El cuerpo humano y el alma espiritual
La doctrina católica distingue cuidadosamente entre el origen del cuerpo humano y el origen del alma espiritual. Pío XII permitió investigar y discutir la evolución en cuanto hipótesis relativa al origen del cuerpo humano a partir de materia viva preexistente. Al mismo tiempo, afirmó que la fe católica obliga a sostener que las almas son creadas inmediatamente por Dios.
Esta formulación no identifica la evolución con una doctrina de fe ni la presenta como conclusión científica definitiva. Humani generis pidió valorar con seriedad, moderación y prudencia tanto los argumentos favorables como los contrarios, y rechazó tratar la evolución del cuerpo humano como una certeza ya demostrada de manera completa.
La enseñanza católica sobre el ser humano incluye, por tanto, varias afirmaciones relacionadas:
- El ser humano depende radicalmente de Dios creador.
- La persona humana posee una dimensión corporal y otra espiritual.
- El alma espiritual procede inmediatamente de Dios.
- El cuerpo humano puede estudiarse mediante las ciencias naturales.
- Ninguna explicación biológica elimina la dignidad personal ni la dimensión espiritual del hombre.
Juan Pablo II recordó la unidad de la persona humana y, al mismo tiempo, la distinción entre su dimensión espiritual y corporal. También reiteró que la posibilidad de explicar el origen del cuerpo mediante una hipótesis evolutiva no modifica la doctrina sobre la creación directa del alma espiritual por Dios.,
El pecado original
El pecado original no equivale a la afirmación de que cada persona comete personalmente el pecado de Adán. La doctrina distingue entre el pecado cometido en el origen de la humanidad y el estado de privación de la santidad original que afecta a cada ser humano desde su concepción.
Pío XII rechazó el poligenismo entendido como la existencia de varios primeros padres independientes o de seres humanos que no descendieran de Adán. La razón doctrinal reside en la relación entre el pecado original, un pecado verdaderamente cometido por Adán y su transmisión a todos por generación.
La precisión terminológica resulta decisiva. La doctrina no exige convertir cada detalle de los primeros capítulos del Génesis en una explicación científica moderna, pero tampoco permite disolver a Adán en una simple palabra colectiva si esa interpretación elimina la realidad histórica y moral del primer pecado de la humanidad tal como la enseñanza eclesial la presenta.
¿Contradicción entre evolución y pecado original?
La evolución biológica y el pecado original no constituyen por sí mismos términos contradictorios. La cuestión depende de qué entiende cada propuesta por humanidad, primer origen, unidad del género humano, alma espiritual y transmisión del pecado.
Una teoría sobre el desarrollo corporal no puede resolver por sí sola:
- Cuándo aparece la persona espiritual.
- Cómo debe entenderse la unidad de la humanidad.
- Cuál es la relación entre libertad, pecado y gracia.
- Cómo se transmite el pecado original.
La Iglesia concede espacio a la investigación sobre el cuerpo, pero mantiene las afirmaciones doctrinales relativas al alma espiritual, la unidad de la humanidad y el pecado original. Presentar como dogma católico una teoría biológica concreta produciría una confusión; negar los contenidos doctrinales por aceptar una hipótesis científica produciría otra.