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Epístola

Una epístola es un escrito dirigido a una persona, una comunidad o un grupo de destinatarios. En el cristianismo, el término designa especialmente varios libros del Nuevo Testamento, muchos de ellos redactados en forma de carta para comunicar enseñanzas, responder a problemas y orientar la vida de las primeras comunidades. La diferencia entre carta y epístola resulta útil como distinción literaria, pero no constituye una clasificación absoluta.

Epistle to Galatians Illuminated
Ver información de la imagenEpístola a los Gálatas iluminada. http://perso.wanadoo.fr/image26/2NT/Gal_01,01_Freedom%20and%20responsability/pages/15%20Illuminator%20Paul%20gives%20his%20Epistle%20to%20a%20Galatian%20bis.htm, autor desconocido, Dominio Público. 📄
Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEpístola
CategoríaLibro
DescripciónConjunto de libros del Nuevo Testamento redactados en forma de carta para comunicar enseñanzas. Escrito dirigido a una persona, una comunidad o un grupo de destinatarios
ReferenciasHechos de los Apóstoles, Hebreos, Santiago, 1 y 2 Pedro, 1, 2 y 3 Juan, Judas, Corintios, Colosenses, Laodicea, Filemón, Timoteo, Tito
ImportanciaFundamental para la transmisión de la fe, la doctrina y la vida de las primeras comunidades cristianas
TemaEnseñanzas, doctrina e instrucciones para las comunidades cristianas
TipoLibro

Tabla de contenido

Significado y uso del término

La palabra epístola procede del griego epistolḗ, «mensaje» o «carta». En el uso cristiano suele aplicarse a escritos del Nuevo Testamento atribuidos a apóstoles o vinculados a su autoridad. En sentido más amplio, también designa cartas que comunican doctrina o instrucciones a comunidades cristianas. La expresión epístolas apostólicas puede referirse al conjunto de las cartas paulinas -incluida Hebreos en ciertas clasificaciones tradicionales- y a las siete epístolas católicas.1

En la liturgia, epístola también puede nombrar la lectura bíblica que precede al Evangelio, aunque esa lectura no siempre proceda de una carta del Nuevo Testamento. En este artículo, el término se emplea principalmente en su sentido bíblico y literario.

Carta y epístola: una distinción discutida

La investigación histórico-crítica ha empleado a menudo una distinción entre carta y epístola. En una formulación influyente, la carta sería un mensaje circunstancial y personal, ligado a una situación concreta y a destinatarios conocidos; la epístola, en cambio, tendría una intención más general y literaria, con vocación de circular o difundirse entre un público amplio.2

Esta distinción ayuda a describir ciertos rasgos, pero no debe convertirse en una separación rígida. Una carta dirigida a una comunidad concreta puede contener enseñanzas destinadas a otras comunidades; una obra de alcance general puede conservar marcas de una ocasión histórica particular. Por eso, el género y la finalidad de cada escrito requieren análisis individual. La propia tradición bíblica reúne escritos con destinatarios, circunstancias y formas muy diversas.2

Antecedentes y forma epistolar

El Antiguo Testamento conserva ejemplos de correspondencia oficial y comunitaria. Algunos escritos incluyen fórmulas de saludo, identificación del remitente y del destinatario, así como cierres propios de una carta. Entre los ejemplos figuran mensajes dirigidos a reyes y comunicaciones entre autoridades; también aparecen cartas relacionadas con la vida de la comunidad judía.2

El Nuevo Testamento presenta un uso desarrollado de la forma epistolar. Los Hechos de los Apóstoles dan cuenta de cartas enviadas a comunidades, incluida la comunicación de los apóstoles y presbíteros de Jerusalén a los creyentes de Antioquía, Siria y Cilicia. Las cartas de recomendación también formaban parte de la práctica comunitaria; además, la primera carta a los Corintios responde a cuestiones que los propios corintios habían planteado por escrito a Pablo.2

Las epístolas del Nuevo Testamento

Cartas paulinas

El conjunto tradicional de las epístolas paulinas reúne escritos vinculados a san Pablo y a su actividad apostólica. Sus destinatarios incluyen comunidades cristianas y colaboradores particulares. El género permite abordar tanto cuestiones doctrinales como problemas concretos de convivencia, organización y práctica cristiana. La tradición ha incluido Hebreos en algunas agrupaciones paulinas, aunque su forma se aproxima más a una exposición teológica que a una carta ordinaria.2,1

El Nuevo Testamento menciona cartas de Pablo que no han llegado hasta nosotros. La primera carta a los Corintios alude a una comunicación anterior, y la carta a los Colosenses manda intercambiar escritos con la comunidad de Laodicea. Estas referencias muestran que el corpus conservado no necesariamente comprende toda la correspondencia relacionada con el apóstol.2

Epístolas católicas

La denominación epístolas católicas se aplica tradicionalmente a siete escritos: Santiago, primera y segunda de Pedro, primera, segunda y tercera de Juan, y Judas. El adjetivo católicas significa aquí «universales» o de destinatario amplio; no indica que las demás cartas carezcan de valor universal. Esta clasificación distingue el grupo de las cartas paulinas por su tradición y por el modo en que se presentan sus destinatarios.1,3

La relación de estos escritos con figuras apostólicas adopta formas diferentes. En la tradición cristiana, Santiago y Judas aparecen vinculados a figuras reconocidas por la Iglesia primitiva; las cartas de Pedro y las atribuidas a Pablo ocupan un lugar central en la colección de escritos apostólicos. La relación entre autoridad apostólica y redacción literaria debe valorarse caso por caso, sin suponer que todos los escritos siguieron un mismo procedimiento.3,4

Hebreos

La carta a los Hebreos ocupa una posición particular. Aunque ciertas clasificaciones antiguas la agruparon con los escritos paulinos, su composición se describe mejor como una exposición teológica o una homilía escrita que como una carta en sentido estricto. Su inclusión entre las epístolas responde, por tanto, a una convención de clasificación, no a que comparta todos los rasgos formales de la correspondencia paulina.2,1

Composición, autoría y mediación de escribas

La noción antigua de autoría no coincide plenamente con la moderna. En la antigüedad, atribuir un escrito a una persona podía expresar no solo quién había redactado materialmente cada frase, sino también quién autorizaba, promovía o garantizaba su enseñanza. Por ello, la pregunta por la autoría exige distinguir entre la autoridad asociada al escrito y la intervención concreta en su composición.4

La escritura de una carta podía implicar a un amanuense, es decir, un escriba que ponía por escrito el mensaje de otra persona. El remitente podía dictar el contenido y revisar el resultado; también podía conceder al escriba cierto margen para desarrollar la redacción. Algunas cartas conservan indicios de esta colaboración, como saludos del escriba o una firma final escrita por el remitente. La primera carta de Pedro menciona a Silvano en relación con su composición, y varias cartas paulinas incluyen una despedida de puño y letra de Pablo.5

La mediación de un colaborador no equivale automáticamente a una autoría independiente ni resuelve por sí sola todas las cuestiones sobre un escrito. Permite, sin embargo, comprender por qué pueden coexistir la autoridad apostólica y una forma literaria que no reproduce necesariamente el dictado literal del apóstol. La investigación católica contemporánea atiende a estas posibilidades y analiza cada caso atendiendo a su historia, lenguaje, contenido y recepción.5,4

La autoría de algunas cartas continúa siendo objeto de debate académico. Entre las cuestiones discutidas figuran la relación de las cartas pastorales con san Pablo y la composición de la segunda carta de Pedro. Los estudios consideran factores como el vocabulario, el estilo, los temas, el contexto histórico y la posibilidad de colaboración o transmisión de tradiciones apostólicas. Ningún factor aislado basta siempre para resolver la cuestión; además, los especialistas católicos no sostienen una posición única sobre todos los casos.3,4,6

La crítica de estilo requiere especial cautela: una persona puede expresarse de modo distinto según la época, los destinatarios y el asunto tratado. También pueden influir la intervención de un escriba y las convenciones de composición antiguas. Por ello, las diferencias de vocabulario o de tono no prueban por sí solas una autoría distinta, aunque puedan formar parte del análisis conjunto.5

Recepción de las epístolas en la Iglesia antigua

La recepción de las epístolas no se reduce a su mención en una lista de libros. Las comunidades cristianas leían, transmitían e intercambiaban cartas, y algunos escritos llegaron a integrarse en colecciones de autoridad apostólica. La referencia a cartas que debían circular entre comunidades muestra que la transmisión de estos textos estuvo ligada desde temprano a la comunicación eclesial.2

La recepción también implicó interpretar las cartas y afrontar desacuerdos sobre su sentido. Un estudio sobre la tradición paulina observa que surgieron controversias tempranas en torno a la interpretación de Pablo y relaciona esas dificultades con la continuación de la reflexión escrita en círculos vinculados a sus discípulos. Esta historia invita a distinguir entre el escrito inicial, su comprensión en las primeras comunidades y la transmisión de la enseñanza apostólica.3

La aceptación de un escrito bajo el nombre de un apóstol no dependió simplemente de la atribución nominal. La recepción por parte de las Iglesias fue un criterio relevante para reconocer si un escrito transmitía un testimonio considerado auténtico y válido para la fe y la vida cristianas. La discusión antigua sobre autoría y autoridad, por tanto, no se deja reducir a las nociones modernas de firma individual.6,4

Interpretación cristiana de las epístolas

La lectura católica procura comprender cada epístola en su contexto histórico y literario, atendiendo a quién escribe, a quién se dirige y qué propósito persigue. También interpreta cada escrito dentro del conjunto de la Sagrada Escritura y de la fe de la Iglesia. El análisis histórico y la lectura teológica no son tareas incompatibles: ayudan a reconocer cómo comunica su mensaje el autor humano y cómo la Iglesia recibe ese mensaje como parte del canon.7

Por su origen circunstancial, una epístola puede tratar un problema particular y, al mismo tiempo, ofrecer una enseñanza de alcance más amplio. Su interpretación exige evitar tanto la separación del escrito respecto de su situación concreta como la reducción de su significado a esa situación. La lectura debe considerar la intención comunicativa, el destinatario, la forma literaria y la relación del pasaje con el conjunto de la fe cristiana.7

Citas y referencias

  1. Cartas apostólicas, Enciclopedia Católica, Cartas apostólicas (1913). 2 3 4
  2. Epístola (en la Escritura), Enciclopedia Católica, Epístola (en la Escritura) (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  3. Dionisio Farkasfalvy, O.Cist., Fundamentos bíblicos para una teología de la inspiración, 18 (2006). 2 3 4
  4. Dionisio Farkasfalvy, O.Cist., Fundamentos bíblicos para una teología de la inspiración, 11 (2006). 2 3 4 5
  5. Scripta Theologica, San Pablo. La aportación del apóstol a la teología de la Iglesia primitiva, 3 (1978). 2 3
  6. Scripta Theologica, Recensiones 2, 8 (1986). 2
  7. Santiago B. Prothro, Historia, ilocución y exégesis teológica: La lectura de la epístola de Pablo a Filemón, 2 (2020). 2
Modificado el 26 de septiembre de 2026 • FideScore™ 8.79 • 71 visitas • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/zd5pf85c6

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