Jesús las palabras «Elí, Elí, lamá sabactani», mientras que Marcos recoge «Eloí, Eloí, lamá sabactani». Ambos evangelistas ofrecen la traducción: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?». La diferencia entre Elí y Eloí corresponde a dos formas de transcribir la invocación; no cambia el sentido de la frase.1,2,5
La expresión se conserva en arameo, lengua hablada por Jesús y por muchos de sus contemporáneos. Juan Pablo II observó que los testigos pudieron recordar y transmitir las palabras originales precisamente por su carácter singular en la escena de la crucifixión. La forma del título, sabactani, es una de las transliteraciones usadas para representar el final de la frase; las grafías varían al trasladar sonidos arameos a caracteres latinos.3
Los relatos sitúan el grito hacia las tres de la tarde. Mateo lo introduce con la forma Elí y Marcos con Eloí; los dos lo traducen de la misma manera. Por tanto, la frase no es una oración independiente de los evangelios, sino la apertura de un salmo que Jesús pronuncia desde la cruz.1,2



