Encíclica Pascendi dominici gregis (1907)
Promulgada por Pío X el 8 de septiembre de 1907, esta encíclica desmonta sistemáticamente las doctrinas modernistas. En ella se denuncia la distinción entre la Iglesia de historia y la Iglesia de fe, equiparándola a la separación entre el Cristo histórico y el Cristo de fe.
Según el agnosticismo, la historia, al igual que la ciencia, solo se ocupa de fenómenos. Por tanto, así como Dios, también cualquier intervención divina en los asuntos humanos debe relegarse a la fe, como perteneciente exclusivamente a ella. De este modo, si algo ocurre con un doble elemento, divino y humano —como Cristo, la Iglesia, los sacramentos y otros muchos de este tipo—, deberá haber una división y separación, de modo que lo humano se asigne a la historia y lo divino a la fe.
Pío X subraya que esta división genera una Iglesia doble: una real y humana, y otra de fe, inexistente fuera de la piedad subjetiva.
Decreto Lamentabili sane exitu (1907)
Emitido por la Santa Congregación del Santo Oficio el 3 de julio de 1907, este documento condena 65 proposiciones modernistas. Entre ellas:
Proposición 3: De los juicios eclesiásticos contra la exégesis libre y erudita, se deduce que la fe propuesta por la Iglesia contradice la historia, y que las enseñanzas católicas no pueden reconciliarse con los orígenes más auténticos de la religión cristiana.
Proposición 29: Se concede que el Cristo presentado por la historia es muy inferior al Cristo objeto de la fe.
Estas errores implican que la Iglesia histórica sería incompatible con la dogmática, justificando una reinterpretación subjetiva.
Juramento antimodernista (Sacrorum antistitum, 1910)
El motu proprio de Pío X del 1 de septiembre de 1910 obliga a clérigos y teólogos a jurar contra el modernismo. En él se reprueba explícitamente:
El error de quienes afirman que la fe propuesta por la Iglesia puede estar en conflicto con la historia, y que los dogmas católicos, en el sentido en que ahora se entienden, no pueden reconciliarse con los orígenes más auténticos de la religión católica.
Este juramento reafirma la armonía entre fe y historia.