La carta consta de seis capítulos. Su argumento avanza desde la defensa de la misión apostólica de Pablo hasta una exhortación práctica a vivir conforme al Espíritu. Una división útil distingue tres partes: los capítulos 1 y 2, centrados en el origen y la autenticidad del Evangelio anunciado por Pablo; los capítulos 3 y 4, dedicados a la fe, la promesa y la función de la Ley; y los capítulos 5 y 6, que aplican esa enseñanza a la libertad cristiana y a la vida comunitaria.
Defensa del Evangelio y de la misión de Pablo
Tras el saludo inicial, Pablo expresa su asombro ante el cambio de actitud de los gálatas. En los capítulos 1 y 2 sostiene que su anuncio no procede de una enseñanza humana que él hubiera recibido sin más, sino de Jesucristo. También expone episodios de su vida y su relación con los demás apóstoles para mostrar que su misión no contradice el Evangelio predicado por ellos.,
En esta parte aparece el episodio de Antioquía, donde Pablo reprende a Pedro por su conducta ante los cristianos gentiles. El conflicto muestra las consecuencias prácticas de la controversia: admitir a los gentiles como miembros plenos de la comunidad cristiana no puede depender de que adopten las observancias judías. Pablo relaciona esa cuestión con la justificación por la fe en Jesucristo, no por las obras de la Ley.
La fe, la promesa y la Ley
En los capítulos 3 y 4, Pablo recuerda a los gálatas que recibieron el Espíritu por la fe y no por cumplir las obras de la Ley. Recurre a la figura de Abrahán y a la promesa divina para sostener que la pertenencia al pueblo de Dios descansa en la fe y alcanza su plenitud en Cristo. La Ley tuvo una función dentro de la historia de la salvación, pero no puede ocupar el lugar de la promesa ni convertirse en requisito de salvación para los cristianos gentiles.,
Pablo describe la Ley como un pedagogo: cumplió una función de guía y preparación, al mostrar el pecado y orientar hacia la necesidad de la salvación. Con la venida de Cristo, esa función encuentra su cumplimiento en la vida nueva del Evangelio y en la libertad del Espíritu. No presenta la Ley como mala, sino como incapaz de otorgar por sí misma la justificación que Dios concede mediante la gracia de Cristo.
Libertad cristiana y vida según el Espíritu
Los capítulos 5 y 6 explican cómo debe vivirse la libertad cristiana. Pablo advierte que la libertad no autoriza a entregarse al egoísmo ni a las pasiones: llama a servir a los demás por amor. Contrapone las obras de la carne a los frutos del Espíritu y exhorta a los creyentes a sostenerse mutuamente y a obrar el bien. Así, la libertad cristiana no consiste en una independencia sin orientación moral, sino en una vida transformada por el Espíritu.