La noción antigua de autoría no coincide plenamente con la moderna. En la antigüedad, atribuir un escrito a una persona podía expresar no solo quién había redactado materialmente cada frase, sino también quién autorizaba, promovía o garantizaba su enseñanza. Por ello, la pregunta por la autoría exige distinguir entre la autoridad asociada al escrito y la intervención concreta en su composición.
La escritura de una carta podía implicar a un amanuense, es decir, un escriba que ponía por escrito el mensaje de otra persona. El remitente podía dictar el contenido y revisar el resultado; también podía conceder al escriba cierto margen para desarrollar la redacción. Algunas cartas conservan indicios de esta colaboración, como saludos del escriba o una firma final escrita por el remitente. La primera carta de Pedro menciona a Silvano en relación con su composición, y varias cartas paulinas incluyen una despedida de puño y letra de Pablo.
La mediación de un colaborador no equivale automáticamente a una autoría independiente ni resuelve por sí sola todas las cuestiones sobre un escrito. Permite, sin embargo, comprender por qué pueden coexistir la autoridad apostólica y una forma literaria que no reproduce necesariamente el dictado literal del apóstol. La investigación católica contemporánea atiende a estas posibilidades y analiza cada caso atendiendo a su historia, lenguaje, contenido y recepción.,
La autoría de algunas cartas continúa siendo objeto de debate académico. Entre las cuestiones discutidas figuran la relación de las cartas pastorales con san Pablo y la composición de la segunda carta de Pedro. Los estudios consideran factores como el vocabulario, el estilo, los temas, el contexto histórico y la posibilidad de colaboración o transmisión de tradiciones apostólicas. Ningún factor aislado basta siempre para resolver la cuestión; además, los especialistas católicos no sostienen una posición única sobre todos los casos.,,
La crítica de estilo requiere especial cautela: una persona puede expresarse de modo distinto según la época, los destinatarios y el asunto tratado. También pueden influir la intervención de un escriba y las convenciones de composición antiguas. Por ello, las diferencias de vocabulario o de tono no prueban por sí solas una autoría distinta, aunque puedan formar parte del análisis conjunto.