El Magisterio pontificio ha abordado repetidamente este tema, especialmente en el siglo XX, ante riesgos modernistas y litúrgicos.
Humani generis de Pío XII (1950)
En esta encíclica, Pío XII denuncia cómo algunos, por «extremo celo por la novedad» y temor a parecer ignorantes ante el progreso científico, se apartan del magisterio, incurriendo en el peligro de apartarse gradualmente de la verdad revelada y arrastrar a otros al error.,, El Papa observa un peligro más grave: un irenismo imprudente disfrazado de virtud, que busca reconciliar ideas opuestas en materia dogmática, cuestionando la teología escolástica tradicional.
«Es bien sabido que no faltan hoy, como en tiempos apostólicos, quienes, en su extremo celo por la novedad […] se esfuerzan por apartarse de la temperancia del sagrado magisterio; y así se involucran en el peligro de apartarse gradualmente e insensiblemente de la verdad revelada por Dios».
Pío XII insta a teólogos y filósofos a examinar opiniones erróneas con cautela, pero sin ignorar el magisterio como «obstáculo al progreso».
Mediator Dei de Pío XII (1947)
Aquí, el Papa critica a «entusiastas demasiado ansiosos por la novedad» que introducen prácticas litúrgicas innovadoras contrarias a la doctrina y rúbricas, como el uso del vernáculo en la Misa o traslados de fiestas., La liturgia, como organismo vivo, se adapta, pero con integridad doctrinal salvaguardada; las novedades temerarias merecen «severa reprensión».
Pablo VI, en discursos de 1967 y 1969, reitera que cambios litúrgicos postconciliares no justifican novedades doctrinales o disciplinares, alertando contra la «inquietud» que produce expresiones discordantes con la verdad y autoridad.,
Otras intervenciones magisteriales
En Pascendi dominici gregis (1907), Pío X acusa a modernistas de pervertir la verdad por exagerado deseo de novedad, adoptando doctrinas «vacías, fútiles e inciertas».
Denzinger recopila condenas como la de Hermes (1835), donde teólogos infectan estudios sagrados con doctrinas extrañas por pasión por lo nuevo.
Estas enseñanzas enfatizan que el magisterio es norma proximate y universal de fe, no un freno arbitrario.