El término epístola (del latín epistola y del griego epistolé) se utiliza en las Escrituras para designar un tipo de comunicación escrita. Si bien en el Antiguo Testamento las cartas se conciben inicialmente como «escritos» o «libros» y luego evolucionan hacia una forma literaria más definida con un saludo formal y una conclusión epistolar, es en el Nuevo Testamento donde la epístola adquiere una forma altamente desarrollada y distintiva1.
Epístolas del Antiguo Testamento
En el Antiguo Testamento, la noción de epístola se desarrolló a lo largo del tiempo. Al principio, se usaba el término general de «libro» o «escrito». Ejemplos tempranos de mensajes escritos incluyen la carta de David a Joab sobre Urías (2 Samuel 11:14-15) y las órdenes de Jezabel a los ancianos de la ciudad respecto a Nabot (1 Reyes 21:8-9), donde la necesidad de secreto era primordial1. Con el tiempo, el término «escrito» (2 Crónicas 2:11; 21:12; Ester 3:13-14) dio paso a «carta» (2 Crónicas 30:1, 6; Esdras 4:7 ss.; Nehemías 2:7-9; Ester 9:26, 29). Estas cartas comenzaron a mostrar una estructura más formal, con un saludo explícito y una conclusión. Sin embargo, el Antiguo Testamento no ofrece ejemplos de correspondencia privada entre hebreos1.
Epístolas del Nuevo Testamento
El Nuevo Testamento presenta una forma de epístola muy desarrollada. Los estudiosos distinguen entre la carta, que es una conversación privada y confidencial con el destinatario, y la epístola, que tiene un propósito más general, se dirige a todos los interesados y tiende a la publicación1.
Las epístolas del Nuevo Testamento se pueden clasificar en pre-paulinas, paulinas y post-paulinas1.
Epístolas Pre-Paulinas
El Libro de los Hechos de los Apóstoles muestra que los judíos de Jerusalén enviaban cartas ocasionales a las sinagogas de la Diáspora (Hechos 9:2, 22:5, 28:21). Un ejemplo notable es la carta escrita por los Apóstoles desde Jerusalén a las iglesias de Antioquía, Siria y Cilicia (Hechos 15:22-23). También se infiere del Nuevo Testamento la existencia de cartas de recomendación (1 Corintios 16:3; 2 Corintios 3:1; Romanos 16:1-2; Hechos 18:27). Los cristianos corintios, por ejemplo, se dirigieron a San Pablo por carta para resolver sus dificultades (1 Corintios 7:1)1.
Epístolas Paulinas
Las epístolas paulinas forman una colección que antiguamente se conocía como «o 'apóstolos»1. Aunque se les llama «epístolas», la dirigida a los Hebreos es más bien una homilía teológica1. San Pablo escribió catorce epístolas, según el canon de la Iglesia Católica2. Estas incluyen:
A los Romanos2
Primera y Segunda a los Corintios2
A los Gálatas2
A los Efesios2
A los Filipenses2
A los Colosenses2
Primera y Segunda a los Tesalonicenses2
Primera y Segunda a Timoteo2
A Tito2
A Filemón2
A los Hebreos2
Algunas de estas epístolas, como las dirigidas a Timoteo y Tito, son conocidas como Epístolas Pastorales1,3. La Pontificia Comisión Bíblica ha afirmado que estas cartas pastorales fueron escritas por el propio Apóstol Pablo y siempre han sido consideradas genuinas y canónicas, a pesar de los intentos de algunos herejes de eliminarlas3,4. El Papa Benedicto XVI señaló que, aunque algunos exegetas modernos sugieren que estas cartas podrían haber sido escritas por la «Escuela Paulina», reflejan el legado del Apóstol para una nueva generación, e incluso algunas partes de la Segunda Carta a Timoteo parecen tan auténticas que solo podrían haber provenido del propio Pablo5.
El Canon Muratoriano, contemporáneo de San Ireneo, lista las trece epístolas paulinas (excluyendo Hebreos) y destaca que, aunque Pablo escribió dos veces a los Corintios y Tesalonicenses para su corrección, su escritura séptuple a iglesias específicas demuestra que hay una única Iglesia extendida por todo el mundo. Además, las cartas a Filemón, Tito y Timoteo, aunque personales, son santificadas en la estima de la Iglesia Católica y en la regulación de la disciplina eclesiástica6.
Epístolas Católicas
Las Epístolas Católicas son siete cartas que, a diferencia de las paulinas dirigidas a personas o iglesias específicas, fueron enviadas a los fieles en general, a la manera de una carta encíclica7. Estas son7:
Primera y Segunda Epístola de San Pedro7
Primera, Segunda y Tercera Epístola de San Juan7
Aunque la Segunda y Tercera Epístola de San Juan están dirigidas a personas particulares, se consideran católicas porque siempre se han agrupado con las epístolas que llevan ese nombre7. Estas epístolas se describen generalmente como post-paulinas y se nombran por su autor inspirado, no por el destinatario1.

