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Epístola de Bernabé

La Epístola de Bernabé es un escrito cristiano de época temprana, transmitido en forma epistolar y tradicionalmente vinculado al apóstol Bernabé, aunque la atribución histórica es hoy considerada poco fiable. Destaca por su catequesis centrada en la interpretación cristiana de la Antigua Alianza, su insistencia en la comprensión espiritual de la Ley mosaica y un método exegético de marcado carácter alegórico. Su influencia aparece también en la historia de la interpretación bíblica y, en algunos estudios litúrgicos, incluso en reflexiones tempranas sobre el «octavo día» en relación con el domingo.

Tabla de contenido

Identidad y naturaleza del escrito

La Epístola de Bernabé no se presenta como una controversia inmediata y agresiva, sino como un texto de formación doctrinal. El autor no traza un debate directo con el paganismo, y su modo de exponer parece responder más a la enseñanza de una comunidad que a una polémica pública. Por eso, en la caracterización tradicional del texto se subraya que su intención puede entenderse como la de un catequista que busca conducir a sus destinatarios a la comprensión de la «economía de salvación».1

En ese mismo marco, se observa que el escrito aborda temas vinculados a la recepción cristiana de la Escritura y a ciertos debates internos del cristianismo de los primeros siglos, pero sin que quede claro que el autor conociera directamente sistemas «gnósticos» concretos. La forma cuidadosamente construida de la exposición sugiere que el objetivo principal es impartir la sabiduría que el autor desea comunicar, más que desarrollar una teología esotérica.1

«No es una polémica.» (caracterización del escrito en la tradición enciclopédica católica)1

Intención teológica: salvación, Ley y lectura espiritual

Uno de los ejes más característicos de la Epístola de Bernabé es su manera de hablar de las prescripciones ceremoniales. El autor sostiene que el mero cumplimiento «literal» no basta, porque la observancia externa, interpretada de modo materialista, sería obra del mal (según su enfoque). Esta valoración se conecta con su tesis de fondo: los judíos no habrían recibido el pacto divino en el sentido pleno, porque no habrían comprendido «la naturaleza» de lo que se les daba.1

En consecuencia, el texto no se limita a afirmar que la fe cristiana «cumple» la Ley, sino que desplaza el acento hacia una lectura tipológica y alegórica: las realidades del Antiguo Testamento deberían entenderse como orientadas a las virtudes cristianas y a instituciones que remiten a Cristo, su pasión y la Iglesia. Por ello, el autor «expone» cómo el Antiguo Testamento «prefigura» realidades cristianas mediante una serie de explicaciones simbólicas.1

La alegoría como método de exégesis

La Epístola de Bernabé se caracteriza por un uso exagerado de la alegoría, según el análisis enciclopédico. El texto llega más lejos que otras obras antiguas cristianas en las que ya existe un modo de interpretar la historia de Israel como «figura» de la Iglesia. En el caso de Bernabé, se describe que se prescinde del carácter histórico transitorio de la religión antigua y se formula con fuerza que no habría sido intención que los preceptos fueran observados de manera literal. Se afirma, además, que el culto judío habría quedado sin la elevación espiritual y típica que —según el autor— Dios pretendía.1

Este punto metodológico explica por qué, a ojos de muchos estudiosos, el escrito adopta una postura singular en la confrontación con el judaísmo: no solo interpreta la Ley en clave cristiana, sino que critica la práctica de adoración judía en su totalidad desde la perspectiva de su incapacidad para captar el sentido espiritual.1

Estructura general del escrito

El texto suele describirse como una obra dividida en dos grandes partes, cuya división temática se señala en el propio comienzo del material. En el planteamiento enciclopédico se indica:

  • Una primera sección de carácter exhortativo (capítulos i–v, 4), orientada a la conducta cristiana en «los días malos» que se consideran cercanos, con referencia al fin y al juicio.

  • Una segunda sección, que continúa la enseñanza y se desarrolla en torno a la historia o secuencia de acontecimientos, y que incluye la idea de la sucesión de imperios en el tiempo del autor.1

El mismo análisis indica además que, al finalizar, el autor amplía y repite exhortaciones previas tomando un material de otra fuente: la descripción de las dos vías (vía de la luz y vía de la oscuridad), vinculada a la Didaché o a su tradición.1

Fecha y contexto histórico: cristianismo en tensión con el «judaizar»

La determinación de la fecha exacta es discutida, pero el análisis enciclopédico señala que el tipo de discusión abstracta sobre el judaísmo muestra un momento en el que las controversias de tipo «judaizante» ya no estarían en su fase más aguda dentro del cuerpo principal de la Iglesia.1

Además, se mencionan referencias empleadas por la crítica para proponer un marco temporal, asociando pasajes concretos del capítulo 4 con una interpretación de profecías atribuidas a Daniel. En términos generales, el texto se ubica dentro de un período en el que estas lecturas proféticas servían para pensar el presente cristiano con categorías escatológicas.1

Autoría: la atribución a Bernabé y las dudas en la tradición

Aunque el nombre «Bernabé» aparece en el título tradicional, la autoría no puede afirmarse con seguridad. El escrito no ofrece indicios claros del autor ni de los destinatarios.1

En la tradición histórica, durante mucho tiempo la Epístola de Bernabé se consideró, por parte de algunos, como obra del propio apóstol o vinculada directamente a él. Sin embargo, estudios posteriores han hecho converger la valoración académica hacia la idea de una composición de un cristiano de origen judío en Alejandría, sin conexión real con el apóstol.2,1

Origen alejandrino y recepción antigua

El análisis enciclopédico argumenta una posible procedencia alejandrina por el fuerte carácter alegórico de la exégesis y por el modo constante de oponerse a los judíos. Se añade que, históricamente, hasta el siglo IV solo los alejandrinos conocían el escrito con cierta amplitud, y que en su Iglesia alcanzó cierto honor de lectura pública. Asimismo, se menciona que, alrededor del año 200, incluso en Alejandría no todos lo consideraban como escritura inspirada.1

Fuentes textuales y transmisión del texto

La tradición del texto griego se describe como triple. Se recuerda que, hasta 1843, se conocían ocho manuscritos en bibliotecas occidentales, derivados de una fuente común, que no contenían determinados pasajes (i–v, 7a). Posteriormente se descubrieron manuscritos completos e independientes, entre los que se destaca el Codex Sinaiticus (siglo IV), que presenta la Epístola de Bernabé junto al «Pastor» después de los libros del Nuevo Testamento, y el Codex de Jerusalén (siglo XI), que incluye también la Didaché.1

En cuanto a una versión latina temprana, se señala que existe una traducción latina de los primeros diecisiete capítulos que probablemente proviene de finales del siglo IV, aunque se advierte que es una versión «muy libre» y de escasa utilidad para reconstruir el texto. Como criterio de autoridad textual, se indica que el fundamento principal es el Codex Sinaiticus.1

Recepción e influencia en la historia del canon y de la lectura cristiana

La Epístola de Bernabé tuvo una recepción compleja. Según el testimonio enciclopédico-catolico citado en la tradición histórica, durante siglos algunos no dudaron en atribuirla al apóstol y llegó a considerarse por ciertos Padres como parte del canon de la Escritura. La discrepancia posterior no significaba, en esos momentos, que fuera «falsa» en el sentido más estricto, sino que no debía ser recibida como palabra inspirada.2

A partir de la evaluación moderna, se considera en general que no puede atribuirse al apóstol Bernabé, y que el escrito probablemente procede de un autor cristiano alejandrino, de tal manera que su valor no desaparece, pero se ubica correctamente en la historia de la literatura cristiana primitiva.2,1

Escatología y «fin de los tiempos»

El escrito incluye descripciones escatológicas, aunque el análisis enciclopédico señala que son moderadas. Se califica al autor como «milenarista», pero al hablar del juicio futuro lo presenta más bien como una creencia amplia de que el final se acerca.1

Esta manera de entender el desenlace de la historia funciona, además, como trasfondo para exhortaciones morales: el lector es conducido a una vida de fidelidad en los «días malos», especialmente en la perspectiva del juicio.1

Domingo, «octavo día» y reflexión litúrgica temprana

La Epístola de Bernabé ha sido citada en estudios de historia litúrgica. En particular, se indica que la primera mención del domingo como «octavo día» aparece aproximadamente hacia el año 135 en la Epístola de Bernabé. Este enfoque se integra en un contexto de controversia con el judaísmo, y sirve para explicar el paso desde el significado tradicional del calendario a una lectura cristiana del tiempo.3

La relevancia de este punto, dentro del conjunto del escrito, radica en que el autor no solo ofrece una exégesis del Antiguo Testamento, sino que también relaciona esa lectura con la comprensión cristiana de los ritmos fundamentales de la vida comunitaria.3

La Epístola de Bernabé y la diferencia con otros «textos de Bernabé»

En la cultura popular y en algunos catálogos antiguos aparece la confusión entre «Epístola» y otros escritos apócrifos que llevan el nombre de Bernabé. Para evitar equívocos, es importante distinguir:

  • La Epístola de Bernabé (escrita cristiana primitiva, de autoría incierta).

  • El Evangelio de Bernabé, que es una obra distinta y mucho más tardía en su redacción según los estudios modernos, con tradiciones de transmisión y reelaboración diferentes.4

Esta aclaración protege el rigor enciclopédico y evita que se atribuyan a la Epístola contenidos propios de otros textos con nombres similares.4

Comentarios patrísticos y discusión sobre la autoría en la antigüedad

En la historia de la recepción, también se registra la existencia de discusiones sobre la autoría de algunos escritos antiguos atribuidos a figuras apostólicas. En particular, un testimonio erudito del siglo XVI recuerda que, según Eusebio y Jerónimo, ciertos autores latinos negaban que una epístola atribuida a Pablo fuese realmente suya, atribuyéndola a Bernabé u otros nombres. Aunque este pasaje no se refiere siempre de modo directo a la Epístola de Bernabé como tal, sí ilustra que el mundo antiguo conocía frecuentes debates de atribución, lo cual ayuda a comprender el clima general de incertidumbre autoral en ciertos escritos.5

En todo caso, para la Epístola de Bernabé como obra propia, lo que hoy predomina es la cautela: la tradición la asocia al apóstol, pero la investigación la sitúa en el ámbito de una producción cristiana de época temprana, probablemente en el entorno alejandrino.2,1

Valor teológico y límites de interpretación

El valor de la Epístola de Bernabé se percibe sobre todo en su:

  • Catequesis bíblica centrada en el sentido cristiano de la Escritura.

  • Lectura alegórica de la Ley y de los hechos del Antiguo Testamento como prefiguraciones de realidades cristianas.

  • Enfoque moral exhortativo, vinculado a una perspectiva escatológica.1

Al mismo tiempo, el mismo análisis enciclopédico que resalta su importancia también reconoce límites: se subraya que el método de alegorización puede ser «exagerado», y que el estilo literario del escrito no siempre responde a criterios estéticos altos. En esa línea, se describe también que la lógica del autor es considerada débil por algunos estudiosos y que el razonamiento muestra digresiones.1

Síntesis doctrinal de conjunto

Desde la perspectiva del contenido, el escrito busca que los lectores entiendan la «verdadera naturaleza» del Antiguo Testamento: no como un fin en sí mismo, sino como un conjunto de signos y figuras que remiten a Cristo, su pasión y la Iglesia, articulando esa comprensión con exhortaciones prácticas y con un marco de cercanía del desenlace final.1

La Epístola de Bernabé, por tanto, ocupa un lugar relevante en el estudio del cristianismo primitivo por su manera de enseñar, interpretar y formar, al tiempo que permanece como un documento de autoría incierta cuya recepción canónica fue variable en la historia.1,2

Conclusión

La Epístola de Bernabé es un testimonio importante del cristianismo antiguo: una catequesis con fuerte impronta alegórica sobre la Ley y la historia de Israel, una visión moral exhortativa enmarcada en la escatología, y una huella que, en estudios litúrgicos, llega incluso a resonar en la formulación temprana del domingo como «octavo día». Su nombre tradicional no debe confundir sobre su autoría, pues la investigación histórica sitúa el escrito como una producción cristiana temprana, probablemente de ámbito alejandrino, cuya recepción canónica fue discutida y hoy se entiende como parte de la literatura cristiana primitiva no equivalente a la Escritura inspirada.1,2,3

Cuadro resumen

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEpístola de Bernabé
CategoríaDocumento
Tipo de DocumentoEpístola
IdiomaGriego
SigloII
Fechasiglo II
OrigenAlejandría
Lugar de OrigenAlejandría
AutorAnónimo (probable cristiano judío de Alejandría, atribución tradicional a Bernabé)
TemaInterpretación alegórica del Antiguo Testamento, cristología, moral exhortativa, escatología
EnseñanzasLectura espiritual de la Ley mosaica, prefiguración de Cristo e Iglesia en el Antiguo Testamento, llamado a la vida moral en los «días malos», expectativa escatológica del juicio final
Contexto HistóricoCristianismo primitivo, tensión con el judaísmo y debates judeocristianos de los primeros siglos
Importancia HistóricaInfluyó en la historia de la interpretación bíblica y en estudios litúrgicos tempranos, incluida la primera mención del domingo como «octavo día» (c. 135)
RecepciónConsiderada por algunos Padres como parte del canon, luego descartada como apócrifa; hoy se valora como literatura cristiana primitiva

Citas y referencias

  1. Epístola de Bernabé. Enciclopedia Católica, §Epístola de Bernabé (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10 11 12 13 14 15 16 17 18 19 20 21 22 23 24 25
  2. Santos Félix y Fortunato, mártires (d.C. 296?), Alban Butler. Vidas de los Santos de Butler 🔗: Volumen II, § 528 (1990). 2 3 4 5 6
  3. Instituto Pontificio Litúrgico. Manual de Estudios Litúrgicos: La Eucaristía (Volumen V), § 161 (1999). 2 3
  4. Evangelio de Bernabé, Edward G. Farrugia. Diccionario Enciclopédico del Oriente Cristiano, §Evangelio de Bernabé (2015). 2
  5. Capítulo XVII, Roberto Bellarmino. Controversias de la Fe Cristiana (Disputationes de Controversiis), § 84 (1586).

Artículo modificado el 19 de junio de 2026

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