Transformación de la población cristiana
La población cristiana del Kurdistán iraquí experimentó una fuerte reducción durante los siglos XX y XXI. Las causas incluyen la emigración económica, los conflictos armados, la inestabilidad política, la discriminación, los desplazamientos forzosos y la violencia ejercida por grupos extremistas.
Después de la invasión de Irak de 2003, numerosas comunidades cristianas sufrieron ataques, intimidación y exclusión social. La expansión del Estado Islámico provocó nuevos desplazamientos masivos, especialmente desde Mosul y la llanura de Nínive. Muchos cristianos buscaron refugio en el Kurdistán iraquí, mientras que otros emigraron a Turquía, Jordania, Líbano, Europa, Australia y América del Norte. La población cristiana iraquí disminuyó de manera drástica como consecuencia de estas crisis.
La presencia de cristianos en la región actual no coincide con la extensión histórica de las diócesis. Algunas aldeas que contaban con comunidades caldeas numerosas han perdido buena parte de sus habitantes. Otras conservan iglesias, cementerios y lugares de culto, pero reciben atención sacerdotal intermitente. En determinados casos, los fieles desplazados regresan durante las fiestas litúrgicas, aunque residen habitualmente en ciudades mayores o fuera de Irak.
El Kurdistán iraquí
El Kurdistán iraquí conserva importantes núcleos cristianos, aunque su peso demográfico resulta muy inferior al de épocas anteriores. Erbil, Ankawa, Duhok y otras localidades han acogido a familias cristianas desplazadas desde Mosul, Nínive y las zonas fronterizas. Ankawa se ha convertido en uno de los principales centros de la vida caldea contemporánea, con parroquias, instituciones educativas, seminarios, organizaciones caritativas y servicios destinados a desplazados.
La pastoral actual afronta varias dificultades:
- Dispersión de los fieles entre ciudades, aldeas y países de emigración.
- Escasez de sacerdotes para atender comunidades rurales.
- Emigración de jóvenes y familias.
- Necesidad de reconstruir iglesias, viviendas y escuelas.
- Debilitamiento del uso cotidiano del arameo y del siríaco.
- Atención a familias desplazadas y víctimas de la violencia.
- Cooperación con otras Iglesias cristianas orientales.
La pastoral caldea procura mantener la vida sacramental, la catequesis, la formación de la juventud y la ayuda social. Las parroquias desempeñan una función que supera el culto litúrgico: sirven como espacios de asistencia, educación, preservación cultural y acompañamiento de las familias desplazadas.
Datos estadísticos
Las cifras antiguas de Amadiya y Zaku no pueden utilizarse como indicadores de la situación actual. Los recuentos de los siglos XIX y comienzos del XX reflejan una estructura rural y parroquial que las guerras y las migraciones transformaron profundamente.
Para Irak, el dato disponible del Anuario Pontificio correspondiente a 2024 registra 62 católicos. Esta cifra debe interpretarse con cautela porque aparece como un dato general de la circunscripción o del registro utilizado y no ofrece por sí misma una descripción completa de la población caldea del Kurdistán iraquí ni de la totalidad de los fieles vinculados a la eparquía.
Por ese motivo, las cifras históricas de varios miles de católicos atribuidas a Amadiya o Zaku deben presentarse únicamente como datos de su época. No representan el número actual de habitantes, familias o practicantes de la jurisdicción.