La Reforma protestante no constituyó una transformación uniforme del catolicismo en una única confesión. Comprendió procesos diferentes, vinculados principalmente a Martín Lutero en los territorios alemanes, Ulrico Zuinglio en Suiza y Juan Calvino en Ginebra y otros lugares. También surgieron corrientes menores, como los anabaptistas, los espiritualistas, los antitrinitarios y diversos grupos de tendencia radical.1
La ruptura comenzó en el contexto de la cristiandad latina del siglo XVI. León X ocupó el pontificado entre 1513 y 1521; Adriano VI, entre 1522 y 1523; Clemente VII, entre 1523 y 1534; y Pablo III, entre 1534 y 1549.2 La respuesta católica alcanzó una formulación decisiva durante el pontificado de Pablo III, que convocó el Concilio de Trento, iniciado en 1545. El concilio aclaró la doctrina católica y promovió la reforma del clero y de la disciplina eclesiástica.3
La palabra error posee aquí un sentido teológico: designa una proposición contraria a una verdad enseñada por la Iglesia, no una descalificación global de toda persona protestante ni una atribución automática de mala fe a los reformadores.

