El error en cuestión afirma que el asentimiento de fe, es decir, la adhesión intelectual y voluntaria a las verdades reveladas por Dios, se fundamenta en una acumulación de probabilidades o en un conocimiento meramente probable de la Revelación.1,2 Esta concepción reduce la fe a un juicio humano prudencial, similar al que se emplea en asuntos temporales, donde las pruebas no alcanzan certeza absoluta pero acumulan fuerza suficiente para actuar. Sin embargo, la Iglesia enseña que la fe es un don sobrenatural que produce un asentimiento pleno y firme, no condicionado por dudas o temores residuales sobre la veracidad divina.3
Este planteamiento surge en contextos de controversias teológicas, particularmente durante el periodo postreformado y modernista, donde algunos pensadores intentaron racionalizar la fe para hacerla más accesible a la razón crítica. Se contrapone radicalmente a la doctrina tradicional, que distingue entre los motivos de credibilidad (milagros, profecías, etc., que son probabilísticos en su demostración racional) y el acto de fe propiamente dicho, que trasciende la mera lógica por intervención de la gracia.2
