El liberalismo radical de la enseñanza
El liberalismo radical entiende la libertad como independencia absoluta respecto de la verdad, la moral y cualquier autoridad legítima. Aplicado a la educación, sostiene que todo maestro tiene derecho a transmitir cualquier doctrina, aunque contradiga la fe, la ley natural o la dignidad del alumno.
Esta concepción confunde la libertad con la arbitrariedad. El maestro ejerce una autoridad real sobre alumnos que, especialmente durante la infancia y la adolescencia, todavía carecen de los conocimientos necesarios para evaluar críticamente todas las afirmaciones recibidas. Por eso, el uso irresponsable de la autoridad docente puede deformar gravemente la conciencia.
La Iglesia no acepta que el derecho a enseñar dependa solo de la voluntad del profesor. La competencia profesional resulta necesaria, pero no basta: también cuentan la verdad del contenido, la rectitud de la finalidad y la protección del bien del alumno.
El monopolio educativo del Estado
Otro error consiste en atribuir al Estado el derecho exclusivo a organizar, dirigir y controlar toda la educación. Este sistema reduce la libertad escolar, debilita la autoridad de los padres y convierte la escuela en instrumento de uniformidad ideológica.
La autoridad civil posee una misión legítima en materia educativa. Debe asegurar el acceso a la enseñanza, establecer garantías jurídicas, proteger a los menores y corregir abusos. Sin embargo, su función es subsidiaria y no puede apropiarse de la misión originaria de la familia. El monopolio estatal contradice la justicia cuando impide a los padres escoger o crear centros conformes con sus convicciones.
La doctrina católica tampoco identifica automáticamente toda escuela pública con una escuela contraria a la fe. El problema surge cuando la autoridad pública pretende imponer una visión total de la persona, excluir injustamente las convicciones religiosas o impedir la existencia de proyectos educativos legítimos.
La neutralidad educativa entendida como exclusión de Dios
La expresión neutralidad educativa puede designar una legítima imparcialidad del Estado ante distintas confesiones, pero también puede utilizarse para excluir toda referencia religiosa de la enseñanza. Esta segunda interpretación no constituye una neutralidad auténtica.
Toda educación transmite una concepción del ser humano, de la verdad, de la libertad y del bien. Incluso la escuela que evita pronunciarse explícitamente sobre Dios puede transmitir una visión materialista, relativista o individualista de la persona. Una educación completamente indiferente ante las cuestiones últimas resulta difícilmente posible, porque cada selección de contenidos y cada criterio moral presupone una determinada comprensión del hombre.
La libertad religiosa exige que el Estado no imponga una confesión, pero no permite que excluya sistemáticamente la dimensión religiosa de la vida social ni que obligue a las familias católicas a aceptar una educación incompatible con su fe.
La autonomía absoluta de las ciencias
La libertad de enseñanza guarda relación con la libertad intelectual y científica, pero ninguna de ellas autoriza a declarar que las ciencias pueden afirmar legítimamente doctrinas contrarias a verdades reveladas por el mero hecho de presentarlas como conclusiones científicas.
La razón humana posee capacidad real para investigar la naturaleza y desarrollar las ciencias según sus métodos propios. La doctrina católica no prohíbe la investigación ni pretende sustituir los procedimientos de las ciencias naturales, históricas o sociales. La verdad natural procede también de Dios, creador de la inteligencia humana, y la investigación racional posee una dignidad propia.
Sin embargo, la razón puede equivocarse. Cuando una teoría filosófica o científica contradice una verdad revelada definida por la Iglesia, el católico no puede aceptar esa contradicción como una conclusión verdadera. La oposición no nace de una incompatibilidad entre la fe y la ciencia auténtica, porque la verdad no puede contradecir a la verdad; nace de un error en los principios, en el razonamiento o en la interpretación de los datos.,
El relativismo de la verdad
El relativismo sostiene que todas las opiniones poseen el mismo valor o que ninguna afirmación puede considerarse verdadera de manera objetiva. En el ámbito educativo, esta postura impide distinguir entre conocimiento y error, virtud y vicio, formación y adoctrinamiento.
La educación católica rechaza el relativismo porque la inteligencia humana puede conocer la verdad y porque Cristo constituye la plenitud de la verdad. El respeto a la persona no exige presentar como igualmente válidas todas las doctrinas. Por el contrario, el auténtico respeto ayuda al alumno a buscar la verdad con libertad, rigor y responsabilidad.
La reducción de la enseñanza religiosa a una opinión privada
También constituye un error relegar la fe a una esfera puramente subjetiva y excluirla del ámbito educativo como si careciera de relevancia cultural y racional. La fe cristiana contiene afirmaciones sobre Dios, el hombre, la historia, la moral y el destino eterno; por eso influye legítimamente en la educación de los creyentes.
La Iglesia posee una misión propia de enseñanza religiosa. Dios le confió el magisterio de la fe y de la moral, y la Iglesia tiene un derecho propio a anunciar la verdad cristiana y a formar a los fieles. La escuela católica participa de esta misión cuando integra la enseñanza religiosa en el conjunto de la formación.