La autoría de la Epístola de Santiago ha sido objeto de estudio teológico desde los primeros siglos del cristianismo. Tradicionalmente, se atribuye a Santiago el Menor, también conocido como Santiago el Justo o hermano del Señor, quien fue el primer obispo de Jerusalén según la tradición eclesiástica. Este Santiago es mencionado en los Hechos de los Apóstoles y en las cartas paulinas, donde se le describe como un líder prominente en la comunidad judeocristiana primitiva. La epístola misma se presenta como escrita por «Santiago, siervo de Dios y del Señor Jesucristo» (St 1,1), lo que refuerza esta atribución.
En la Iglesia católica, la autenticidad de esta atribución se sostiene con base en la tradición apostólica, aunque algunos estudiosos modernos plantean debates sobre la posible redacción por un discípulo o una comunidad en su nombre, dada la lengua griega en que se conserva el texto original. No obstante, el Catecismo de la Iglesia Católica y los comentarios patrísticos, como los de San Jerónimo, afirman su origen apostólico, destacando su valor inspirado. La epístola refleja un contexto judeocristiano temprano, posiblemente redactada entre los años 45 y 62 d.C., antes del martirio de Santiago en el año 62, según el historiador judío Flavio Josefo.

