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Epístola de Bernabé

La Epístola de Bernabé es un escrito cristiano de la Antigüedad, compuesto probablemente a comienzos del siglo II. Aunque tradicionalmente recibió el nombre de san Bernabé, compañero de san Pablo, la investigación histórica no atribuye su redacción al personaje apostólico del mismo nombre. La obra interpreta alegóricamente las Escrituras de Israel, presenta a Cristo como cumplimiento de sus figuras y exhorta a los cristianos a vivir conforme a la virtud, la esperanza y la caridad.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEpístola de Bernabé
CategoríaObra
DescripciónEscrito cristiano antiguo que interpreta alegóricamente la Ley de Moisés y exhorta a vivir con virtud, esperanza y caridad. c. 130-131 d.C
AutorAnónimo
Contexto HistóricoPrimeras décadas del siglo II, tras la destrucción del Templo de Jerusalén (70 d.C.) y en medio de controversias sobre la Ley mosaica y la identidad del cristianismo frente al judaísmo.
Importancia EclesialValorado como obra catequética y doctrinal, pero no incluido en el canon de la Sagrada Escritura.
Importancia HistóricaTestimonio temprano de la teología y moral cristiana del siglo II, muestra la diversidad de interpretaciones bíblicas en la Iglesia primitiva.
LugarComunidad cristiana helenista (probable origen griego)
TipoDocumento, Epístola

Tabla de contenido

Naturaleza y autoridad de la obra

La Epístola de Bernabé pertenece al conjunto de escritos cristianos antiguos conocidos como Padres apostólicos, junto con la Didaché, las cartas de san Ignacio de Antioquía, la Carta de san Clemente a los corintios y el Pastor de Hermas.

La Iglesia no considera esta epístola parte del canon de las Sagradas Escrituras. Que algunos manuscritos antiguos la transmitan junto a libros bíblicos muestra su importancia en determinados ambientes cristianos, pero no equivale a una definición de inspiración canónica.

El nombre «Bernabé» procede de la tradición manuscrita y de la atribución antigua de la obra. La epístola, sin embargo, no ofrece datos internos que permitan identificar a su autor con el Bernabé mencionado en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas paulinas. La atribución tradicional debe distinguirse de la autoría apostólica demostrable.

Autoría y pseudepigrafía

El problema de la atribución

La tradición antigua vinculó la obra con san Bernabé, quizá por su contenido cristiano de raíz judía y por su relación temática con las controversias sobre la Ley mosaica. No obstante, el autor no firma con su nombre ni proporciona información biográfica verificable.

La crítica histórica considera más prudente hablar de un autor cristiano anónimo, perteneciente a una comunidad de tradición helenista y familiarizado con la interpretación cristiana del Antiguo Testamento.

Pseudepigrafía en la Antigüedad

La pseudepigrafía designa la atribución de un escrito a una figura prestigiosa que no coincide necesariamente con su redactor literario. En la Antigüedad, la relación entre autor, autoridad y tradición resultaba más flexible que en la cultura moderna. El nombre asociado a una obra podía expresar la tradición doctrinal que la respaldaba, la escuela espiritual a la que pertenecía o la autoridad que el autor pretendía prolongar.1

Esta constatación histórica no permite identificar automáticamente toda pseudepigrafía con una falsificación deliberada. Cada escrito exige un análisis propio, porque la atribución podía servir para transmitir una enseñanza considerada heredera de una tradición anterior.1,2

En el caso de la Epístola de Bernabé, conviene mantener una distinción clara:

  • Bernabé, compañero de san Pablo, pertenece a la generación apostólica.
  • El autor de la epístola permanece anónimo.
  • La tradición del título no basta para demostrar autoría apostólica.
  • La obra posee valor histórico y teológico como testimonio de una corriente cristiana antigua, pero no autoridad canónica.

Fecha y contexto histórico

La datación más habitual sitúa la composición entre finales del siglo I y las primeras décadas del siglo II. Una antigua interpretación relacionó algunos pasajes con acontecimientos de la época del emperador Adriano, especialmente con sus proyectos relativos a Jerusalén y con las medidas adoptadas contra determinadas prácticas judías. Desde esta perspectiva, algunos autores propusieron una fecha próxima a los años 130-131.3

La fecha exacta continúa dependiendo de la interpretación de varios pasajes proféticos. El autor utiliza imágenes tomadas de Daniel y de otros libros bíblicos, pero no siempre resulta posible determinar si presenta acontecimientos ya cumplidos o una sucesión simbólica de poderes y reinos.3

La obra nació en una época marcada por varios procesos históricos:

  • La consolidación de comunidades cristianas procedentes tanto del judaísmo como de los pueblos paganos.
  • La destrucción del Templo de Jerusalén por los romanos en el año 70.
  • La progresiva diferenciación entre la Iglesia y las diversas corrientes del judaísmo.
  • Las discusiones sobre la vigencia de la circuncisión, el sábado, las normas alimentarias y otros preceptos rituales.
  • La necesidad de explicar a los cristianos gentiles la relación entre Cristo y las Escrituras de Israel.

La epístola no describe una situación pastoral concreta con la precisión de las cartas paulinas. Su forma epistolar encubre una composición más cercana a un tratado catequético o a una exhortación teológica dirigida a una comunidad cristiana.

Transmisión manuscrita

La tradición griega de la Epístola de Bernabé presenta varias ramas manuscritas. Algunos manuscritos occidentales antiguos transmitían una versión incompleta que comenzaba en un punto avanzado de la obra. La recuperación de manuscritos más completos permitió conocer también los capítulos iniciales.3

El testimonio principal corresponde al Códice Sinaítico, del siglo IV, donde la epístola aparece después de los libros del Nuevo Testamento y antes del Pastor de Hermas. Otro testimonio relevante es el llamado Códice de Jerusalén, del siglo XI, que también contiene la Didaché.3

Existe además una antigua traducción latina de los primeros diecisiete capítulos. Su estilo libre dificulta la reconstrucción exacta del texto griego, aunque conserva datos valiosos para la historia de la transmisión de la obra. También los escritores alejandrinos, como Clemente de Alejandría y Orígenes, conocieron y citaron algunos pasajes.3

Estructura y contenido

La epístola posee dos grandes partes:

  1. Una sección exhortativa, centrada en la vida moral y en la inminencia del juicio.
  2. Una sección doctrinal, dedicada a la interpretación de la Ley, los sacrificios, la circuncisión, el sábado, las normas alimentarias y el Templo.

Al final aparece la enseñanza de los dos caminos: el camino de la luz y el camino de las tinieblas. Esta sección guarda estrecha relación con la tradición catequética de la Didaché y con otros escritos cristianos antiguos.3

La exhortación moral

El autor llama a los cristianos a abandonar el pecado y practicar las virtudes. La salvación no aparece como una simple pertenencia externa a una comunidad, sino como una existencia transformada por la fe.

La epístola insiste en:

El autor considera que el conocimiento cristiano auténtico, al que denomina gnosis, no consiste en una especulación reservada a una élite. Consiste en comprender la economía de la salvación y traducirla en una conducta santa.3

Los dos caminos

Los capítulos finales presentan dos itinerarios morales contrapuestos:

Esta doctrina posee una finalidad catequética. El bautizado debe discernir sus actos y escoger diariamente la orientación de su vida. La enseñanza no reduce el cristianismo a una identidad cultural, sino que lo presenta como una respuesta libre ante Dios.

Interpretación de la Ley

La Ley como figura de Cristo

La principal característica teológica de la Epístola de Bernabé radica en su interpretación alegórica de la Ley de Moisés. El autor sostiene que muchos preceptos del Antiguo Testamento poseían un sentido espiritual y profético que alcanzaba su plenitud en Cristo.

Desde su perspectiva, las normas sobre alimentos, sacrificios, circuncisión y pureza ritual no deben entenderse únicamente en su sentido literal. El autor busca descubrir en ellas figuras de realidades cristianas, especialmente:

La epístola no rechaza el Antiguo Testamento como una revelación ajena a Dios. Lo interpreta como una Escritura que anuncia a Cristo, aunque considera insuficiente una observancia puramente externa de sus preceptos.

Comparación con san Pablo

La postura de Bernabé mantiene afinidades con san Pablo, pero también presenta diferencias de método y de tono.

San Pablo enseña que la justificación no procede de las obras de la Ley, sino de la fe en Jesucristo. La crítica paulina no se dirige contra la Torá como revelación santa, sino contra una comprensión de la Ley convertida en un sistema autosuficiente, separado de la alianza y de la acción del Espíritu.4

Pablo afirma también que la Ley permite reconocer el pecado, pero no concede por sí misma la gracia que libera de él. La vida nueva procede del Espíritu recibido en Cristo.4

La Epístola de Bernabé coincide con Pablo en varios puntos:

  • Cristo inaugura la Nueva Alianza.
  • La salvación no depende de los ritos mosaicos.
  • La vida cristiana exige una transformación interior.
  • El Antiguo Testamento encuentra su sentido pleno en Cristo.
  • Los cristianos procedentes de los pueblos paganos no necesitan asumir la identidad ritual de Israel.

Sin embargo, Bernabé desarrolla estos temas mediante una alegoría mucho más radical. En determinados pasajes, su interpretación parece negar que los preceptos rituales poseyeran una vigencia literal querida por Dios. La obra llega a contraponer la comprensión espiritual cristiana con la observancia judía de una manera más tajante que las cartas paulinas.

Pablo, por el contrario, conserva una visión histórica más compleja. En la Carta a los Romanos reconoce la elección de Israel, la fidelidad de Dios a sus promesas y la permanencia de la dignidad de los dones concedidos a Israel. La relación entre Israel y la Iglesia no puede reducirse a una caricatura de sustitución simplista.

La hermenéutica alegórica

La epístola utiliza con frecuencia símbolos, correspondencias y asociaciones numéricas. El autor no pretende ofrecer una explicación histórico-crítica de los textos bíblicos, sino mostrar su cumplimiento en la existencia cristiana.

Este método pertenece al mundo interpretativo de la Antigüedad. Los cristianos de los primeros siglos leían las Escrituras como una historia unificada de la salvación, cuyo centro era Jesucristo. La alegoría permitía relacionar personajes, instituciones y acontecimientos del Antiguo Testamento con el bautismo, la Iglesia, la cruz y la vida moral.

No obstante, la aplicación de este método en Bernabé resulta a veces excesiva y forzada. La obra va más allá de la tipología utilizada por san Pablo, la Carta a los Hebreos o san Ignacio de Antioquía, porque transforma numerosos elementos de la religión de Israel en símbolos desligados de su sentido histórico original.3

La lectura católica posterior puede recibir de esta obra la convicción de que toda la Escritura orienta hacia Cristo, pero no necesita asumir cada una de sus explicaciones alegóricas como norma exegética.

Relación con el judaísmo

Un escrito polémico de la Antigüedad

La Epístola de Bernabé contiene expresiones severas acerca del judaísmo y de la interpretación judía de la Ley. El autor sostiene que los judíos no comprendieron el sentido espiritual de las prescripciones recibidas y que los cristianos constituyen el pueblo que vive la alianza en plenitud.

Estas afirmaciones deben situarse en el contexto de las polémicas religiosas de los siglos I y II. Durante ese período, comunidades cristianas y comunidades judías discutían la identidad del pueblo de Dios, la interpretación de las Escrituras, la autoridad de la Ley y la identidad mesiánica de Jesús.

La controversia no tuvo siempre la forma de una oposición entre dos religiones completamente separadas. Durante varias generaciones existieron comunidades mixtas, cristianos de origen judío y pagano, y grupos que compartían las Escrituras, la esperanza mesiánica y numerosas prácticas religiosas.

Antijudaísmo y antisemitismo

Conviene distinguir cuidadosamente entre el antijudaísmo teológico antiguo y el antisemitismo moderno.

El antijudaísmo antiguo consistía en polémicas religiosas dirigidas contra determinadas interpretaciones de la Ley, contra el rechazo de Cristo o contra la pretensión de que los gentiles debían adoptar íntegramente las prácticas judías. El antisemitismo moderno, en cambio, convierte el origen judío en una categoría racial, nacional o biológica y puede desembocar en discriminación, persecución y exterminio.

La Epístola de Bernabé no puede utilizarse para justificar el antisemitismo moderno. Tampoco resulta legítimo transformar sus controversias históricas en una condena permanente del pueblo judío. La propia tradición cristiana reconoce que la hostilidad contra los judíos existía antes del cristianismo y que las primeras comunidades cristianas estuvieron formadas en gran medida por judíos.5

El estudio católico de estos textos exige mantener simultáneamente varias verdades:

  • Jesús, María, los apóstoles y la primera Iglesia pertenecían al pueblo judío.
  • El cristianismo nació en el seno del judaísmo.
  • Israel conserva un lugar singular en la historia de la salvación.
  • La Iglesia no puede aprobar el odio, la discriminación ni la violencia contra los judíos.
  • Las expresiones polémicas de un autor antiguo deben interpretarse dentro de su conflicto histórico concreto.
  • Ninguna controversia antigua autoriza el antisemitismo contemporáneo.

San Pablo ofrece un marco teológico más equilibrado al tratar el misterio de Israel. El diálogo entre judíos y cristianos requiere interpretar los pasajes polémicos con objetividad, sin negar el contenido de la fe cristiana ni convertir la tradición apostólica en una excusa para el desprecio.6

Cristología y eclesiología

La Epístola de Bernabé presenta a Cristo como el centro de la economía divina. Las figuras veterotestamentarias encuentran en él su cumplimiento, especialmente en su pasión y en la fundación de la Iglesia.

La cruz ocupa un lugar decisivo en la interpretación de la historia bíblica. El autor lee diversos acontecimientos y prescripciones como anticipaciones simbólicas de la pasión de Cristo. La Iglesia aparece como la comunidad que recibe la comprensión plena de las promesas y vive la nueva alianza.

Esta perspectiva contribuyó al desarrollo de una lectura cristológica del Antiguo Testamento. Sin embargo, el autor expresa la relación entre Israel y la Iglesia mediante categorías polémicas que no deben confundirse con una formulación completa de la doctrina católica sobre Israel.

Escatología

La epístola contempla la vida cristiana bajo el horizonte del juicio final. El tiempo presente exige vigilancia, conversión y perseverancia. El autor considera que la historia avanza hacia la manifestación definitiva de la justicia divina.

La escatología de Bernabé no fomenta una curiosidad cronológica sobre el fin del mundo. Su propósito principal consiste en recordar la responsabilidad moral del creyente. La esperanza futura debe producir una vida santa en el presente.

La exhortación final a escoger entre los dos caminos resume esta orientación: el cristiano camina hacia la vida mediante la fe activa, la caridad y la obediencia, o hacia la perdición cuando abraza la injusticia y el pecado.

Recepción en la Iglesia antigua

Clemente de Alejandría y Orígenes conocieron la obra y utilizaron algunos de sus pasajes. Que el Códice Sinaítico la coloque junto a los libros del Nuevo Testamento revela que ciertos círculos cristianos la consideraron edificante y doctrinalmente valiosa.3

A pesar de esa recepción, la Iglesia no la incorporó de forma universal al canon bíblico. La transmisión junto a escritos canónicos no significa que todas las comunidades cristianas la reconocieran como Escritura inspirada.

Su valor principal reside en que permite conocer:

  • La evolución de la catequesis cristiana.
  • La interpretación de la Ley en la Iglesia primitiva.
  • La relación entre cristianos de origen judío y pagano.
  • El desarrollo de la tipología bíblica.
  • La formación de la moral bautismal.
  • La conciencia escatológica de las comunidades antiguas.

Valor histórico y teológico

La Epístola de Bernabé no ofrece una síntesis completa de la fe católica. Su importancia procede de su condición de testimonio temprano sobre la manera en que algunos cristianos entendieron la continuidad entre Israel, Cristo y la Iglesia.

Desde el punto de vista histórico, la obra ayuda a reconstruir la diversidad interna del cristianismo de los primeros siglos. No todos los autores cristianos primitivos emplearon la misma hermenéutica ni formularon con igual equilibrio la relación entre la Ley, Israel y la Iglesia.

Desde el punto de vista teológico, Bernabé aporta intuiciones relevantes:

  • Cristo constituye la clave de lectura de toda la Escritura.
  • La alianza exige una respuesta interior.
  • La fe cristiana reclama una vida moral coherente.
  • El bautismo introduce en una existencia nueva.
  • La esperanza escatológica orienta la conducta presente.
  • La Iglesia interpreta las promesas bíblicas a la luz de Jesucristo.

Al mismo tiempo, la obra contiene limitaciones evidentes:

  • Una alegorización extrema.
  • Afirmaciones polémicas contra el judaísmo.
  • Una presentación poco equilibrada de la continuidad entre Israel y la Iglesia.
  • Una atribución tradicional a Bernabé que no demuestra autoría apostólica.

Diferencia con el Evangelio de Bernabé

La Epístola de Bernabé no debe confundirse con el llamado Evangelio de Bernabé.

El Evangelio de Bernabé es una obra muy posterior, transmitida en manuscritos italianos de los siglos XVI y XVII y caracterizada por una orientación polémica favorable al islam. Presenta una imagen de Jesús incompatible con la fe cristiana sobre su divinidad, su pasión y su muerte redentora.7

La Epístola de Bernabé, en cambio, pertenece a la literatura cristiana antigua y proclama a Jesucristo como cumplimiento de las Escrituras. Ambos escritos carecen de relación histórica demostrable, pese a compartir el nombre de Bernabé.

Conclusión

La Epístola de Bernabé es un testimonio significativo del cristianismo de comienzos del siglo II. Su autor anónimo interpreta la Ley y las Escrituras de Israel desde la fe en Cristo, exhorta a los bautizados a escoger el camino de la luz y presenta la historia bíblica como preparación de la Nueva Alianza.

La obra no pertenece al canon de la Iglesia ni puede atribuirse con seguridad a san Bernabé. Su pseudónimo debe distinguirse de la autoría apostólica. Además, sus expresiones contra el judaísmo requieren una lectura histórica y teológica responsable: describen una polémica antigua, pero nunca pueden justificar el antisemitismo ni el desprecio hacia el pueblo judío.

Citas y referencias

  1. Denis Farkasfalvy, O.Cist. Fundamentos bíblicos para una teología de la inspiración, 11 (2006). 2
  2. Denis Farkasfalvy, O.Cist. Fundamentos bíblicos para una teología de la inspiración, 12 (2006).
  3. Epístola de Bernabé, Enciclopedia católica, Epístola de Bernabé (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9
  4. P. Delhaye. La exigencia cristiana según San Pablo, 43 (1983). 2
  5. Scripta Theologica. Recensiones 1, 14 (1986).
  6. A. Feuillet. La situación privilegiada de Israel en su rechazo de Cristo, según la epístola a los Romanos (capítulos 9-11), 2 (1983).
  7. Evangelio de Bernabé, Edward G. Farrugia. Diccionario enciclopédico del Oriente cristiano, Evangelio de Bernabé (2015).
Modificado el 27 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.29Citar este artículoPaq. Scorm (LMS)Sugerir mejoraCompartir artículoImprimir artículoGenerar QRInstalar aplicaciónark:28736/538qh7p9f

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