La enciclopedia católica en español

Eparquía de Amadiya y Zaku

La Eparquía de Amadiya y Zaku es una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica caldea, integrada en la tradición siríaca oriental y vinculada al Patriarcado de Babilonia de los Caldeos. Su territorio histórico corresponde a una parte del Kurdistán iraquí septentrional, en torno a las ciudades de Amadiya -también llamada Amedi- y Zaku -Zakho-. La historia de esta eparquía refleja la continuidad de antiguas comunidades cristianas de Mesopotamia, las reorganizaciones de la jerarquía caldea entre los siglos XVIII y XX y la profunda transformación demográfica provocada por las guerras, las persecuciones y la emigración contemporánea.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEparquía de Amadiya y Zaku
CategoríaOrganización religiosa
DescripciónCircunscripción eclesiástica de la Iglesia católica caldea que refleja la continuidad de antiguas comunidades cristianas de Mesopotamia, reorganizaciones jerárquicas entre los siglos XVIII y XX y transformaciones demográficas por guerras, persecuciones y emigración.
Autoridad EclesiásticaPatriarcado de Babilonia de los Caldeos
Contexto HistóricoFormada dentro del territorio histórico del Kurdistán iraquí, vinculada al Patriarcado de Babilonia de los Caldeos, sufrió reorganizaciones bajo el Imperio otomano, el Estado iraquí y conflictos recientes.
Importancia HistóricaConserva la memoria de antiguas sedes cristianas mesopotámicas, muestra la evolución de la Iglesia caldea y la crisis demográfica contemporánea del cristianismo iraquí.
PaísIrak
TipoDiócesis, Eparquía, Iglesia católica caldea, Kurdistán iraquí septentrional
UbicaciónAmadiya, Zaku

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza eclesiástica

La denominación Amadiya y Zaku reúne dos sedes históricas de la Iglesia caldea:

  • Amadiya, centro episcopal situado en la región montañosa del norte del actual Irak.
  • Zaku, ciudad próxima a la frontera turca y núcleo histórico de comunidades caldeas.

La palabra eparquía designa, en las Iglesias católicas orientales, una circunscripción equivalente a una diócesis de la Iglesia latina. El obispo eparquial ejerce la jurisdicción pastoral sobre los fieles, parroquias, clero y demás instituciones católicas orientales de su territorio.

La eparquía pertenece a la Iglesia católica caldea, que conserva la liturgia, la espiritualidad y el patrimonio canónico propios de la tradición siríaca oriental, en comunión con el obispo de Roma. La Iglesia caldea procede de una parte de la antigua Iglesia de Oriente que restableció progresivamente la comunión con la Santa Sede desde el siglo XVI y que recibió una organización patriarcal estable en el siglo XIX.1

Territorio histórico

El territorio de Amadiya y Zaku forma parte de la zona montañosa del Kurdistán, caracterizada por valles profundos, pasos naturales y asentamientos rurales dispersos. La población cristiana vivía tradicionalmente tanto en núcleos urbanos como en aldeas de difícil acceso, donde la parroquia constituía el principal centro religioso, educativo y comunitario.

La región albergó comunidades de distintas tradiciones cristianas orientales. Junto a los caldeos católicos existieron grupos vinculados a la Iglesia de Oriente y comunidades siríacas no católicas. La presencia de cristianos no coincidía, por tanto, con los límites de una única jurisdicción episcopal. La historia de la jerarquía caldea debe distinguirse de la historia más amplia del cristianismo local, que incluye fieles y clero pertenecientes a varias Iglesias.

Amadiya desempeñó una función administrativa y militar en la organización otomana del norte de Mesopotamia. A comienzos del siglo XX, la ciudad tenía una población mayoritariamente kurda musulmana, junto con grupos judíos y cristianos caldeos. La antigua descripción eclesiástica atribuía a la diócesis de Amadiya catorce parroquias, dieciséis iglesias, trece sacerdotes y varias escuelas católicas. Estas cifras pertenecen al contexto de finales del siglo XIX y comienzos del XX y no representan la situación actual.2

Zaku, por su parte, se encontraba en el valle del Pequeño Jabur y constituía otro centro relevante de población caldea. La antigua diócesis comprendía parroquias y estaciones pastorales repartidas por el territorio, con iglesias y capillas destinadas a comunidades urbanas y rurales.3

Antecedentes antiguos

La antigua sede de Maalta

La tradición histórica relaciona Zaku con la antigua diócesis de Maalta, vinculada a la provincia eclesiástica de Adiabene o Arbela. La región formaba parte del amplio espacio cristiano de la Mesopotamia septentrional, donde la tradición siríaca oriental desarrolló una red de obispados, monasterios y comunidades desde la Antigüedad tardía.

Los testimonios históricos conservan nombres de obispos asociados a la antigua sede entre los siglos V y VII. La organización eclesiástica de aquel periodo no coincide exactamente con las fronteras de las diócesis caldeas modernas, pero proporciona el marco histórico de continuidad cristiana en la zona de Zaku y Amadiya.3

La tradición de la Iglesia de Oriente

Durante muchos siglos, la población cristiana de la región perteneció principalmente a la tradición de la Iglesia de Oriente. Esta Iglesia utilizaba el siríaco oriental como lengua litúrgica y desarrolló una intensa vida monástica y misionera en Mesopotamia, Persia y Asia central.

La posterior formación de la Iglesia católica caldea no consistió en la creación de una comunidad completamente nueva, sino en un largo proceso de comunión con Roma dentro de la tradición cristiana oriental existente. En 1552, varios obispos de la Iglesia de Oriente eligieron a Juan Sulāqā como patriarca en oposición a la transmisión hereditaria del patriarcado. Sulāqā viajó a Roma y el papa Julio III reconoció su elección en 1553. Sus sucesores mantuvieron durante un tiempo la comunión con la Santa Sede, aunque las dificultades políticas y geográficas provocaron rupturas y reorganizaciones posteriores.1

Formación de las diócesis caldeas

Reagrupación y división de las sedes

Antes de la configuración moderna, las comunidades caldeas de Amadiya, Zaku y Akra estuvieron relacionadas dentro de estructuras episcopales más amplias. Durante la primera mitad del siglo XIX, la provincia eclesiástica fue reorganizada y dividida en varias diócesis. La antigua circunscripción común quedó diferenciada en las sedes de Amadiya, Zaku y Akra-Zibar.3

Zaku adquirió personalidad diocesana propia en 1859. La creación de la diócesis respondía a la necesidad de atender de manera más estable a las comunidades cristianas dispersas en el norte de Mesopotamia y de adaptar la administración eclesiástica a la realidad política y geográfica de la época otomana.3

Amadiya conservó una trayectoria episcopal diferenciada. En 1895, la diócesis de Amadiya quedó unida provisionalmente a la de Akra. El obispo podía residir en Amadiya, Akra o Araden, según las necesidades pastorales y las circunstancias locales. Esta modalidad refleja la movilidad de los obispos caldeos en una región donde las comunidades estaban muy dispersas y las comunicaciones resultaban difíciles.2

El obispo José Audo

Amadiya estuvo vinculada a la figura de José Audo, obispo caldeo que más tarde fue elegido patriarca de Babilonia de los Caldeos con el nombre de José VI. El papa Pío IX recordó su trayectoria en la carta apostólica Quae in patriarchatu, publicada en 1872.

José Audo había ejercido como obispo de Amadiya antes de asumir responsabilidades mayores en el Patriarcado caldeo. Durante la vacante patriarcal, actuó como vicario apostólico y posteriormente recibió la confirmación pontificia de su elección patriarcal en 1848. Su trayectoria muestra la importancia de las sedes del Kurdistán en la formación del episcopado y del patriarcado caldeos del siglo XIX.4

La Iglesia caldea y la comunión con Roma

La consolidación de la Iglesia católica caldea estuvo estrechamente relacionada con la reorganización del patriarcado en el siglo XIX. En 1830, Juan Hormizd fue reconocido como patriarca católico de Babilonia de los Caldeos, después de un prolongado periodo de divisiones, conflictos sucesorios y dificultades de comunicación entre las comunidades orientales y la Santa Sede.1

La incorporación de comunidades y obispos de la antigua Iglesia de Oriente a la comunión católica no eliminó sus rasgos orientales. La Iglesia caldea mantuvo su liturgia propia, su espiritualidad siríaca, su patrimonio monástico y su disciplina eclesiástica oriental. La comunión con Roma quedó integrada dentro de una identidad eclesial autónoma en materia litúrgica y administrativa.

En el norte de Mesopotamia, las misiones católicas contribuyeron a la educación y a la formación del clero. Los dominicos establecidos en Mosul participaron durante siglos en la actividad pastoral, educativa y cultural entre las comunidades caldeas, siríacas y armenias. La misión de Mosul llegó a desarrollar escuelas, seminarios, imprentas y estaciones pastorales en un amplio territorio que incluía Kurdistán.5

Organización pastoral en los siglos XIX y XX

Las diócesis caldeas de Amadiya y Zaku no consistían únicamente en la población cristiana de las ciudades que daban nombre a las sedes. Su territorio incluía aldeas y estaciones pastorales situadas en zonas montañosas. El obispo y los sacerdotes visitaban comunidades que carecían de residencia permanente del clero.

A comienzos del siglo XX, la diócesis de Amadiya contaba con una red de parroquias, iglesias y escuelas. Los registros de la época ofrecen cifras diferentes, debido a que cada relación utilizaba criterios distintos: algunas contaban personas, otras familias, parroquias, estaciones o comunidades atendidas. Para Amadiya aparecen estimaciones de entre dos mil y tres mil católicos, mientras que para Akra las cifras oscilan según el año y el método de recuento.2

La diócesis de Zaku también disponía de varias parroquias o estaciones, iglesias y capillas, junto con sacerdotes residentes y religiosos de la Congregación de San Hormisdas de los Caldeos. La organización pastoral combinaba el clero diocesano con la vida religiosa y dependía en gran medida de las instituciones caldeas de Mosul y de los monasterios de la región.3

Las escuelas desempeñaron una función decisiva. Además de transmitir la catequesis, enseñaban lectura, escritura y lenguas de uso local. La educación católica ayudó a conservar la identidad caldea en un entorno social plural y a preparar candidatos para el sacerdocio y para el servicio comunitario.

Reorganizaciones eclesiásticas del siglo XX

La historia contemporánea de la jurisdicción no puede reducirse a la continuidad administrativa de las antiguas diócesis. Las transformaciones políticas posteriores a la desaparición del Imperio otomano, la creación del Estado iraquí, los conflictos regionales y el desplazamiento de la población cristiana modificaron profundamente la relación entre las sedes episcopales y sus comunidades.

En 1961, la Santa Sede erigió la diócesis caldea de Mosul, denominada en latín Mausiliensis Chaldaeorum, a partir de territorio separado de la diócesis patriarcal de Babilonia de los Caldeos. La nueva circunscripción comprendía Mosul, Tel Afar, Sinyar y Al Hadr, y limitaba al norte con las jurisdicciones de Zaku, Alqosh y Akra. El decreto estableció Mosul como sede episcopal y elevó la iglesia de Santa Meskinta a catedral.6

Esta reorganización muestra que las fronteras de Amadiya y Zaku formaban parte de un sistema episcopal más amplio, sujeto a modificaciones conforme cambiaban las necesidades pastorales y la distribución de los fieles. La estructura territorial de la Iglesia caldea no permaneció estática durante el siglo XX.

Situación demográfica y pastoral contemporánea

Transformación de la población cristiana

La población cristiana del Kurdistán iraquí experimentó una fuerte reducción durante los siglos XX y XXI. Las causas incluyen la emigración económica, los conflictos armados, la inestabilidad política, la discriminación, los desplazamientos forzosos y la violencia ejercida por grupos extremistas.

Después de la invasión de Irak de 2003, numerosas comunidades cristianas sufrieron ataques, intimidación y exclusión social. La expansión del Estado Islámico provocó nuevos desplazamientos masivos, especialmente desde Mosul y la llanura de Nínive. Muchos cristianos buscaron refugio en el Kurdistán iraquí, mientras que otros emigraron a Turquía, Jordania, Líbano, Europa, Australia y América del Norte. La población cristiana iraquí disminuyó de manera drástica como consecuencia de estas crisis.7

La presencia de cristianos en la región actual no coincide con la extensión histórica de las diócesis. Algunas aldeas que contaban con comunidades caldeas numerosas han perdido buena parte de sus habitantes. Otras conservan iglesias, cementerios y lugares de culto, pero reciben atención sacerdotal intermitente. En determinados casos, los fieles desplazados regresan durante las fiestas litúrgicas, aunque residen habitualmente en ciudades mayores o fuera de Irak.

El Kurdistán iraquí

El Kurdistán iraquí conserva importantes núcleos cristianos, aunque su peso demográfico resulta muy inferior al de épocas anteriores. Erbil, Ankawa, Duhok y otras localidades han acogido a familias cristianas desplazadas desde Mosul, Nínive y las zonas fronterizas. Ankawa se ha convertido en uno de los principales centros de la vida caldea contemporánea, con parroquias, instituciones educativas, seminarios, organizaciones caritativas y servicios destinados a desplazados.

La pastoral actual afronta varias dificultades:

  • Dispersión de los fieles entre ciudades, aldeas y países de emigración.
  • Escasez de sacerdotes para atender comunidades rurales.
  • Emigración de jóvenes y familias.
  • Necesidad de reconstruir iglesias, viviendas y escuelas.
  • Debilitamiento del uso cotidiano del arameo y del siríaco.
  • Atención a familias desplazadas y víctimas de la violencia.
  • Cooperación con otras Iglesias cristianas orientales.

La pastoral caldea procura mantener la vida sacramental, la catequesis, la formación de la juventud y la ayuda social. Las parroquias desempeñan una función que supera el culto litúrgico: sirven como espacios de asistencia, educación, preservación cultural y acompañamiento de las familias desplazadas.

Datos estadísticos

Las cifras antiguas de Amadiya y Zaku no pueden utilizarse como indicadores de la situación actual. Los recuentos de los siglos XIX y comienzos del XX reflejan una estructura rural y parroquial que las guerras y las migraciones transformaron profundamente.

Para Irak, el dato disponible del Anuario Pontificio correspondiente a 2024 registra 62 católicos. Esta cifra debe interpretarse con cautela porque aparece como un dato general de la circunscripción o del registro utilizado y no ofrece por sí misma una descripción completa de la población caldea del Kurdistán iraquí ni de la totalidad de los fieles vinculados a la eparquía.

Por ese motivo, las cifras históricas de varios miles de católicos atribuidas a Amadiya o Zaku deben presentarse únicamente como datos de su época. No representan el número actual de habitantes, familias o practicantes de la jurisdicción.

Identidad litúrgica y cultural

La Eparquía de Amadiya y Zaku pertenece al rito caldeo, expresión católica de la tradición litúrgica siríaca oriental. La liturgia utiliza el siríaco oriental junto con las lenguas habladas por las comunidades locales. El calendario incluye las celebraciones propias de la tradición caldea y la memoria de santos vinculados a la evangelización de Mesopotamia.

La identidad de los fieles se articula alrededor de varios elementos:

  • La comunión con el Patriarcado de Babilonia de los Caldeos y con la Santa Sede.
  • La celebración de la liturgia caldea.
  • La memoria de las antiguas comunidades de Mesopotamia.
  • El uso religioso y cultural del arameo y del siríaco.
  • La veneración de los santos y mártires de la tradición oriental.
  • La pertenencia a parroquias y aldeas históricas.
  • La solidaridad entre las comunidades residentes y las comunidades emigradas.

La preservación de esta identidad constituye una cuestión pastoral central. La emigración puede debilitar la vida parroquial local, pero también ha creado comunidades caldeas en numerosos países. Estas comunidades mantienen vínculos con las sedes históricas mediante peregrinaciones, ayuda económica, proyectos de reconstrucción y apoyo a la formación sacerdotal.

Relación con otras comunidades cristianas

El territorio histórico de Amadiya y Zaku ha acogido comunidades de diversas Iglesias orientales. Los caldeos católicos convivieron con cristianos pertenecientes a la Iglesia de Oriente y con comunidades siríacas no católicas. La terminología histórica utilizada en los documentos antiguos no siempre coincide con la terminología actual y a menudo refleja categorías propias de la época.

La existencia de varias Iglesias cristianas en el Kurdistán exige distinguir cuidadosamente entre:

  • Iglesia católica caldea, en comunión con Roma.
  • Iglesia asiria de Oriente, heredera de una de las ramas históricas de la antigua Iglesia de Oriente.
  • Iglesias ortodoxas orientales, entre ellas la Iglesia siríaca ortodoxa.
  • Iglesias católicas de otras tradiciones, como la siríaca católica y la armenia católica.

Durante el siglo XX y comienzos del XXI, la emigración y la reducción demográfica han favorecido una cooperación más estrecha entre estas comunidades. La Comisión Mixta Asirio-Caldea, creada en 1997, trabaja por la unidad y la colaboración entre las dos ramas principales de la tradición eclesial de Oriente.1

Importancia histórica

La Eparquía de Amadiya y Zaku posee importancia por varios motivos:

  1. Conserva la memoria de antiguas sedes cristianas mesopotámicas, vinculadas a la tradición de Adiabene y a la diócesis de Maalta.
  2. Representa la evolución de la Iglesia caldea, desde las primeras uniones con Roma hasta la consolidación del Patriarcado de Babilonia de los Caldeos.
  3. Muestra la función de los obispos del Kurdistán en la reorganización de la jerarquía caldea del siglo XIX.
  4. Refleja la dimensión rural y comunitaria del cristianismo oriental, organizado en aldeas, monasterios, escuelas y parroquias dispersas.
  5. Permite comprender la crisis contemporánea de los cristianos iraquíes, cuya reducción demográfica ha alterado radicalmente la vida de las antiguas diócesis.

La historia de la eparquía no equivale únicamente a la sucesión de sus obispos ni a los cambios de sus límites territoriales. También incluye la continuidad de las familias, las aldeas, las iglesias, los monasterios, las escuelas y las comunidades que conservaron la tradición caldea en un contexto político y religioso cambiante.

Valoración histórica

La Eparquía de Amadiya y Zaku forma parte del patrimonio vivo del cristianismo oriental. Sus instituciones han atravesado divisiones eclesiales, cambios de soberanía, persecuciones, guerras y desplazamientos. La reducción de la población cristiana no ha borrado la importancia de la sede ni de las comunidades que todavía mantienen la tradición caldea en el Kurdistán iraquí.

Su historia exige evitar dos errores opuestos: presentar las antiguas cifras de fieles como si fueran actuales o considerar desaparecida una comunidad cuya vida continúa, aunque con menor población y en condiciones pastorales distintas. La eparquía conserva su significado como expresión de la presencia católica caldea en una región donde el cristianismo cuenta con raíces anteriores a la formación de los Estados modernos.

La realidad contemporánea combina fragilidad demográfica, dispersión territorial y continuidad religiosa. Parroquias, familias desplazadas, comunidades emigradas y centros pastorales del Kurdistán participan conjuntamente en la preservación de una tradición cristiana mesopotámica que permanece vinculada a la comunión católica y a la identidad caldea.

Citas y referencias

  1. Iglesia católica caldea, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia católica caldea (2015). 2 3 4
  2. Amadia y Akra. Enciclopedia Católica, Amadia y Akra (1913). 2 3
  3. Zakho. Enciclopedia Católica, Zakho (1913). 2 3 4 5
  4. Papa Pío IX. Quae In Patriarchatu, 1 (1872).
  5. Mossul. Enciclopedia Católica, Mossul (1913).
  6. II babylonensis chaldaeorum (mausiliensis chaldaeorum), Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Número 9-11, 1961, 127 (1961).
  7. Contexto, Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Documento informativo sobre los cristianos del Oriente Medio (septiembre 2017), 1 (2017).
Modificado el 15 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.53Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/w5rg8vcs0

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →