Subjetivización y relativización de los dogmas
Un error fundamental es tratar los dogmas como símbolos arbitrarios que responden a necesidades momentáneas del «sentimiento religioso», no como conformidad objetiva con la realidad divina. Los modernistas argumentaban que la historia de los dogmas muestra «formas sucesivas» de la verdad revelada, adaptadas a épocas distintas, lo que implica su caducidad.
Esto viola el principio de que los dogmas son irrevocables, aunque expresados en lenguaje humano interpretable según el contexto cultural antiguo. Por ejemplo, interpretar Génesis 1 no como cosmología hebrea literaria, sino como mito evolutivo, ignora su sentido teológico perenne: Dios como Creador trascendente.
Imposición de certezas científicas sobre la Revelación
Otro error es afirmar como dogma científico incuestionable teorías no demostradas plenamente, como la evolución del cuerpo humano, sin moderación. Pío XII advirtió contra quienes «transgreden esta libertad de discusión, actuando como si el origen del cuerpo humano de materia preexistente estuviera ya completamente cierto y probado».
Esto lleva a subordinar la fe a la ciencia, negando que almas son creadas inmediatamente por Dios o que la creación refleja un orden inteligente. La Iglesia permite investigación, pero exige que se someta al Magisterio, evitando racionalismos que excluyen lo sobrenatural.
Confusión metodológica entre fe y ciencia
La ciencia emplea métodos empíricos y provisionales; la teología, la Revelación y la razón iluminada por la fe. Confundirlos genera «cortocircuitos» dañinos: la ciencia invade lo metafísico, y la fe se reduce a hipótesis verificables.,
Por instancia, ante el Big Bang, algunos ven confirmación directa del Fiat divino, mientras la Iglesia enfatiza que la inteligibilidad del universo apunta a la Sabiduría de Dios, sin equiparar hipótesis científicas a dogma.,