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Embolismo del Padrenuestro

El embolismo del Padrenuestro es la oración que el sacerdote pronuncia en la misa inmediatamente después de la oración dominical y antes del rito de la paz. En el rito romano desarrolla la petición «líbranos del mal»: pide a Dios que aparte de la comunidad el pecado y la tribulación, le conceda la paz y la mantenga firme mientras espera la venida de Jesucristo. La asamblea concluye con una doxología -una alabanza a Dios- que comienza: «Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor».

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEmbolismo del Padrenuestro
CategoríaObra
DescripciónOración litúrgica que amplía la petición 'líbranos del mal' del Padrenuestro en la misa. Oración que el sacerdote pronuncia en la misa inmediatamente después de la oración dominical y antes del rito de la paz. Despliega la petición de liberación que cierra el Padrenuestro y la vincula con la paz y la esperanza cristianas
ContenidoLíbranos de todos los males, Señor... concede la paz a nuestros días...
Escritos RelacionadosInstrucción General del Misal Romano, Misal Romano
HistoriaSu uso podría remontarse a los primeros siglos del cristianismo, apareciendo en diversas liturgias antiguas occidentales y orientales.
LugarLiturgia romana, Tradición antioquena, Tradición alejandrina, Tradición nestoriana, Tradición siríaca
OraciónTuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor
Tema
TipoOración
Uso LitúrgicoRitos de la Comunión de la misa, inmediatamente después del Padrenuestro.

Tabla de contenido

Nombre y significado

La palabra embolismo procede del griego embolismós, relacionado con la idea de inserción o añadido. En la liturgia, designa una oración que amplía el sentido de otra: el embolismo del Padrenuestro desarrolla, en particular, la última petición de la oración que Jesús enseñó a sus discípulos.1,2

En la misa romana, la petición «líbranos del mal» se prolonga en una súplica por la liberación de todo mal, la paz y la perseverancia en la espera de Cristo. La Instrucción General del Misal Romano explica que el embolismo pide para toda la comunidad de los fieles la liberación del poder del mal.3

La expresión embolismo del Padrenuestro también puede aplicarse a oraciones de otras tradiciones litúrgicas que siguen al Padrenuestro y desarrollan sus últimas peticiones. Aunque comparten esa función general, los textos y las formas de recitarlos varían entre ritos.1,2

Lugar en la misa

El embolismo pertenece a los ritos de la Comunión de la misa. Tras la invitación del sacerdote, los fieles rezan juntos el Padrenuestro. A continuación, el sacerdote pronuncia el embolismo y la asamblea responde con la doxología. La invitación, el Padrenuestro, el embolismo y la doxología se dicen o cantan en voz alta.3

La instrucción litúrgica atribuye al Padrenuestro, en este momento de la celebración, una relación particular con la Eucaristía: la petición del pan cotidiano remite eminentemente al pan eucarístico, y la oración incluye también una súplica de purificación del pecado. El embolismo prolonga esa preparación pidiendo la liberación del mal para todos los fieles.3

La respuesta de la asamblea, «Tuyo es el reino, tuyo el poder y la gloria por siempre, Señor», no forma parte del Padrenuestro en sentido estricto: en la liturgia romana sigue al embolismo y lo concluye.3

Texto y contenido en el rito romano

El texto del embolismo romano comienza con la petición «Líbranos de todos los males, Señor». Continúa pidiendo la paz para los días presentes y la ayuda de la misericordia divina, para vivir libres del pecado y protegidos de toda perturbación, mientras la comunidad aguarda la venida de Jesucristo.4,5

La oración reúne así varias dimensiones de la súplica cristiana:

  • Liberación del mal: amplía la petición final del Padrenuestro y solicita protección frente al pecado y a todo aquello que perturba la vida cristiana.3,4
  • Paz: pide que Dios conceda paz a la comunidad en su vida presente.4
  • Esperanza en Cristo: sitúa la súplica en la espera de la venida de Jesucristo, presentada como la esperanza hacia la que se orienta la comunidad.4

No es, por tanto, una oración independiente del Padrenuestro. Su función consiste en desplegar la petición de liberación que cierra esa oración y vincularla con la paz y la esperanza cristianas.2,3

El embolismo en otras tradiciones litúrgicas

Oraciones de este tipo aparecen en diversas liturgias cristianas. Algunas las colocan inmediatamente después del Padrenuestro, mientras que otras insertan una ampliación dentro de sus últimas peticiones. Entre las tradiciones mencionadas en la literatura litúrgica figuran las antioquena, alejandrina y nestoriana; también existen ejemplos en textos de tradición siríaca.1,2

El contenido común es la petición de no caer en la tentación y de ser librados del mal. Algunas fórmulas desarrollan expresamente la súplica contra el Maligno y sus obras. La Divina Liturgia de Santiago, por ejemplo, incluye después del Padrenuestro una oración que pide liberación del Maligno y de sus obras, y concluye con una alabanza trinitaria.6

La variedad de textos muestra que el embolismo no designa una fórmula idéntica en todas las iglesias, sino una forma litúrgica de ampliar la súplica final del Padrenuestro. La antigua Enciclopedia Católica señala que este tipo de oración aparece en distintas liturgias occidentales y orientales, aunque no en todas las familias rituales.1

Historia

La fecha exacta de origen del embolismo romano no puede fijarse a partir de los testimonios aquí citados. La tradición histórica recogida por la Enciclopedia Católica considera posible que el uso del embolismo se remonte a los primeros siglos del cristianismo, pues encuentra oraciones de esta clase en diversas liturgias antiguas.1

En la liturgia romana, el embolismo se relacionó con la oración por la paz y con el rito de la fracción del pan. Las descripciones históricas del rito romano antiguo explican que el celebrante recitaba la oración mientras realizaba acciones con la patena y el pan consagrado, antes de la fracción. La disposición y los gestos propios de las celebraciones anteriores no deben confundirse con las normas litúrgicas actuales.2

Durante la Edad Media, algunas iglesias locales y órdenes religiosas añadieron nombres de santos a la petición de paz, según sus costumbres. La presencia del nombre de san Andrés en un antiguo sacramentario llevó a considerar que esa inclusión podía ser anterior al pontificado de san Gregorio Magno.1

Función litúrgica y espiritual

El embolismo hace explícita la confianza cristiana en que Dios puede librar del mal y sostener a su pueblo. La oración no reduce el mal a una dificultad material: incluye la liberación del pecado y pide que los fieles permanezcan seguros mientras esperan la plenitud de la esperanza cristiana.3,4

Su petición de paz prepara también el paso al rito de la paz, que sigue al embolismo en la celebración romana. De este modo, la súplica común por la paz precede al gesto litúrgico relacionado con ella.4

El embolismo conserva, en suma, el movimiento de la última petición del Padrenuestro y lo extiende a la comunidad reunida: pedir la liberación del mal, vivir en la paz de Dios y aguardar la venida de Cristo.3,4

Citas y referencias

  1. Embolismo, Enciclopedia Católica, Embolism (1913). 2 3 4 5 6
  2. Libera nos, Enciclopedia Católica, Libera Nos (1913). 2 3 4 5
  3. Capítulo II: La estructura de la Misa, sus elementos y sus partes - III. Las partes individuales de la Misa - C. La liturgia eucarística - La oración del Señor, Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos. Instrucción General del Misal Romano, 81 (2003). 2 3 4 5 6 7 8
  4. Embolismo, Santa Sede. Misal Romano, 1216 (2020). 2 3 4 5 6 7
  5. IV. Para los ritos de comunión, Santa Sede. Misal Romano, 1237 (2020).
  6. El sacerdote reza, Varios autores. Divina Liturgia de San Santiago, XXXVIII.
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