La negación de la teología natural surge en contextos protestantes y modernos, generando errores que desequilibran la relación entre fe y razón.
El fideísmo y la tradición barthiana
El fideísmo, representado por Karl Barth, rechaza la teología natural como un «pecado del intelecto» que ignora la Caída y pretende controlar la Revelación especial mediante la general. Barth invierte el orden: no hay camino de la antropología a la cristología, sino solo de Cristo al hombre, priorizando la analogia fidei sobre la analogia entis., Esta postura, con raíces en Lutero y su sola fide, ve en la razón natural una «concupiscencia» que usurpa la soberanía divina.
Sin embargo, este error contradice el tomismo: la razón natural «ministra a la fe como la inclinación natural de la voluntad ministra a la caridad». Negarla lleva a un Dios inaccesible salvo por fiat divino, fomentando irracionalismo.
El racionalismo kantiano y la ontoteología
Immanuel Kant critica la teología natural como «ontoteología», reduciéndola a estructuras inmanentes del pensamiento humano, donde Dios es un postulado lógico sin base real. Heidegger radicaliza esto, acusándola de divinizar conceptos finitos., Tales visiones convierten a Dios en «principio explicativo último» de la razón univoca, negando su trascendencia.
El error radica en un empirismo a posteriori exclusivo, que hace dependiente la inteligibilidad divina de las criaturas, ignorando el intellectus sobre la ratio y la primacía del ser. Aquino responde: aunque no comprendamos la sustancia divina, sus efectos sensibles la manifiestan.
Nihilismo, historicismo y autonomismo ético
La evacuación de normas naturales genera nihilismo, fideísmo y racionalismo, divorciando lo práctico de lo especulativo y rompiendo la teleología unificada hacia Dios. Movimientos ideológicos surgen del vacío: relativismo dialéctico, textualismo o logicismo sustituyen la metafísica. En ética, produce autonomismo, donde la ley natural pierde su contexto teísta.
Steven A. Long denuncia esta «pérdida de la naturaleza como principio teonómico», que amenaza incluso los misterios de la fe.,