La epístola se presenta como escrita por Judas, quien se describe a sí mismo como «siervo de Jesucristo y hermano de Santiago» (Judas 1:1). En la tradición católica, este Judas se identifica comúnmente con Judas Tadeo, uno de los doce apóstoles, mencionado en los Evangelios como «Judas de Santiago» (Lucas 6:16; Hechos 1:13). Esta identificación se basa en que su hermano Santiago era una figura prominente en la Iglesia primitiva, posiblemente el obispo de Jerusalén y autor de la Epístola de Santiago. Algunos Padres de la Iglesia, como San Jerónimo, lo consideran hermano del Señor según la carne, perteneciente al grupo de los «hermanos de Jesús» (Mateo 13:55; Marcos 6:3), interpretados en la tradición católica como parientes cercanos, no hermanos uterinos.
La autenticidad de la autoría ha sido defendida por la mayoría de los comentadores católicos antiguos y modernos. San Clemente de Alejandría, en sus fragmentos, afirma que Judas, consciente de su parentesco con el Señor, se presenta humildemente como siervo y hermano de Santiago, subrayando su piedad. Sin embargo, surgieron dudas en la antigüedad debido a la brevedad del texto, su estilo vigoroso y ciertas alusiones a tradiciones no canónicas, como la disputa entre el arcángel Miguel y el diablo por el cuerpo de Moisés (Judas 1:9) o la profecía de Enoc (Judas 1:14-15). A pesar de esto, la Iglesia rechazó estas objeciones, argumentando que el uso de tales referencias no implica su canonicidad, similar a cómo San Pablo cita poetas paganos en sus cartas.
En la exégesis católica contemporánea, la autoría apostólica se mantiene como probable, aunque algunos eruditos modernos sugieren una posible redacción por un discípulo de Judas en su nombre, siguiendo el género epistolar pseudepigráfico común en la literatura judía. No obstante, el Catecismo de la Iglesia Católica alude a esta epístola como parte de la fe «entregada una vez para siempre a los santos» (Judas 1:3; CIC 93), confirmando su valor inspirado independientemente de debates filológicos.

