La doctrina moral de la Iglesia Católica se asienta sobre pilares fundamentales que le otorgan autoridad y coherencia.
La Revelación y la Tradición
La Sagrada Escritura es la fuente viva y fecunda de la doctrina moral de la Iglesia, especialmente el Evangelio, que es la «fuente de toda verdad salvífica y enseñanza moral»1. Desde los primeros siglos, la Iglesia ha conservado fielmente lo que la Palabra de Dios enseña, tanto sobre las verdades de fe como sobre la acción moral que agrada a Dios1. Este depósito de enseñanza moral cristiana se ha transmitido de generación en generación bajo la guía de los pastores, compuesto por un conjunto de reglas, mandamientos y virtudes que emanan de la fe en Cristo y son animados por la caridad2.
La Tradición, junto con la Escritura, constituye una de las principales fuentes del Catecismo de la Iglesia Católica en lo que respecta a la fe y la moral3. El diálogo entre Jesús y el joven rico, por ejemplo, ha permitido a la Iglesia reunir los elementos esenciales de la Revelación en el Antiguo y Nuevo Testamento sobre la acción moral, incluyendo la subordinación del hombre a Dios, la relación entre el bien moral de los actos humanos y la vida eterna, el discipulado cristiano que abre a la perspectiva del amor perfecto, y el don del Espíritu Santo como fuente de la vida moral de la «nueva creación»1.
La Ley Natural
La ley moral es obra de la sabiduría divina, una instrucción paterna que prescribe los caminos de conducta que conducen a la bienaventuranza prometida y proscribe los caminos del mal que alejan de Dios4. Esta ley divina, confiada a la Iglesia, se enseña a los fieles como el camino de la vida y la verdad5.
La Iglesia, en su doctrina sobre la ley natural, la considera un orden moral objetivo, inscrito en la naturaleza racional del hombre. Este orden es independiente de la ley positiva decretada por el Estado, es estable e inmutable, y vinculante para todos los seres humanos, ya que todos comparten la misma naturaleza humana y están llamados a alcanzar fines éticos6. La ley natural contiene no solo las nociones y principios éticos más generales, sino también un conjunto de normas morales detalladas6.
La autoridad del Magisterio de la Iglesia se extiende a cuestiones morales que caen bajo la ley natural y la razón7. Esto significa que la Iglesia tiene el derecho de hacer pronunciamientos autoritativos sobre asuntos de moralidad y ley natural8. De hecho, la condena de la anticoncepción, por ejemplo, es considerada por la Iglesia como una norma de ley natural, una norma objetiva que emana de la naturaleza, inmutable y obligatoria para todos, no solo para los católicos9.
El Magisterio de la Iglesia
El Magisterio, es decir, la autoridad de enseñanza de los pastores de la Iglesia, tiene un papel crucial en la doctrina moral. Se ejerce ordinariamente en la catequesis y la predicación, con la ayuda de teólogos y autores espirituales2. Su infalibilidad se extiende a todos los elementos de la doctrina, incluida la doctrina moral, sin la cual las verdades salvíficas de la fe no pueden ser preservadas, expuestas u observadas10.
La conciencia de los fieles, aunque informada por la virtud de la prudencia, debe someterse al Magisterio de la Iglesia, cuyo deber es explicar autoritativamente toda la ley moral para que pueda expresar correcta y justamente el orden moral objetivo11. El Magisterio también enseña que existen normas absolutas, que obligan en todo caso y a todas las personas11.
El poder del Magisterio para definir en cuestiones morales se extiende a lo que está contenido en la Revelación, y también a cuestiones que caen bajo la ley natural, incluso tocando las normas concretas de conducta moral derivadas de la ley natural12. La doctrina social de la Iglesia, por ejemplo, no es una ideología, sino la formulación precisa de los resultados de una reflexión cuidadosa sobre las realidades complejas de la existencia humana a la luz de la fe y la tradición de la Iglesia, y pertenece al campo de la teología moral13.
