La vida eremítica tiene profundas raíces en la tradición cristiana, con precursores en el Antiguo Testamento como Elías y Juan el Bautista, y el propio Cristo, quien se retiró a la soledad de las montañas3,6,7. Sin embargo, la vida eremítica propiamente dicha comenzó durante las persecuciones, con San Pablo de Tebas (c. 250 d.C.) como uno de los primeros ejemplos conocidos3,6.
Primeros Eremitas y el Desierto Egipcio
Fue San Antonio de Egipto (c. 250-356), considerado el fundador del monacato anacorético, quien popularizó esta forma de vida a principios del siglo IV3,6,8. Los primeros solitarios, pocos en número, eligieron este modo de vida por iniciativa propia3. Tras las persecuciones, el número de ermitaños aumentó considerablemente en Egipto, Palestina, la península del Sinaí, Mesopotamia, Siria y Asia Menor3.
En Egipto, la tradición monástica conoció, junto a los modelos anacoréticos y cenobíticos, una vía media de ermitaños que vivían en comunidad, formando una lavra9,10. Los primeros monjes fueron anacoretas que se retiraron lejos de sus semejantes para dedicarse por completo a la oración9. Con el tiempo, se desarrollaron «aldeas monásticas» debido al deseo de estar cerca de un «padre espiritual», la necesidad de acceso a una fuente de agua y el anhelo de participar en la liturgia eucarística9.
La Extensión al Occidente y la Consolidación
La vida eremítica se extendió a Occidente en el siglo IV, floreciendo especialmente en los dos siglos siguientes, hasta que la experiencia demostró las ventajas de la organización cenobítica3. Muchos de los que contribuyeron a difundir el ideal cenobítico fueron originalmente solitarios, como San Severino de Nórica y San Benito de Nursia3. Con frecuencia, los monasterios surgieron de la celda de un ermitaño que reunió a un grupo de discípulos a su alrededor3,4.
A partir del siglo VII, se encuentran casos de monjes que, a intervalos, llevaban una vida eremítica3. A lo largo de la historia, la Iglesia ha mostrado preocupación por organizar a los ermitaños en comunidades, aunque muchos preferían su independencia y soledad3.

