La Epístola a los Gálatas se estructura en tres partes principales, cada una compuesta por dos capítulos:
1. Defensa de la Autoridad Apostólica de Pablo (Gálatas 1-2)
En los primeros dos capítulos, Pablo defiende la naturaleza divina de su apostolado y del Evangelio que predica. Afirma que su evangelio no es de origen humano, sino que lo recibió por revelación de Jesucristo. Para reforzar su argumento, relata su vida anterior en el judaísmo, donde perseguía violentamente a la Iglesia de Dios.
Pablo también subraya que su enseñanza está en armonía con la de los grandes apóstoles de Jerusalén. Menciona su viaje a Jerusalén con Bernabé y Tito catorce años después, donde presentó su evangelio a los líderes reconocidos (Santiago, Cefas y Juan), quienes le dieron la mano de compañerismo, reconociendo su misión entre los gentiles. Destaca que Tito, siendo griego, no fue obligado a circuncidarse, lo que contradecía las exigencias de los falsos creyentes. Incluso relata un incidente en Antioquía donde se opuso a Cefas (Pedro) por su comportamiento inconsistente respecto a la libertad de los gentiles frente a la Ley.
2. La Justificación por la Fe y la Ineficacia de la Ley (Gálatas 3-4)
En esta sección, Pablo demuestra la ineficacia de la circuncisión y la Ley para la salvación, enfatizando que la redención se debe únicamente a Cristo. Acusa a los gálatas de ser «insensatos» por querer volver a la Ley después de haber comenzado con el Espíritu. Les pregunta si recibieron el Espíritu por las obras de la Ley o por la fe.
Pablo utiliza el ejemplo de Abraham, quien «creyó a Dios, y le fue contado por justicia». Argumenta que aquellos que creen son los verdaderos descendientes de Abraham y que la Escritura previó que Dios justificaría a los gentiles por la fe. Por lo tanto, quienes se apoyan en las obras de la Ley están bajo maldición, mientras que el justo vivirá por la fe.
También explica que la Ley actuó como un tutor hasta la venida de Cristo, pero con Cristo, los creyentes son adoptados como hijos de Dios y ya no son esclavos de los espíritus elementales del mundo. Utiliza la alegoría de Agar y Sara para ilustrar las dos alianzas: una que engendra esclavitud (la Ley) y otra que engendra libertad (la promesa en Cristo).
3. Exhortación a la Libertad Cristiana y la Vida en el Espíritu (Gálatas 5-6)
Los capítulos finales contienen exhortaciones prácticas. Pablo advierte a los gálatas que no abusen de su libertad en Cristo para entregarse a los vicios, ya que quienes hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios. Proclama que Cristo nos ha liberado para la libertad, y les insta a mantenerse firmes y no someterse de nuevo al yugo de la esclavitud. Si se circuncidan, Cristo no les será de ningún provecho, pues estarán obligados a obedecer toda la Ley y se habrán apartado de la gracia.
La única cosa que cuenta en Cristo Jesús es la fe que obra por el amor. Pablo contrasta las obras de la carne (como fornicación, impureza, idolatría, enemistades, etc.) con el fruto del Espíritu (amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio propio).
Finalmente, insta a los creyentes a llevar las cargas los unos de los otros, cumpliendo así la ley de Cristo. Les recuerda que «todo lo que el hombre siembre, eso también segará». Concluye la epístola con una advertencia contra aquellos que desean que los gálatas se circunciden para jactarse de su carne, y declara que solo se gloriará en la cruz de nuestro Señor Jesucristo. Termina con una bendición, deseando que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con su espíritu.