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Eparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego

La Eparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego es una circunscripción eclesiástica de la Iglesia católica caldea en los Estados Unidos. Pertenece a la tradición litúrgica caldea, mantiene su sede episcopal en la ciudad de San Diego, California, y tiene como iglesia catedral la Catedral Católica Caldea de San Pedro Apóstol. La Santa Sede erigió la eparquía el 21 de mayo de 2002 para atender pastoralmente a los fieles caldeos de la diáspora en el ámbito confiado a esta Iglesia particular.

Saint Peter Chaldean Catholic Church
Ver información de la imagenCatedral caldea en Rancho San Diego, California, c. 2026. Original, RightCowLeftCoast, CC BY 4.0 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego
CategoríaOrganización religiosa
Nombre CompletoEparchia Sancti Petri Apostoli urbis Sancti Didaci Chaldaeorum
Cargo EclesiásticoObispo eparquial
Fecha de Fundación2002-05-21
Autoridad EclesiásticaSanta Sede
Fecha de Instalación9 de agosto de 2017
TipoDiócesis, Eparquía, Caldea
UbicaciónSan Diego, California, Estados Unidos

Tabla de contenido

Denominación y naturaleza canónica

El nombre latino de la circunscripción es Eparchia Sancti Petri Apostoli urbis Sancti Didaci Chaldaeorum. En español recibe el nombre de Eparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego, aunque también aparece como Eparquía caldea de San Pedro el Apóstol en San Diego.

La palabra eparquía designa, en las Iglesias católicas orientales, una circunscripción equivalente a una diócesis latina. Su obispo gobierna una Iglesia particular con clero, parroquias, instituciones y fieles propios, de acuerdo con el derecho común de las Iglesias orientales católicas y con las normas específicas de la Iglesia caldea.

La eparquía forma parte de la Iglesia católica caldea, una de las Iglesias orientales católicas sui iuris-es decir, dotadas de autonomía propia dentro de la comunión católica-. La Iglesia caldea conserva su patrimonio teológico, espiritual, disciplinar y litúrgico, al tiempo que reconoce la autoridad del papa y permanece en plena comunión con la Iglesia católica.1,2

Sede episcopal y catedral

La sede episcopal de la eparquía está situada en San Diego, ciudad del estado de California. La sede episcopal identifica el lugar desde el que el obispo ejerce ordinariamente su ministerio y administra la circunscripción eclesiástica.

La catedral, en cambio, es la iglesia en la que se encuentra la cátedra del obispo. En este caso, la iglesia catedral es la Catedral Católica Caldea de San Pedro Apóstol, ubicada también en San Diego. Por tanto, la sede de la eparquía y la ciudad donde se encuentra la catedral coinciden, aunque ambos conceptos no son idénticos: la primera expresa la localización institucional del gobierno episcopal y la segunda designa el templo principal de la eparquía.

La advocación de san Pedro Apóstol vincula la Iglesia particular con la figura del apóstol considerado fundamento visible de la unidad de la Iglesia y con el ministerio universal del sucesor de Pedro. En la tradición caldea, la identidad propia de la eparquía no deriva del rito latino, sino de su pertenencia a una Iglesia oriental católica con patrimonio apostólico y litúrgico propio.

Erección de la eparquía

La Santa Sede erigió la Eparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego el 21 de mayo de 2002. La creación de esta circunscripción respondió al crecimiento de las comunidades caldeas en los Estados Unidos y a la necesidad de ofrecerles una atención pastoral estable conforme a su tradición oriental.

La erección eparquial permitió organizar de manera más precisa la vida de los fieles caldeos: celebración de la liturgia según el rito caldeo, formación catequética, acompañamiento de las familias, atención a los inmigrantes y transmisión de la lengua y de las tradiciones propias de la comunidad.

La estructura eparquial también expresa la responsabilidad de la Santa Sede hacia los católicos orientales que viven fuera de los territorios históricos de sus Iglesias. Juan Pablo II reconoció que la emigración había debilitado las comunidades caldeas de Oriente y afirmó que el futuro de la Iglesia caldea dependía también de la diáspora. El pontífice pidió a la Santa Sede y a las Iglesias particulares que ayudaran a responder a las necesidades pastorales de los fieles caldeos dispersos por distintos países.3

La Iglesia católica caldea

Origen histórico

La Iglesia caldea procede de la antigua Iglesia de Oriente, cuya expansión alcanzó Mesopotamia, Persia, la India y, durante determinados periodos, regiones de Asia central y China. La historia de esta tradición cristiana estuvo marcada por su distancia geográfica respecto de los principales centros de la cristiandad mediterránea y por las transformaciones políticas que afectaron a Persia y Mesopotamia.4

En el siglo XVI, un grupo de obispos de la Iglesia de Oriente eligió a Juan Sulāqā, superior del monasterio de Rabban Hormizd, como patriarca. Sulāqā viajó a Roma y presentó su profesión de fe al papa Julio III. El pontífice lo reconoció en 1553 como patriarca de la Iglesia de Oriente en comunión con Roma. Aunque Sulāqā fue encarcelado y asesinado en 1555, cinco obispos consagrados por él mantuvieron la línea católica.1

Las relaciones entre los patriarcas caldeos y Roma atravesaron posteriormente periodos de dificultad. La distancia, la persecución y la compleja situación política del Imperio otomano obstaculizaron la comunicación con la Santa Sede. En 1830, Roma reconoció a Juan Hormizd como patriarca católico de Babilonia de los Caldeos, consolidando la estructura contemporánea de la Iglesia católica caldea.1

Patrimonio litúrgico

La Iglesia caldea pertenece a la tradición litúrgica antioquena y mesopotámica de raíz siriaca oriental. Su celebración eucarística emplea formularios propios, entre ellos la anáfora de Addai y Mari, una de las plegarias eucarísticas más antiguas de la tradición cristiana. La Iglesia católica reconoció la validez de esta anáfora incluso en su forma tradicional, que no contiene de manera explícita un relato de la institución eucarística separado como ocurre en otras plegarias eucarísticas.5

La liturgia caldea conserva el empleo de lenguas y expresiones procedentes del siriaco, junto con las lenguas vernáculas utilizadas por las comunidades de la diáspora. Esta riqueza litúrgica constituye un elemento fundamental de la identidad eclesial de los caldeos en San Diego.

Migración caldea y formación de la comunidad en los Estados Unidos

Primeras comunidades caldeas

La presencia caldea en los Estados Unidos comenzó de forma modesta. A comienzos del siglo XX, los católicos caldeos eran todavía pocos y vivían principalmente en la costa oriental, especialmente en Nueva York y sus alrededores. Algunas comunidades recibían la atención de sacerdotes procedentes de las diócesis caldeas de Oriente, mientras que otros sacerdotes desempeñaban funciones misioneras itinerantes.4

La reducida presencia inicial no reflejaba la importancia histórica de la tradición caldea, sino las dificultades de la emigración, la escasez de clero y la dispersión geográfica de los fieles. Con el paso del tiempo, nuevas oleadas migratorias transformaron profundamente el panorama.

Conflictos y desplazamientos desde Mesopotamia

Las comunidades caldeas sufrieron de manera particular las convulsiones políticas y militares de Oriente Próximo. Durante la Primera Guerra Mundial, las deportaciones y matanzas perpetradas en el Imperio otomano provocaron la muerte de una parte significativa de las poblaciones cristianas asirio-caldeas y obligaron a numerosos supervivientes a abandonar sus localidades de origen.6

Durante el siglo XX, la inestabilidad política de Iraq, las guerras, las sanciones económicas y la inseguridad impulsaron nuevas emigraciones. Juan Pablo II describió la emigración como una tragedia que empobrecía las comunidades locales y desarraigaba a las personas; al mismo tiempo, pidió que la Iglesia acompañara pastoralmente a los fieles que habían marchado a otros países.3

La emigración caldea no obedeció a una única causa ni produjo una comunidad homogénea. En los Estados Unidos llegaron familias procedentes de distintas zonas de Iraq, Turquía, Irán y otros países de Oriente Próximo. Algunas conservaban el siriaco como lengua familiar; otras utilizaban el árabe, el kurdo o el inglés en la vida cotidiana. Esta diversidad lingüística exigió una pastoral capaz de conservar la tradición sin aislarla de la sociedad estadounidense.

Consolidación en California

California recibió comunidades orientales vinculadas a las grandes áreas urbanas del oeste de los Estados Unidos. San Diego ofrecía un marco favorable para la organización comunitaria gracias a su población numerosa, sus redes familiares y profesionales y su conexión con otras ciudades del estado.

La comunidad caldea necesitaba mucho más que la disponibilidad ocasional de un sacerdote. La vida eclesial requería parroquias, catequesis, celebraciones regulares, preparación sacramental, atención a los matrimonios y acompañamiento de los jóvenes. La creación de una eparquía proporcionó una estructura institucional estable para responder a esas necesidades dentro de la tradición caldea.

Organización y gobierno eclesial

La eparquía depende de la autoridad propia de la Iglesia católica caldea y mantiene relación con la Santa Sede, especialmente con el organismo romano competente para las Iglesias orientales. La documentación pontificia incluye la circunscripción entre las Iglesias caldeas y registra tanto sus provisiones episcopales como sus periodos de administración apostólica.7

El obispo eparquial ejerce funciones semejantes a las de un obispo diocesano latino, pero dentro del ordenamiento propio de las Iglesias orientales católicas. Entre sus responsabilidades figuran:

  • Custodiar la fe y la disciplina de la Iglesia caldea.
  • Ordenar la vida litúrgica de la eparquía.
  • Promover la formación de sacerdotes, diáconos, religiosos y catequistas.
  • Garantizar la preparación adecuada para los sacramentos.
  • Coordinar la actividad de las parroquias y comunidades.
  • Acompañar a las familias caldeas y a los jóvenes.
  • Mantener la comunión con el patriarca caldeo y con la Santa Sede.

La Santa Sede designó a Emmanuel Hana Shaleta para la sede catedralicia de San Pedro Apóstol de San Diego el 9 de agosto de 2017, trasladándolo desde la Eparquía de San Addai de Toronto.8

La documentación pontificia también registró anteriormente la administración apostólica de la eparquía durante un periodo de sede vacante. En 2016, la Santa Sede confió esa responsabilidad a Shlemon Warduni, obispo auxiliar de la Archieparquía Patriarcal de Babilonia de los Caldeos.7

Ámbito territorial y fieles de la diáspora

Las eparquías caldeas de la diáspora no siempre responden a fronteras territoriales sencillas. En muchos casos, su jurisdicción pastoral se relaciona con la pertenencia ritual y eclesial de los fieles, la distribución geográfica de las comunidades y las decisiones específicas de la Santa Sede o de la autoridad competente de la Iglesia caldea.

Por esta razón, el ámbito exacto de la Eparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego debe consultarse en el Anuario Pontificio vigente. La ciudad de San Diego constituye la sede de la circunscripción y alberga su catedral, pero la localización de la sede no basta por sí sola para determinar todos los límites pastorales de una eparquía destinada a fieles de la diáspora.

La atención eparquial puede alcanzar a fieles caldeos que viven lejos de la catedral y que participan en comunidades organizadas según sus posibilidades. La distancia entre las familias y el templo principal hace necesario combinar la vida parroquial ordinaria con encuentros comunitarios, celebraciones periódicas y medios de comunicación pastoral.

Relaciones con otras Iglesias orientales

La historia caldea está estrechamente vinculada a la de la Iglesia asiria de Oriente, que constituye la rama independiente de la antigua Iglesia de Oriente. La Iglesia católica caldea y la Iglesia asiria de Oriente comparten raíces históricas, tradiciones litúrgicas y una herencia siriaca oriental, aunque no pertenecen a la misma comunión eclesial.1

La Santa Sede y las autoridades asirias han desarrollado disposiciones pastorales para determinadas situaciones de necesidad. En circunstancias concretas, los fieles asirios pueden recibir la comunión en una celebración caldea y los fieles caldeos pueden hacerlo en una celebración asiria cuando resulte física o moralmente imposible acudir a un ministro de su propia Iglesia. Cada ministro celebra conforme a las prescripciones y costumbres de su tradición.5

Estas normas poseen un carácter pastoral y ecuménico específico. No eliminan las diferencias entre ambas Iglesias ni convierten sus estructuras en una sola realidad, pero facilitan la atención sacramental de comunidades orientales que viven dispersas en la diáspora.

Vida pastoral

Liturgia y sacramentos

La liturgia eucarística ocupa el centro de la vida de la eparquía. La celebración según el rito caldeo permite a los fieles conservar la memoria espiritual de sus antepasados y transmitirla a las nuevas generaciones. El uso de himnos, oraciones, gestos y fórmulas propias integra la comunidad caldea en la universalidad de la Iglesia sin reducir su identidad a una expresión folclórica o étnica.

La eparquía también atiende la celebración del bautismo, la confirmación, la penitencia, el matrimonio, la unción de los enfermos y las exequias conforme a la disciplina caldea. La preparación sacramental incluye la formación de los padres, de los contrayentes y de los catecúmenos, así como la integración de los niños y jóvenes en la vida parroquial.

Transmisión de la identidad

La migración plantea el desafío de transmitir una identidad cristiana oriental en un contexto cultural plural. Muchas familias viven entre varias lenguas y tradiciones. La comunidad eclesial procura conservar el patrimonio siriaco y caldeo, pero también acoge a quienes conocen poco la lengua litúrgica o han nacido ya en los Estados Unidos.

La catequesis, las celebraciones familiares, las fiestas patronales y la enseñanza de la historia de la Iglesia caldea ayudan a unir a las generaciones. La comunidad no depende únicamente del origen nacional: su centro es la fe católica vivida dentro de una tradición oriental concreta.

Atención a los jóvenes

Los jóvenes ocupan un lugar decisivo en la continuidad de la eparquía. La emigración puede debilitar la transmisión de la lengua, la memoria familiar y las prácticas religiosas. Por ello, la pastoral juvenil debe presentar la tradición caldea como una forma viva de seguir a Jesucristo, no solamente como una herencia cultural.

La participación de los jóvenes en la liturgia, la catequesis, el servicio caritativo y las actividades comunitarias favorece una pertenencia consciente. También permite que la comunidad dialogue con la sociedad estadounidense y evite tanto el aislamiento como la pérdida de su identidad eclesial.

Significado eclesial

La Eparquía de San Pedro el Apóstol de San Diego representa la presencia estable de una antigua tradición cristiana mesopotámica en la costa occidental de los Estados Unidos. Su existencia manifiesta que la Iglesia católica reúne diversas Iglesias orientales, cada una con su propia liturgia, espiritualidad, disciplina y patrimonio histórico.

La eparquía cumple además una función de memoria. Sus comunidades recuerdan la historia de los cristianos de Mesopotamia, las dificultades sufridas por las poblaciones caldeas y la continuidad de una tradición que atravesó persecuciones, desplazamientos y cambios políticos. La comunión con Roma no suprime ese patrimonio, sino que lo incorpora a la unidad católica.

Su misión combina tres dimensiones: fidelidad a la tradición caldea, integración de los fieles en la vida de la Iglesia católica y servicio pastoral a una comunidad marcada por la migración. La catedral de San Pedro Apóstol, el clero, las parroquias y las familias participan conjuntamente en esa misión.

Véase la situación actual de la eparquía

La información sobre el obispo eparquial, las parroquias, las comunidades atendidas y la delimitación territorial puede experimentar modificaciones. La referencia normativa para conocer la circunscripción vigente, su estatuto y su ámbito pastoral es el Anuario Pontificio correspondiente al año en curso. La sede episcopal permanece en San Diego y la catedral eparquial es la Catedral Católica Caldea de San Pedro Apóstol.

Citas y referencias

  1. Iglesia católica caldea, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia católica caldea (2015). 2 3 4
  2. Iglesia caldea, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia caldea (2015).
  3. Pablo VI. A los obispos de la Iglesia Caldea sobre su visita ad limina (11 de diciembre de 2001) - Discurso, 1 (2001). 2
  4. Ritos en los Estados Unidos, . Enciclopedia Católica, Ritos en los Estados Unidos (1913). 2
  5. B4. Directrices para la admisión a la eucaristía, Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad Cristiana. Directrices para la admisión a la eucaristía entre la Iglesia Caldea y la Iglesia Asiria del Oriente, 4. 2
  6. Iglesia asiria del Oriente, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Iglesia asiria del Oriente (2015).
  7. Ecclesia antiochena maronitarum, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Issue 2, febrero, 2022, 91 (2022). 2
  8. In synodo episcoporum ecclesiae syro-Malankarensis, Santa Sede. Acta Apostolicae Sedis: Issue 2, febrero, 2022, 82 (2022).
Modificado el 18 de agosto de 2026 • FideScore™ 8.45Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/4kfq7j7mq

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