La Iglesia considera el servicio a los enfermos como una parte integral de su misión. Esta misión se realiza a través de programas de atención que pueden restaurar, incluso en la enfermedad y el sufrimiento, una profunda conciencia de su existencia a cada paciente. La vulnerabilidad humana, inherente a nuestra naturaleza como unidad de cuerpo y alma, es la base de una ética del cuidado, especialmente en el campo médico. Esta ética se expresa en la preocupación, la dedicación, la participación compartida y la responsabilidad hacia las personas que nos son confiadas para asistencia material y espiritual en su momento de necesidad.
El Rol de los Profesionales de la Salud
Los médicos, enfermeras y demás personal médico tratan con personas en su momento de prueba, cuando tienen una aguda sensación de la fragilidad y precariedad de la vida. Deben recordar siempre que su trabajo se dirige a individuos, personas únicas en quienes la imagen de Dios está presente de manera singular y en quienes Él ha invertido su amor infinito. El servicio de atención médica es un «ministerio terapéutico» y un «servicio a la vida», y los profesionales de la salud deben considerarse colaboradores de Dios, quien, en Jesús, se muestra como el «médico de almas y cuerpos».
La Iglesia aprecia el arduo trabajo de otros en este campo y ofrece su apoyo a las estructuras públicas para responder a las necesidades de una atención integral de la persona. Esta motivación se sustenta en una visión de la salud que no es meramente la ausencia de enfermedad, sino una tensión hacia la plena armonía y un equilibrio saludable a nivel psicológico, espiritual y social.
Los Sacramentos de Curación
La Iglesia ofrece «recursos de curación» a través de la oración y los sacramentos. Los sacramentos de la Penitencia y la Unción de los Enfermos son llamados «sacramentos de curación»,. Estos culminan en la Eucaristía, que es el «viático» para la vida eterna.
Unción de los Enfermos
El sacramento de la Unción de los Enfermos tiene sus raíces bíblicas en la Epístola de Santiago (5:14-15): «¿Está enfermo alguno de vosotros? Llame a los presbíteros de la Iglesia, y oren sobre él, ungiéndole con óleo en el nombre del Señor; y la oración de la fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si ha cometido pecados, le serán perdonados»,. Este sacramento proporciona al enfermo la gracia del Espíritu Santo, por la cual toda la persona es llevada a la salud, se fomenta la confianza en Dios y se da fuerza para resistir las tentaciones del Maligno y la ansiedad por la muerte.
La Unción de los Enfermos es un sacramento de fe, un sacramento para toda la persona, cuerpo y alma. Aporta consuelo y gracia particulares a quienes están cerca de la muerte, preparándolos para afrontar este momento final de la vida terrenal con fe viva en el Salvador Resucitado y firme esperanza en la Resurrección. Es importante recordar que el sacramento no es solo para aquellos que están a punto de morir, sino para cualquiera que esté en peligro de muerte por enfermedad o vejez.
Penitencia y Eucaristía
El sacramento de la Penitencia-Reconciliación es fundamental para la curación espiritual, ya que la enfermedad se ha relacionado históricamente con el pecado. La Eucaristía es la gracia curativa por excelencia que el Señor dio a su Iglesia. Dondequiera que se celebra la Santa Misa, especialmente cuando están presentes personas enfermas y sufrientes, la Iglesia, como comunidad sanadora, encuentra su cumplimiento, se expresa el amor sanador y redentor de Cristo, y se logra la curación al restablecer la comunión con Dios y con los hermanos y hermanas.