Antigüedad y desarrollo temprano
El escepticismo surgió en la filosofía griega como una actitud crítica que cuestionaba la posibilidad de alcanzar certezas absolutas. En la tradición cristiana, pensadores como San Agustín y los Padres de la Iglesia adoptaron una postura que, sin negar la duda, confiaba en la luz de la revelación para superar la incertidumbre humana1.
Renacimiento y modernidad temprana
Durante el Renacimiento, figuras como Erasmo y Montaigne adoptaron una forma de escepticismo que ponía énfasis en la limitación de la razón humana y la necesidad de confiar en la tradición apostólica1. Este «escepticismo cristiano» influyó en la postura católica frente a la creciente crítica racionalista de la época.
