El escepticismo apareció en el mundo griego como reacción ante la diversidad de explicaciones filosóficas sobre la naturaleza. Las teorías contrapuestas de los primeros pensadores llevaron a algunos autores a desconfiar de los sentidos y de la capacidad humana para alcanzar la realidad.
Heráclito y Parménides
Heráclito subrayó el carácter cambiante de las cosas y consideró que los sentidos podían inducir a error. Parménides, por el contrario, defendió la permanencia del ser y desconfió de la experiencia sensible, vinculada al cambio y a la multiplicidad.
Aunque sus doctrinas no constituyeron todavía un sistema escéptico completo, contribuyeron al problema fundamental de la relación entre apariencia y realidad.
Los sofistas
Los sofistas desplazaron la atención desde la naturaleza hacia el ser humano, el lenguaje y la persuasión. Protágoras formuló la conocida tesis de que «el hombre es la medida de todas las cosas». Interpretada de modo relativista, esta afirmación convierte la verdad en algo dependiente del sujeto.
Gorgias llevó la duda a una forma extrema mediante tres proposiciones: nada existe; si algo existiera, no podría conocerse; y, si pudiera conocerse, no podría comunicarse. Esta posición niega sucesivamente la realidad, el conocimiento y el lenguaje.
Sócrates
Sócrates respondió a la confusión sofística mediante la búsqueda de definiciones universales. La ciencia no puede limitarse a registrar casos particulares; necesita comprender qué son las cosas. Por ello, el diálogo socrático desmonta opiniones insuficientes y orienta la inteligencia hacia una comprensión más universal.
La actitud socrática de reconocer la propia ignorancia no equivale a escepticismo absoluto. Sócrates utiliza la conciencia de la ignorancia como punto de partida para buscar la verdad.
Platón
Platón distinguió entre dóxa, opinión, y epistéme, conocimiento verdadero. Consideró que los sentidos ofrecen un conocimiento cambiante y limitado, mientras que la inteligencia puede alcanzar realidades universales. Su filosofía constituye una respuesta al escepticismo sofístico, aunque concede un papel restringido al conocimiento sensible.
Aristóteles
Aristóteles rechazó la separación platónica entre las realidades sensibles y las inteligibles. Defendió que el conocimiento comienza en los sentidos, pero alcanza la inteligibilidad mediante la actividad del entendimiento.
También sostuvo que no todo puede demostrarse. Si cada afirmación necesitara otra prueba anterior, el razonamiento caería en un regreso infinito. Por ello deben existir principios primeros, evidentes por sí mismos, que fundamenten las demostraciones posteriores.
Esta doctrina proporciona una de las bases clásicas del realismo filosófico: la inteligencia humana puede conocer la realidad, aunque de forma limitada y gradual.