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Errores del liberalismo y progresismo

Los errores del liberalismo y del progresismo, entendidos en sentido teológico y eclesial, consisten principalmente en subordinar la verdad revelada, la ley moral y la autoridad de la Iglesia a la autonomía absoluta del individuo, a la opinión pública o a una idea de progreso concebida como ruptura con la tradición cristiana. La doctrina católica distingue entre las legítimas libertades civiles, el desarrollo histórico de las formas políticas y la autonomía propia de las realidades temporales, por una parte, y el liberalismo doctrinal, el naturalismo, el relativismo y el modernismo, por otra.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreErrores del liberalismo y progresismo
CategoríaTérmino
DescripciónCrítica católica que identifica y condena las doctrinas liberalismo doctrinal y progresismo rupturista por su relativismo, naturalismo y modernismo. Conjunto de errores teológicos y eclesiales que subordina la verdad revelada, la ley moral y la autoridad de la Iglesia a la autonomía absoluta del individuo, la opinión pública o al progreso como ruptura con la tradición cristiana
Referencias
ContextoAnálisis dentro del magisterio de la Iglesia, citando encíclicas, documentos de la Congregación para la Doctrina de la Fe y el Catecismo.
Contexto HistóricoBasado en enseñanzas de Pío IX, Pío X, Juan Pablo II y documentos como Quanta Cura (1864) y Pascendi Dominici Gregis (1907).
Enseñanzas Principales1) La libertad humana sólo se cumple en la verdad. 2) Rechazo del naturalismo y del relativismo religioso. 3) La autoridad política no puede sustituir la ley moral. 4) Distinción entre reforma legítima y ruptura modernista. 5) La autonomía absoluta del individuo es incompatible con la fe católica.
Impacto HistóricoHa moldeado la doctrina social y moral católica del siglo XX y XXI, influyendo en la enseñanza sobre la libertad y la verdad.
ImportanciaClarifica la posición oficial de la Iglesia frente a corrientes liberales y progresistas contemporáneas y guía la práctica moral y social.
TemaLiberalismo, progresismo, verdad revelada, libertad, ley natural, bien común, relativismo, modernismo.
TipoDoctrina

Tabla de contenido

Terminología y alcance

Liberalismo en sentido político y liberalismo doctrinal

La palabra liberalismo posee varios significados históricos. En el ámbito político puede designar la defensa de determinadas libertades civiles, la limitación del poder arbitrario, la participación ciudadana, la protección jurídica de la persona o la economía de mercado. Ninguno de esos elementos, considerado aisladamente, identifica necesariamente una doctrina incompatible con la fe católica.

En sentido teológico, el liberalismo condenado por el magisterio pontificio afirma la autonomía absoluta del ser humano en los órdenes intelectual, moral y social. Según esta concepción, la razón individual, la voluntad de la mayoría o la libertad de expresión constituirían la instancia suprema para determinar la verdad, el bien y la organización de la sociedad. La Catholic Encyclopedia describía este liberalismo como una doctrina que, al proclamar la autonomía absoluta del hombre, termina negando prácticamente a Dios y a la religión sobrenatural.1

El problema no reside, por tanto, en toda defensa de la libertad política, sino en la transformación de la libertad en un principio desligado de la verdad, de la ley natural y del bien común. La libertad cristiana no equivale a la facultad de hacer cualquier cosa, sino a la capacidad de realizar el bien con responsabilidad y con la ayuda de la gracia.

Progresismo en sentido técnico

Progresismo tampoco constituye una categoría unívoca. En el lenguaje ordinario puede referirse legítimamente al deseo de mejorar las instituciones, promover la justicia social, corregir abusos o aplicar la doctrina cristiana a nuevas circunstancias. En ese sentido, la Iglesia reconoce la necesidad de un desarrollo histórico, prudencial y social.

En sentido teológico, el progresismo designa aquí la postura que convierte el cambio histórico en criterio supremo de verdad y considera superada cualquier enseñanza católica que no coincida con la mentalidad contemporánea. Este progresismo puede adoptar una forma eclesial cuando reclama modificar la doctrina, la moral, la estructura sacramental o la constitución de la Iglesia para adaptarlas a las exigencias culturales del momento.

El término no debe utilizarse como una etiqueta indiscriminada contra toda reforma, renovación pastoral o compromiso social. El objeto de la crítica católica es el progresismo rupturista, que interpreta la historia como una autoridad superior a la Revelación y concibe la Iglesia como una construcción humana permanentemente redefinible.

Principios católicos sobre la verdad, la libertad y la sociedad

La verdad como fundamento de la libertad

La Iglesia enseña que la libertad humana alcanza su plenitud en la verdad. Juan Pablo II expresó esta doctrina con una fórmula precisa:

«La libertad de conciencia nunca es libertad de la verdad, sino siempre y únicamente libertad en la verdad».2

La conciencia no crea la ley moral. Constituye el juicio mediante el cual la persona reconoce la obligación concreta de hacer el bien y evitar el mal. Una conciencia puede equivocarse, pero el error no convierte el mal en bien ni concede un derecho moral a actuar contra la verdad conocida.

La formación de la conciencia requiere educación, virtud, oración, conocimiento de la doctrina cristiana y atención al magisterio de la Iglesia. La conciencia cristiana no vive aislada de la Revelación, sino abierta a Dios, autor de la ley moral y fuente de la dignidad humana. La teología de la conciencia como libertad en la verdad rechaza tanto el autoritarismo que elimina la responsabilidad personal como el subjetivismo que convierte el propio parecer en norma absoluta.3

La ley natural y el bien común

La razón humana puede reconocer ciertos principios morales fundamentales inscritos en la naturaleza de la persona. La Iglesia enseña que la autoridad política no inventa el bien y el mal, sino que debe ordenar la vida social conforme a la justicia, proteger la dignidad humana y promover el bien común.

Una sociedad no puede considerarse plenamente justa sólo porque haya aprobado una norma mediante procedimientos democráticos. La legitimidad formal de una ley no garantiza su legitimidad moral. La autoridad civil posee competencia propia en los asuntos temporales, pero no puede convertir la injusticia en justicia ni presentar como derecho aquello que contradice la dignidad humana.

Juan Pablo II puso como ejemplos de exigencias universales de la ley moral la inadmisibilidad del aborto, la esterilización y la eutanasia. La enseñanza de la Iglesia sobre estas materias no pretende imponer una moral arbitraria, sino expresar verdades vinculantes para toda conciencia humana.2

La dimensión pública de la religión

La fe católica no reduce la religión a una convicción privada sin consecuencias sociales. La religión influye legítimamente en la cultura, la educación, la familia, la política y la vida económica, siempre respetando la justa autonomía de las realidades temporales.

Pío IX criticó el naturalismo político que pretendía organizar la sociedad como si Dios no existiera o como si la religión verdadera y las falsas religiones poseyeran exactamente el mismo valor. La condena se dirigía contra la exclusión sistemática de Dios de la vida pública y contra la pretensión de que el Estado pudiera definir la sociedad sin referencia alguna a la ley moral.4

Esta enseñanza no autoriza a confundir el orden político con el eclesiástico ni justifica cualquier forma de confesionalidad estatal. La Iglesia reconoce la libertad religiosa y la dignidad de la persona, pero no identifica esa libertad con el relativismo religioso.

La libertad de conciencia: derecho civil y error teológico

Libertad de conciencia como derecho civil

La libertad de conciencia, en el ámbito jurídico y político, protege a la persona frente a la coacción externa en la búsqueda de la verdad religiosa y en la adhesión a ella. La Iglesia reconoce que la dignidad humana exige que nadie sea obligado a actuar contra su conciencia en materia religiosa ni impedido de actuar conforme a ella dentro de los justos límites del orden público.

La libertad religiosa no nace de una supuesta igualdad objetiva entre todas las religiones. La Congregación para la Doctrina de la Fe enseñó que este derecho se funda en la dignidad ontológica de la persona, no en la afirmación de que todas las religiones y doctrinas posean el mismo valor.5

Por tanto, la libertad civil protege a la persona contra la coacción, pero no transforma el error en verdad. El Estado puede reconocer jurídicamente un ámbito de libertad para evitar la violencia y proteger la convivencia, incluso cuando determinadas opiniones religiosas sean objetivamente erróneas. Esta tolerancia jurídica no implica indiferentismo doctrinal.

Libertad de conciencia como autonomía absoluta

Otra concepción identifica la libertad de conciencia con el derecho ilimitado de cada individuo a definir por sí mismo la verdad, el bien y el mal. Esta doctrina convierte la conciencia subjetiva en fuente última de la moral y niega toda autoridad superior, incluida la ley natural, la Revelación y el magisterio de la Iglesia.

Pío IX condenó la idea de una libertad absoluta por la que cada ciudadano pudiera manifestar públicamente cualquier doctrina sin referencia a la verdad ni a la autoridad moral. La encíclica Quanta cura calificó esta concepción de «libertad de perdición», porque confunde la ausencia de coacción con la perfección de la libertad.4

La diferencia puede resumirse así:

  • Libertad civil de conciencia: derecho de la persona a no sufrir coacción injusta en materia religiosa.
  • Autonomía absoluta de la conciencia: pretensión de que el individuo sea la fuente última de toda verdad y obligación moral.
  • Libertad cristiana: capacidad de conocer, amar y realizar el bien en conformidad con la verdad.

La Iglesia defiende la primera y rechaza la segunda. La tercera ofrece el sentido pleno de la libertad humana.

Principales errores del liberalismo doctrinal

Naturalismo

El naturalismo excluye la Revelación y la gracia sobrenatural de la comprensión del hombre y de la sociedad. Considera suficiente la razón autónoma para explicar el sentido de la existencia, la moralidad y el destino humano.

La doctrina católica afirma, en cambio, que la razón puede conocer verdades importantes sobre Dios y la ley natural, pero que el hombre necesita la Revelación para conocer con certeza y plenitud el designio salvador de Dios. El naturalismo reduce la religión a una producción cultural o psicológica y termina tratando la fe como una opción privada sin verdad objetiva.

Racionalismo

El racionalismo concede a la razón humana una competencia ilimitada y rechaza todo contenido que no pueda deducirse mediante los métodos de la razón autónoma. Desde esta perspectiva, el misterio, el milagro y la Revelación pierden su carácter sobrenatural.

La fe católica no desprecia la razón. La Iglesia enseña que fe y razón proceden de Dios y no pueden contradecirse. El error racionalista consiste en someter la Revelación a un tribunal humano que acepta únicamente aquello que encaja en sus propios límites.

Relativismo religioso

El relativismo sostiene que ninguna religión posee la verdad plena o que todas las religiones tienen el mismo valor doctrinal. La Iglesia rechaza esta postura porque confunde la dignidad de las personas con la igualdad de las doctrinas.

La libertad religiosa no contradice la condena del indiferentismo ni del relativismo. La Congregación para la Doctrina de la Fe afirmó expresamente que el reconocimiento de la libertad religiosa se funda en la dignidad humana y no en la equiparación de todas las religiones.5

Soberanía absoluta del individuo

El liberalismo doctrinal coloca al individuo por encima de toda verdad recibida. La persona deja de comprenderse como criatura y pasa a concebirse como autora absoluta de sí misma.

Esta postura afecta a todos los ámbitos de la existencia:

  • En la moral, transforma el deseo subjetivo en criterio del bien.
  • En la familia, desvincula el matrimonio de su naturaleza y finalidad.
  • En la política, convierte la voluntad de la mayoría en fuente suprema del derecho.
  • En la educación, desplaza la transmisión de la verdad en favor de una neutralidad entendida como ausencia de toda orientación moral.
  • En la religión, reduce la fe a una preferencia personal revisable.

Libertad de expresión sin responsabilidad moral

La tradición católica no considera la libertad de expresión un derecho ilimitado. La comunicación humana debe respetar la verdad, la fama de las personas, la moral pública y el bien común.

Pío IX criticó la doctrina que defendía una libertad absoluta para difundir cualquier opinión sin restricciones de orden moral. La Iglesia no sostiene que toda intervención estatal sobre la expresión sea legítima; enseña que las libertades deben ordenarse a la verdad y al bien y que la autoridad debe actuar con justicia y prudencia.4

Principales errores del progresismo rupturista

La identificación entre novedad y verdad

El progresismo rupturista considera que lo nuevo posee una autoridad especial por el mero hecho de ser nuevo. Este criterio sustituye la verdad por la actualidad y convierte la moda cultural en norma teológica.

La novedad puede representar un avance, una regresión o una simple variación histórica. La Iglesia discierne las novedades mediante la Revelación, la Tradición, la razón y la experiencia cristiana, no mediante la aceptación automática de las tendencias dominantes.

Pío X describió el modernismo como una corriente que sometía el dogma, la Iglesia, el culto, la Sagrada Escritura y la fe a una evolución permanente.6

La adaptación de la doctrina a la cultura dominante

El progresismo teológico pretende modificar la doctrina para hacerla compatible con los valores culturales predominantes. Cuando una sociedad cambia su concepción del matrimonio, de la sexualidad, de la vida humana o de la religión, esta postura reclama que la Iglesia cambie también su enseñanza.

La Iglesia puede cambiar formas pastorales, lenguajes, instituciones disciplinares y métodos de evangelización. Sin embargo, no puede alterar el contenido esencial de la Revelación ni declarar falso hoy lo que antes enseñó como verdadero.

El gobierno de la opinión pública sobre la Iglesia

Una expresión característica del progresismo eclesial consiste en presentar la opinión pública, la experiencia individual o la presión sociológica como fuentes de doctrina. Pío X describió una dinámica según la cual las conciencias individuales ejercerían presión sobre la autoridad hasta obligarla a aceptar un compromiso entre la tradición y el supuesto progreso.7

La Iglesia escucha las preguntas de cada época, pero no recibe de la sociedad la autoridad para definir la fe. El magisterio debe interpretar auténticamente el depósito de la fe, no negociar su contenido con las corrientes culturales.

El desprecio de la autoridad doctrinal

El progresismo rupturista suele presentar la autoridad doctrinal como un obstáculo para la libertad y la creatividad. La obediencia eclesial aparece entonces como una forma de inmadurez, mientras que la discrepancia pública se interpreta como un signo de autenticidad.

Pío X vinculó el modernismo con el desprecio de la autoridad y con una falsa concepción de la conciencia. También relacionó su expansión con la soberbia intelectual, la búsqueda desordenada de novedades y la negativa a someter el pensamiento a la verdad recibida.8,9

La reducción de la fe a experiencia subjetiva

El modernismo descrito por Pío X interpreta la religión como fruto de un sentimiento o de una necesidad interior de lo divino. Desde esta perspectiva, la fe ya no recibe principalmente una verdad objetiva procedente de Dios, sino que expresa la experiencia religiosa de la comunidad o del individuo.8

La fe católica incluye una experiencia personal de encuentro con Dios, pero no se reduce a sentimiento. El cristiano cree en una Revelación histórica y objetiva: Dios ha hablado y ha actuado en Jesucristo. La Iglesia custodia esta Revelación y la transmite mediante la Sagrada Escritura y la Tradición apostólica.

Desarrollo orgánico de la doctrina y ruptura modernista

El auténtico desarrollo doctrinal

La Iglesia distingue entre el crecimiento de la comprensión de la fe y la modificación de su contenido. Con el paso del tiempo, la Iglesia puede expresar con mayor precisión una verdad ya recibida, responder a nuevas objeciones, aclarar conceptos y extraer consecuencias doctrinales.

El desarrollo orgánico conserva la identidad del dogma. La inteligencia, la ciencia y la sabiduría pueden progresar dentro de la Iglesia, pero el crecimiento debe mantener «el mismo dogma, el mismo sentido y la misma interpretación».10

Este desarrollo puede compararse con el crecimiento de un organismo vivo: existe expansión real, pero permanece la identidad fundamental. Una definición dogmática posterior no crea una verdad nueva en sentido absoluto; formula con mayor precisión una verdad contenida en la Revelación y transmitida por la Iglesia.

La ruptura modernista

La ruptura modernista entiende la doctrina como una construcción histórica provisional, dependiente de las necesidades psicológicas y sociales de cada época. En esta perspectiva, los dogmas evolucionan porque cambian las experiencias religiosas y las condiciones culturales.

Pío X rechazó la idea de que la Revelación fuera imperfecta y estuviera sometida a un progreso indefinido conforme avanzara la razón humana. La fe revelada no constituye una teoría humana que la Iglesia pueda perfeccionar a voluntad, sino un depósito divino confiado a la Iglesia para que lo guarde y lo interprete fielmente.10

La diferencia fundamental aparece en la fuente del progreso:

  • El desarrollo orgánico procede de la profundización de una verdad revelada que conserva su identidad.
  • La ruptura modernista hace depender la verdad religiosa de la evolución de la conciencia humana.
  • La reforma pastoral legítima cambia métodos y expresiones sin alterar la fe.
  • La reforma rupturista pretende cambiar la fe para acomodarla a la cultura.

El modernismo como síntesis de errores

El modernismo histórico condenado por Pío X no constituía simplemente una preferencia pastoral o una sensibilidad cultural. Presentaba una combinación de agnosticismo, inmanentismo, historicismo y relativización del dogma.

Agnosticismo

El agnosticismo modernista limita el conocimiento racional a los fenómenos y excluye la posibilidad de conocer a Dios por la razón. La religión queda entonces vinculada a una experiencia subjetiva o vital, no a una verdad sobrenatural comunicada por Dios.8

Inmanentismo religioso

El inmanentismo sitúa el origen de la religión en la interioridad humana. La fe brotaría de una necesidad vital de lo divino y no de una iniciativa real de Dios que se revela.

La doctrina católica reconoce la apertura del corazón humano a Dios, pero afirma que la Revelación procede de Dios y supera las capacidades naturales del hombre. La aspiración religiosa humana no produce por sí misma la Encarnación, la Redención ni los sacramentos.

Historicismo dogmático

El historicismo dogmático convierte cada formulación de la fe en un producto condicionado por su época. El dogma queda subordinado a la conciencia colectiva y puede recibir sentidos incompatibles entre sí.

La Iglesia admite que las formulaciones dogmáticas poseen una historia y que la comprensión teológica puede profundizar. Rechaza, sin embargo, que el sentido esencial de un dogma pueda invertirse bajo el pretexto de una nueva época.

Indiferentismo

El indiferentismo considera irrelevante la distinción entre verdad y error en materia religiosa. Bajo una apariencia de tolerancia, termina negando el deber de buscar la verdad y de adherirse a ella.

La libertad religiosa defendida por la Iglesia no implica que todas las religiones sean igualmente verdaderas. El derecho civil protege la dignidad y la libertad de la persona; no establece una equivalencia doctrinal entre la Revelación cristiana y cualquier otra propuesta religiosa.5

Consecuencias antropológicas, familiares y sociales

Reducción de la persona a autonomía

El liberalismo y el progresismo radicales tienden a comprender a la persona como voluntad autónoma. La identidad queda desligada de la naturaleza, del cuerpo, de la filiación, de la responsabilidad y de la relación con Dios.

La antropología cristiana presenta al ser humano como criatura racional, libre y responsable, creado a imagen de Dios y llamado a la comunión con Él. La libertad no consiste en inventar arbitrariamente la propia naturaleza, sino en realizar el bien conforme a la verdad del ser humano.

Crisis del matrimonio y de la familia

Cuando la autonomía individual se convierte en criterio supremo, el matrimonio queda reducido a un contrato afectivo revocable. La estabilidad, la apertura a la vida y la complementariedad entre el varón y la mujer pierden su carácter objetivo.

La doctrina católica comprende el matrimonio como alianza entre un hombre y una mujer, ordenada al bien de los cónyuges y a la generación y educación de los hijos. La familia no constituye una simple asociación privada, sino una institución natural anterior al Estado.

Desvinculación entre libertad y virtud

El liberalismo moral presenta la libertad como capacidad de elegir sin referencia al bien. El progresismo consumista añade la idea de que todo límite moral constituye una opresión.

La Iglesia enseña que la virtud perfecciona la libertad. El Catecismo describe la perfección moral como la integración de la voluntad y de los afectos en el amor al bien.11 Las pasiones y emociones forman parte de la vida humana, pero necesitan ordenación racional y moral; por sí solas no constituyen un criterio suficiente de conducta.12

Confusión entre progreso técnico y progreso humano

La ciencia y la técnica pueden mejorar las condiciones materiales de la vida, pero no garantizan por sí mismas la conversión moral ni la felicidad. El progreso técnico puede convivir con la injusticia, la explotación, la violencia y la pérdida del sentido de la vida.

La crítica católica no rechaza el progreso científico, económico o político. Rechaza la idolatría del progreso, que interpreta toda novedad como mejora y considera innecesaria la ley moral. La tradición cristiana exige ordenar la técnica al servicio de la persona, de la familia, de la justicia y del bien común.

La relación entre Iglesia y Estado

Autonomía legítima de las realidades temporales

La Iglesia reconoce que el Estado posee una competencia propia en la organización de la vida civil. Las autoridades políticas no reciben de la Iglesia instrucciones técnicas sobre cada decisión administrativa, económica o legislativa.

Esta autonomía no significa independencia absoluta respecto de la ley moral. La política debe respetar la dignidad humana, la justicia, la familia y los derechos fundamentales. Una autoridad civil que niega estos principios pierde su orientación hacia el bien común.

Laicidad y laicismo

La laicidad puede significar una distinción justa entre las funciones de la Iglesia y del Estado, sin negar la presencia pública de la religión. El laicismo, en cambio, pretende excluir a Dios y a la religión de la vida social o someterlos a una posición de inferioridad.

Pío IX criticó el naturalismo que quería gobernar la sociedad sin tener en cuenta la religión.4 La Iglesia no identifica la neutralidad estatal con la hostilidad hacia la fe ni acepta que el Estado imponga una cosmovisión atea bajo la apariencia de neutralidad.

Discernimiento católico ante las reformas

La Iglesia puede promover reformas sociales y eclesiales cuando buscan una mayor fidelidad al Evangelio. La renovación auténtica corrige abusos, purifica costumbres, mejora la organización y hace más eficaz la evangelización.

La reforma legítima conserva la identidad de la Iglesia. Una interpretación de la renovación como ruptura con el pasado contradice la continuidad histórica del único sujeto eclesial. La hermenéutica de la reforma entiende el crecimiento de la Iglesia como renovación en continuidad, no como creación de una Iglesia nueva separada de la anterior.13

El discernimiento debe formular varias preguntas:

  • ¿La propuesta conserva la Revelación y la Tradición apostólica?
  • ¿Respeta la naturaleza humana y la ley moral?
  • ¿Distingue entre cambiar una disciplina y cambiar una verdad de fe?
  • ¿Busca la conversión y la santidad o sólo la aceptación cultural?
  • ¿Promueve la libertad ordenada al bien o la autonomía absoluta?
  • ¿Fortalece la comunión eclesial o convierte la discrepancia en principio permanente?

Valoración católica de las libertades modernas

La crítica al liberalismo doctrinal no equivale a rechazar toda libertad civil. La Iglesia defiende la dignidad de la persona, la responsabilidad moral, la libertad religiosa frente a la coacción, la participación social y la protección de los derechos fundamentales.

El criterio decisivo consiste en distinguir los bienes verdaderos que algunas corrientes liberales han defendido de los principios erróneos que los han acompañado. La libertad política puede proteger a la persona; la libertad moral necesita la verdad. La democracia puede favorecer la participación; no puede convertir la mayoría en medida absoluta de la justicia. La pluralidad social puede evitar la persecución; no debe transformarse en indiferentismo religioso.

Conclusión

El liberalismo y el progresismo resultan incompatibles con la doctrina católica cuando convierten la autonomía humana, la opinión pública o la novedad histórica en criterios supremos de verdad y moralidad. Sus errores principales consisten en separar la libertad de la verdad, la conciencia de la ley moral, la política de la religión, el progreso de la virtud y la renovación de la continuidad doctrinal.

La Iglesia distingue cuidadosamente entre libertad civil y autonomía moral absoluta, entre desarrollo orgánico y ruptura modernista, y entre reforma pastoral y transformación de la fe. La libertad auténtica no consiste en vivir sin verdad, sino en conocer el bien, adherirse a él y realizarlo responsablemente.

Citas y referencias

  1. Liberalismo. Enciclopedia Católica, Liberalismo (1913).
  2. A los obispos de la Iglesia en los estados de Texas, Oklahoma y Arkansas (EE. UU.) en su visita «ad limina», Papa Juan Pablo II. A los obispos de la Iglesia en los estados de Texas, Oklahoma y Arkansas (EE. UU.) en su visita «ad limina» (27 de junio de 1998), 4 (1998). 2
  3. Libertad de conciencia como libertad en la verdad: ¿Cómo se logra y cómo se sostiene bajo el dominio público de su falsificación? , Reinhard Hütter. Conciencia «Realmente Llamada» y su falsificación: John Henry Newman y Tomás de Aquino sobre qué es la conciencia y por qué importa, 48 (2014).
  4. Quanta cura, Papa Pío IX. Quanta Cura (8 de diciembre de 1864), 1 (1864). 2 3 4
  5. IV. Consideraciones sobre aspectos particulares, Congregación para la Doctrina de la Fe. La participación de los católicos en la vida política, 8 (2002). 2 3
  6. Análisis de la enseñanza modernista - La evolución de la doctrina, Papa Pío X. Pascendi Dominici Gregis, 26 (1907).
  7. Análisis de la enseñanza modernista - La evolución de la doctrina, Papa Pío X. Pascendi Dominici Gregis, 27 (1907).
  8. Pascendi Dominici Gregis, Papa Pío X. Pascendi Dominici Gregis (08-09-1907). 2 3
  9. La causa del modernismo - Modernismo y todas las herejías, Papa Pío X. Pascendi Dominici Gregis, 40 (1907).
  10. Análisis de la enseñanza modernista - La evolución de la doctrina, Papa Pío X. Pascendi Dominici Gregis, 28 (1907). 2
  11. Catecismo de la Iglesia católica. Catecismo de la Iglesia Católica, 1770 (1992).
  12. Catecismo de la Iglesia católica. Catecismo de la Iglesia Católica, 1771 (1992).
  13. George Weigel. Rescatando Gaudium et Spes: El nuevo humanismo de Juan Pablo II, 3 (2010).
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