Los errores de replantear conceptos doctrinales según el progreso científico se refieren a la tesis de que los dogmas de fe, una vez proclamados por la Iglesia, deben reinterpretarse o adaptarse a nuevas teorías científicas, filosóficas o culturales para mantener su relevancia. Esta postura implica que las fórmulas dogmáticas no expresan verdades absolutas, sino aproximaciones provisionales sujetas a evolución, lo que socava la infallibilidad de la Iglesia en materia de fe y moral.1
En el marco de la teología católica, el depósito de la fe es un conjunto cerrado de verdades reveladas por Dios, confiado a la Esposa de Cristo para su custodia fiel. Cualquier alteración en el sentido de los dogmas —bajo el argumento de un «progreso» científico— equivale a un relativismo doctrinal que la Iglesia ha condenado desde el siglo XIX, especialmente ante los desafíos del modernismo y el racionalismo.3,4
Origen histórico de estos errores
Estos errores emergen en contextos de tensión entre fe y razón, particularmente durante la Ilustración y el positivismo del XIX, cuando se pretendía someter la revelación a los criterios de la ciencia empírica. Pensadores influenciados por el evolucionismo o el historicismo postulaban que la doctrina cristiana debía «evolucionar» para no quedar obsoleta, negando así la trascendencia divina de la verdad revelada.5
