La Congregación para la Doctrina de la Fe y los pontífices posteriores han enumerado diversos errores que socavan la estructura misma de la teología moral católica. Estos se caracterizan por un abandono de los principios perennes en favor de adaptaciones subjetivas o culturales.
Relativismo moral y deterioro ético
El relativismo moral se presenta como una de las amenazas más graves, al reducir la fe y la Iglesia a lo meramente privado, rechazando lo trascendente y fomentando un debilitamiento del sentido del pecado. Esta corriente cultural, potenciada por la secularización, equipara todas las opciones éticas, promoviendo una tolerancia acrítica que ignora normas objetivas válidas para todos.
La secularización tiende a reducir la fe y la Iglesia a la esfera de lo privado y personal. Además, al rechazar completamente lo trascendente, ha producido un creciente deterioro de la ética.
En el ámbito teológico, este relativismo se traduce en una desconfianza en la sabiduría de Dios, que guía al hombre mediante la ley moral, oponiendo las «situaciones concretas» a las prescripciones divinas. Los fieles, influenciados por ideologías seculares como el liberalismo o el marxismo, visten con lenguaje cristiano normas morales ajenas a la Tradición, confundiendo la voluntad de Dios con modas culturales.
Ética de la situación y rechazo de la ley natural
La ética de la situación niega la existencia de normas morales universales, argumentando que la bondad de un acto depende exclusivamente de las circunstancias concretas. Este error, calificado de «deletereo», rechaza los criterios objetivos de moralidad y la ley natural, prefiriendo un juicio autónomo desvinculado de principios eternos.
Teólogos modernos han promovido esta visión al priorizar la casuística sobre normas inmutables, similar a lo criticado por Jesús en el Evangelio sobre el divorcio. Como resultado, se difunden opiniones erróneas sobre la sexualidad y el matrimonio, áreas particularmente afectadas.
Proporcionalismo y consecuencialismo
El proporcionalismo y el consecuencialismo evalúan los actos morales por el equilibrio de bienes y males en sus efectos, en lugar de su intrínseca bondad. Estas metodologías erróneas, surgidas para justificar prácticas como la contracepción, reducen la moral a cálculos utilitarios, ignorando la dimensión objetiva del acto humano.
San Juan Pablo II denunció estas posturas por su falta de confianza en la providencia divina, que provee normas adecuadas para toda situación. En contraste con el realismo moral católico, centrado en la participación de la razón humana en la ley eterna, estos enfoques fomentan un empirismo moral superficial.
Subjetivismo de la conciencia
Un error recurrente es elevar la conciencia individual a tribunal supremo e infalible, donde el juicio moral es verdadero solo por originarse en ella. Esto genera un subjetivismo radical, sustituyendo la verdad objetiva por criterios de sinceridad o autenticidad personal.
La conciencia individual se ve como un tribunal supremo de juicio moral que dicta decisiones categóricas e infalibles sobre el bien y el mal.
En oposición a la visión tomista, donde la conciencia recta es un acto de prudencia informada por principios universales, los enfoques modernos priorizan casos concretos sin elevarse a la especulación metafísica., Esto lleva a tratarises excesivos sobre conciencias dudosas o erróneas, descuidando la virtud de la prudencia.
Influencia del secularismo
El secularismo propone guiar la conducta humana exclusivamente por consideraciones de la vida presente, ignorando a Dios, la revelación y la vida eterna. Esta visión utilitaria, que separa la moral de lo religioso, considera la religión como asunto privado y promueve una ética autónoma basada en la razón sola.
La Iglesia critica esta separación, afirmando que la vida presente no es un fin en sí misma, sino preparación para la eterna, y que el Estado no puede ser indiferente a lo religioso. En la era de la información, este secularismo bombardea con datos superficiales, erosionando el discernimiento moral.