La palabra embolismo procede del griego embolismós, relacionado con la idea de inserción o añadido. En la liturgia, designa una oración que amplía el sentido de otra: el embolismo del Padrenuestro desarrolla, en particular, la última petición de la oración que Jesús enseñó a sus discípulos.1,2
En la misa romana, la petición «líbranos del mal» se prolonga en una súplica por la liberación de todo mal, la paz y la perseverancia en la espera de Cristo. La Instrucción General del Misal Romano explica que el embolismo pide para toda la comunidad de los fieles la liberación del poder del mal.3
La expresión embolismo del Padrenuestro también puede aplicarse a oraciones de otras tradiciones litúrgicas que siguen al Padrenuestro y desarrollan sus últimas peticiones. Aunque comparten esa función general, los textos y las formas de recitarlos varían entre ritos.1,2




