Enseñar al que no sabe
Enseñar al que no sabe es una de las siete obras de misericordia espirituales de la tradición católica, que consiste en transmitir el conocimiento de la fe cristiana y de la doctrina moral a quienes carecen de él, fomentando su crecimiento espiritual y su adhesión a Cristo. Esta obra, arraigada en el mandato evangélico de proclamar el Evangelio, se manifiesta principalmente a través de la catequesis, un ministerio esencial de la Iglesia que abarca desde la iniciación cristiana hasta la formación permanente de los fieles. En el Magisterio contemporáneo, se enfatiza su urgencia para adultos, niños y alejados de la fe, como medio para renovar la vida cristiana en un mundo secularizado.1,2,3
Tabla de contenido
Las obras de misericordia espirituales
Las obras de misericordia espirituales son acciones concretas recomendadas por la Iglesia para imitar la misericordia divina, atendiendo a las necesidades del alma. Se distinguen de las corporales por su enfoque en el auxilio interior: perdonar, aconsejar, enseñar, etc.
Posición y relación con otras obras
Enseñar al que no sabe ocupa el tercer lugar en la lista tradicional:
Dar consejo al que lo necesita.
Enseñar al que no sabe.
Corrigir al que se equivoca.
Perdonar las injurias.
Rogar a Dios por los vivos y por los difuntos.
Esta enumeración, codificada en el medievo por autores como santo Tomás de Aquino en la Summa Theologicae (II-II, q. 32, a. 1), responde al imperativo de san Mateo: «Sed misericordiosos como vuestro Padre es misericordioso» (Mt 5,48). Enseñar no es solo instruir intelectualmente, sino guiar hacia la conversión y la comunión con Dios, integrándose con la corrección fraterna y el consejo.4
Fundamento bíblico
La Escritura presenta enseñar al que no sabe como un deber profético inherente a la misión de Cristo y de su Iglesia. Jesús, el Maestro divino, envía a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolas […] enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28,19-20). Este mandato bautismal-misionero subraya la enseñanza como prolongación de la predicación inicial del Evangelio.
En el Antiguo Testamento, Dios instruye a su pueblo: «No dejarán de enseñarla a sus hijos» (Dt 6,7), evocando la shema israelita. San Pablo exhorta: «La palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros; enseñaos e instruíos unos a otros con toda sabiduría» (Col 3,16). La parábola del buen samaritano (Lc 10,25-37) extiende la misericordia al auxilio espiritual, mientras que el juicio final (Mt 25,31-46) vincula la salvación con las obras de misericordia.5,6
En la Tradición patrística y medieval
Desde los Padres de la Iglesia, la catequesis —forma primordial de enseñar— se modela en el catecumenado bautismal, un proceso comunitario de iniciación que duraba años, centrado en la Escritura y la conversión. San Cirilo de Jerusalén, en sus Catequesis, describe esta enseñanza mistagógica como revelación progresiva del misterio pascual.
En la Edad Media, el papa Inocencio III (1198-1216) y concilios como el IV de Letrán (1215) impulsaron la predicación dominical para combatir la ignorancia. Santo Tomás de Aquino la eleva a virtud de caridad, argumentando que la ignorancia espiritual es peor que la material, pues impide la unión con Dios.7,8
El Magisterio de la Iglesia
El Magisterio ha desarrollado esta obra con énfasis en la catequesis renovada tras el Concilio Vaticano II, considerado por Pablo VI el «gran catecismo de los tiempos modernos».9
Documentos conciliares y postconciliares
El Directorio Catequístico General (1971) y la exhortación Catechesi Tradendae (1979) de Juan Pablo II definen la catequesis como «educación en la fe […] en forma orgánica y sistemática, para iniciar en la plenitud de la vida cristiana».3 Se dirige no solo a niños, sino prioritariamente a adultos, «forma principal de catequesis» por su responsabilidad en la sociedad.10
Pablo VI en Evangelii Nuntiandi (1975) distingue la proclamación inicial (kerygma) de la catequesis, que madura la fe en bautizados imperfectamente formados o alejados.6 Juan Pablo II, en el Jubileo de Catequistas (2000), celebra la abundancia de documentos como el Catecismo de la Iglesia Católica (1992), fruto del Sínodo de 1985.7,9
Magisterio reciente
Francisco, en Evangelii Gaudium (2013), vincula catequesis al kerygma y la mistagogia, servicio al crecimiento en la fe.1 Praedicate Evangelium (2022) crea la Sección para cuestiones fundamentales de evangelización, competente en catequesis para bautizados, buscadores y alejados, vigilando la ortodoxia doctrinal.2
Juan Pablo II en Redemptor Hominis (1979) y Evangelium Vitae (1995) urge a pastores, catequistas y laicos a enseñar incansablemente la verdad, especialmente sobre vida humana.11,12
La catequesis como expresión privilegiada
Enseñar al que no sabe se realiza principalmente mediante la catequesis, que «revela en la persona de Cristo todo el designio eterno de Dios». Centrada en Jesús, busca comunión trinitaria.4 Abarca:
Niños y jóvenes: Formación sacramental.
Adultos: Prioridad por su influencia social; catequesis permanente.10
Alejados o no bautizados: Reavivar fe o preparar conversión.5
Comunitaria: Responsabilidad de toda la Iglesia, no solo clérigos.8,11
El Catecismo (n. 2688) integra enseñanza con oración y lectio divina.13
| Público objetivo | Finalidad principal | Documentos clave |
|---|---|---|
| Bautizados en vida cristiana diaria | Profundizar fundamentos | Praedicate Evangelium, Art. 582 |
| Fieles con fe incompleta | Madurar adhesión a Cristo | Catechesi Tradendae, 195 |
| Alejados de la fe | Reavivar o convertir | Evangelii Nuntiandi, 526 |
| Adultos | Formar responsables sociales | Catechesi Tradendae, 4310 |
Cómo practicarla en la vida cotidiana
Practicar esta obra requiere disposición caritativa:
En familia: Padres como primeros catequistas (cf. Gravissimum Educationis, Vaticano II).
Parroquias: Clases, grupos bíblicos, retiros.
Laicos: Compartir fe en trabajo, redes sociales, con vecinos.
Desafíos modernos: Secularismo, analfabetismo religioso; usar lenguaje accesible, multimedia.
Santos ejemplares: San Juan Bosco, padre de la juventud; santa Catalina de Siena, doctora que instruyó a papas; catequistas mártires en misiones.14
Importancia en la era contemporánea
En un mundo de «de-cristianización», enseñar es urgente para contrarrestar ignorancia y prejuicios.5 La Iglesia, como «responsable de la verdad», forma discípulos mediante catequesis profética.11 Frente a crisis éticas, catequistas deben proclamar sin compromisos el Evangelio de la vida.12
Conclusión
Enseñar al que no sabe no es opción, sino mandato misericordioso que edifica la Iglesia y transforma sociedades. Renovada por el Magisterio, invita a todos —obispos, sacerdotes, laicos— a ser «embajadores de Cristo» en la enseñanza fiel.14 Así, se cumple la visión de una Iglesia en salida, catequizando para la eternidad.
Citas
Capítulo III: La proclamación del evangelio - IV. Evangelización y la comprensión más profunda del kerygma - Catequesis kerygmática y mistagógica, Papa Francisco. Evangelii Gaudium, § 163. ↩ ↩2
V. Dicasterios - Sección de cuestiones fundamentales sobre la evangelización en el mundo - Art. 58, Papa Francisco. Praedicate Evangelium, §Art. 58 (2022). ↩ ↩2 ↩3
II. Transmisión de la fe: Catequesis, Catecismo de la Iglesia Católica, § 5 (1992). ↩ ↩2
Sección dos I. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 426 (1992). ↩ ↩2
III. Catequesis en la actividad pastoral y misionera de la Iglesia - Catequesis y la proclamación inicial del evangelio, Papa Juan Pablo II. Catechesi Tradendae, § 19. ↩ ↩2 ↩3 ↩4
Papa Pablo VI. Evangelii Nuntiandi, § 52 (1975). ↩ ↩2 ↩3
Papa Juan Pablo II. 10 de diciembre de 2000: Jubileo de los catequistas - Homilía, § 5 (2000). ↩ ↩2
Catequesis como responsabilidad de toda la comunidad cristiana, Pamela Jackson. El catecumenado bautismal como modelo para la catequesis, § 19 (2005). ↩ ↩2
II. Transmisión de la fe: Catequesis, Catecismo de la Iglesia Católica, § 10 (1992). ↩ ↩2
V. Todos deben ser catequizados - Adultos, Papa Juan Pablo II. Catechesi Tradendae, § 43. ↩ ↩2 ↩3
IV. La misión de la Iglesia y el destino del hombre - 19. La Iglesia como responsable de la verdad, Papa Juan Pablo II. Redemptor Hominis, § 19 (1979). ↩ ↩2 ↩3
Capítulo IV - Lo hiciste por mí - Por una nueva cultura de la vida humana - «Lo que hemos visto y oído, también lo proclamamos a vosotros» (1 Juan 1:3): Proclamar el evangelio de la vida, Papa Juan Pablo II. Evangelium Vitae, § 82 (1995). ↩ ↩2
Sección uno - Oración en la vida cristiana, Catecismo de la Iglesia Católica, § 2688 (1992). ↩
Sobre la verdad, la unidad y la paz, en un espíritu de caridad - IV - Embajadores de Cristo, Papa Juan XXIII. Ad Petri Cathedram, § 110 (1959). ↩ ↩2
