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Encarnizamiento terapéutico

El encarnizamiento terapéutico, también conocido como obstinación terapéutica, se refiere en la doctrina católica a la aplicación desproporcionada de tratamientos médicos intensivos al final de la vida, que prolongan artificialmente la agonía sin ofrecer beneficios reales al paciente. Esta práctica contrasta con el cuidado paliativo proporcionado y la aceptación digna de la muerte natural, según enseña el Magisterio de la Iglesia. Se fundamenta en principios éticos como la proporcionalidad de los medios terapéuticos y el principio de doble efecto, diferenciándose claramente de la eutanasia y el abandono terapéutico. Documentos clave como Samaritanus bonus (2020) del Dicasterio para la Doctrina de la Fe subrayan que renunciar a tales tratamientos no equivale a suicidio ni a provocar la muerte, sino a respetar la condición humana frente al ineludible final de la existencia terrena.1,2

Tabla de contenido

Definición y concepto

El encarnizamiento terapéutico describe aquellas intervenciones médicas que, en fases críticas o terminales de la vida, resultan desproporcionadas o agresivas, es decir, que imponen cargas excesivas al enfermo sin perspectivas razonables de mejora significativa. No se trata de cualquier limitación tecnológica, sino de un uso inadecuado de la medicina moderna que prioriza la mera supervivencia biológica por encima de la dignidad integral de la persona.1

Según la enseñanza católica, cuando la muerte es inminente, el médico debe reconocer los límites de la ciencia y evitar la «obstinación terapéutica», que añade sufrimiento innecesario al paciente.3 Esto implica discernir entre cuidados ordinarios —como hidratación, nutrición o alivio del dolor— y medidas extraordinarias que solo prolongan una existencia precaria y dolorosa.4

La dignidad de la persona humana conlleva el derecho a morir con la mayor serenidad posible y con su dignidad humana y cristiana intacta. Precipitar la muerte o retrasarla mediante «tratamientos médicos agresivos» priva a la muerte de su dignidad debida.1

Este concepto no rechaza el progreso médico, sino que lo orienta hacia el bien integral del enfermo, respetando su vocación a la santidad incluso en el sufrimiento.2

Fundamento teológico y antropológico

La doctrina católica sobre el encarnizamiento terapéutico se ancla en la visión del ser humano como imagen de Dios (imago Dei), creado para la comunión eterna y no para una mera perpetuación biológica.4 La vida terrena es un don precioso, pero no absoluta: su valor supremo reside en su apertura a la vida eterna.5

Cristo, el Buen Samaritano, modela el cuidado al herido en el camino, ofreciendo consuelo y esperanza sin forzar la existencia más allá de lo natural.2 Así, aceptar la muerte no es desesperanza, sino reconocimiento de la condición mortal humana, transformada por la Resurrección en paso hacia la bienaventuranza.6 El Magisterio enfatiza que la muerte pertenece a la vida: negarla artificialmente deshumaniza, mientras que acompañarla dignamente exalta la grandeza del hombre.7

Enseñanza del Magisterio católico

El Magisterio ha desarrollado esta enseñanza a lo largo de décadas, culminando en documentos recientes que clarifican su aplicación en contextos bioéticos complejos.

Samaritanus bonus (2020)

La carta Samaritanus bonus del Dicasterio para la Doctrina de la Fe representa el texto magisterial más completo sobre el cuidado en fases críticas y terminales. Reafirma que es lícito renunciar a tratamientos que solo ofrezcan una prórroga precaria y penosa de la vida, siempre que se mantengan los cuidados básicos para funciones fisiológicas esenciales.1

No es lícito suspender los tratamientos requeridos para el mantenimiento de las funciones fisiológicas esenciales, mientras el cuerpo pueda beneficiarse de ellos (como hidratación, nutrición, termorregulación, soporte respiratorio proporcionado y otras asistencias necesarias para presentar la homeostasis corporal y manejar el dolor sistémico y orgánico).1

El documento advierte contra casos judiciales que han retirado cuidados a pacientes no terminales bajo pretextos de «calidad de vida», insistiendo en que el médico no es mero ejecutor de voluntades, sino guardián de la conciencia moral.1

Documentos previos y papales

Ya en 1999, la Pontificia Academia para la Vida rechazaba la «obstinación terapéutica» al tiempo que pedía evitar el abandono de terapias paliativas, priorizando el respeto a la vida en su fase final.3,8 San Juan Pablo II, en discursos como el de 1985, subrayaba que la ciencia debe curar y asistir, no abdicar ante el dolor mediante eutanasia ni persistir en experimentos riesgosos sin proporción.9

El principio de proporcionalidad aparece en la Comisión Teológica Internacional (2004), que permite abandonar terapias extraordinarias si el daño supera los beneficios, aplicando el doble efecto a analgésicos que alivian sin intencionar la muerte.4 Pío XII y Pablo VI habían aludido a límites éticos en intervenciones médicas.10

Principios éticos fundamentales

Principio de proporcionalidad

La decisión de continuar o suspender tratamientos se evalúa por la proporcionalidad: ¿los beneficios esperados justifican las cargas físicas, psicológicas, económicas y familiares? Si no, la renuncia expresa aceptación de la mortalidad humana, no negligencia.6,1

En tumores o leucemias, por ejemplo, se evitan intervenciones inadecuadas que solo procuren sufrimiento.11

Principio de doble efecto

En paliativos, administrar analgésicos que indirectamente aceleren la muerte es moral si el fin es suprimir el dolor, no causar la muerte.4 Esto distingue el cuidado legítimo del encarnizamiento.

Diferencias con conceptos afines

Con la eutanasia

La eutanasia pretende provocar activamente la muerte para eliminar el sufrimiento, rechazada absolutamente por la Iglesia.8,9 El encarnizamiento, en cambio, es un exceso en la preservación de la vida, no su destrucción intencional.1

Con el abandono terapéutico

El abandono implica retirar cuidados ordinarios por motivos económicos o de comodidad, lo cual es inmoral.8 Frente al encarnizamiento, se exige continuar paliativos proporcionados.3

ConceptoIntenciónAcción moral según la Iglesia
Encarnizamiento terapéuticoProlongar vida biológicaInmoral si desproporcionado1
EutanasiaProvocar muerteSiempre inmoral8
Abandono terapéuticoRetirar cuidados básicosInmoral, evitarlo8
Cuidados paliativos proporcionadosAliviar sufrimientoMoral y obligatoria3

Aplicación práctica en la medicina

En la práctica, el discernimiento involucra al paciente, familia, médicos y capellanes. Directivas anticipadas son válidas si respetan la moral católica, excluyendo eutanasia.1 La Iglesia promueve hospicios y cuidados integrales, centrados en la persona, no en la tecnología.2

Hoy, con avances biomédicos, el riesgo de encarnizamiento aumenta: ventilación mecánica prolongada o quimioterapias fútiles deben evaluarse caso por caso.6 La formación ética de profesionales es crucial para equilibrar esperanza y realismo.7

Conclusión

El encarnizamiento terapéutico invita a una medicina al servicio de la dignidad humana, evitando extremos: ni vitalismo ciego ni relativismo de la vida. Como enseña el Magisterio, el cristiano acompaña al moribundo hacia la Pascua eterna, celebrando la vida hasta su transformación natural.5

Citas

  1. V. La enseñanza del magisterio – 2. La obligación moral de excluir el tratamiento médico agresivo, Congregación para la Doctrina de la Fe. Samaritanus bonus, § V.2. (2020). 2 3 4 5 6 7 8 9 10

  2. Introducción, Congregación para la Doctrina de la Fe. Carta Samaritanus bonus sobre la atención a las personas en fases críticas y terminales de la vida (14 de julio de 2020) (2020). 2 3 4

  3. Academia Pontificia para la Vida. V Asamblea Plenaria 1999, Documento concluyente, § 2 (1999). 2 3 4

  4. Capítulo III en la imagen de Dios: Mayordomos de la creación visible – 3. Responsabilidad por la integridad biológica de los seres humanos, Comisión Teológica Internacional. Comunión y Mayordomía: Personas humanas creadas a imagen de Dios, § 92 (2004). 2 3 4

  5. Andrzej Kuciński. Para Llevar la Grandeza del Hombre: Sobre el mensaje moral‑teológico de un documento reciente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Samaritanus bonus, § 11 (2022). 2

  6. Andrzej Kuciński. Para Llevar la Grandeza del Hombre: Sobre el mensaje moral‑teológico de un documento reciente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Samaritanus bonus, § 12 (2022). 2 3

  7. El núcleo del documento, Andrzej Kuciński. Para Llevar la Grandeza del Hombre: Sobre el mensaje moral‑teológico de un documento reciente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Samaritanus bonus, § 2 (2022). 2

  8. Academia Pontificia para la Vida. V Asamblea Plenaria 1999, Documento concluyente, § 6 (1999). 2 3 4 5

  9. Papa Juan Pablo II. A los participantes del curso internacional sobre Pre‑leucemia humana (15 de noviembre de 1985) – Discurso, § 5. 2

  10. Papa Pablo VI. A los participantes del VI Congreso Internacional de Biología Clínica (8 de octubre de 1966) – Discurso (1966).

  11. Papa Juan Pablo II. A los miembros de la Liga Italiana contra los Tumores (13 de diciembre de 1997) – Discurso (1997).