La salvación
El cristianismo enseña que la salvación procede de Dios y llega al ser humano por Jesucristo. La vida cristiana implica fe, conversión, gracia, caridad y participación en la vida de la Iglesia. El eneagrama espiritual, en cambio, puede presentar el progreso humano como resultado de un conocimiento interior, de una evolución de la conciencia o de la superación técnica de determinados patrones.
La Nueva Era tiende a describir la evolución como un movimiento espiritual inmanente hacia formas superiores de existencia y, en algunos planteamientos, hacia una fusión con lo divino. Esta concepción puede incluir la reencarnación y una visión impersonal o cósmica de la divinidad.
Tales ideas no concuerdan con la fe católica, que distingue entre el Creador y la criatura, afirma la singularidad de la vida humana y centra la salvación en la iniciativa gratuita de Dios.
La gracia
La gracia no constituye una capacidad natural escondida que la persona pueda despertar mediante técnicas. La Congregación para la Doctrina de la Fe recuerda que la gracia tiene al Espíritu Santo como fuente y que debe recibirse de Dios como don. Además, un conocimiento superior no vuelve innecesaria la fe cristiana; el fruto auténtico de la oración aparece siempre unido al amor cristiano.
Por ello, ningún método de autoconocimiento puede presentarse como sustituto de la gracia. El examen personal puede ayudar a reconocer la necesidad de conversión, pero no produce la redención ni comunica por sí mismo la vida divina.
Jesucristo y la vida espiritual
La espiritualidad católica posee un centro personal: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre. La relación con él no consiste en alcanzar una conciencia cósmica ni en descubrir una identidad divina autónoma.
El Consejo Pontificio para el Diálogo Interreligioso afirma que la búsqueda que conduce a la Nueva Era suele expresar un deseo legítimo de espiritualidad profunda, sentido y renovación interior. Pero la respuesta cristiana no consiste en aceptar sin discernimiento sus alternativas religiosas, sino en arraigarse en los fundamentos de la fe y acercarse a Jesucristo, presentado como camino, verdad y plenitud de vida.