La enciclopedia católica en español

Escepticisimo

El escepticismo es una corriente filosófica que cuestiona la capacidad humana para alcanzar la verdad o la certeza. En su forma moderada puede actuar como una cautela razonable frente al error y el prejuicio; en su forma radical niega que el entendimiento pueda conocer algo con seguridad. La tradición católica distingue la duda legítima, que impulsa la investigación, del escepticismo absoluto, incompatible con la verdad objetiva, la razón y la fe.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEscepticisimo
CategoríaTérmino
DescripciónCuestiona la capacidad humana para conocer la realidad, en formas moderadas y radicales. Corriente filosófica que pone en duda la posibilidad de alcanzar la verdad o la certeza. El escepticismo plantea una duda racional o una incredulidad razonada frente a afirmaciones insuficientemente demostradas, y en su forma radical niega que el entendimiento pueda conocer algo con seguridad
Contexto HistóricoSurge en la filosofía griega como reacción a la diversidad de explicaciones, se desarrolla en el pirronismo y la Academia escéptica, y reaparece en la modernidad con Montaigne, Hume, Kant, entre otros.
ImportanciaLa Iglesia distingue la duda legítima, útil para la investigación, del escepticismo absoluto, considerado incompatible con la verdad objetiva, la razón y la fe.
InfluenciaHa influido en debates filosóficos y teológicos de la modernidad y contemporaneidad, afectando corrientes como el relativismo y el cuestionamiento crítico de la fe.
TipoTérmino teológico

Tabla de contenido

Etimología y significado

La palabra escepticismo procede del griego sképsis, «investigación», «examen» o «duda», relacionado con el verbo sképtesthai, que significa «observar atentamente» o «examinar con cuidado». En su origen, el término no designaba necesariamente una negación de la verdad, sino una actitud crítica ante las afirmaciones insuficientemente demostradas.1

El término posee varios sentidos:

  • Duda racional: suspensión provisional del juicio ante una dificultad o falta de pruebas suficientes.
  • Incredulidad razonada: rechazo de una afirmación porque los argumentos presentados no resultan convincentes.
  • Escepticismo filosófico estricto: negación de la capacidad del entendimiento para alcanzar cualquier verdad cierta.
  • Escepticismo universal: extensión de la duda a todos los ámbitos del conocimiento.
  • Escepticismo mitigado: limitación de la duda a determinados campos, como la metafísica, la religión o el conocimiento sensible.1

La diferencia entre estas formas resulta decisiva. Una persona puede reconocer que algunas cuestiones permanecen inciertas sin concluir que toda verdad resulte inaccesible.

El escepticismo filosófico

El escepticismo filosófico radical sostiene que el ser humano carece de un criterio seguro para distinguir la verdad del error. Esta postura puede adoptar diversas formas:

Escepticismo sobre los sentidos

Algunos escépticos parten de la posibilidad de que los sentidos engañen. Como la percepción puede sufrir errores -por ejemplo, debido a una ilusión óptica, una enfermedad o unas condiciones inadecuadas- concluyen que nunca proporciona conocimiento fiable.

La tradición realista responde que la posibilidad de error no destruye toda confianza en los sentidos. Los sentidos captan normalmente sus objetos propios, aunque la razón debe interpretar los datos y corregir las percepciones defectuosas. La experiencia del error presupone, además, una realidad con la que la percepción puede compararse y corregirse.2

Escepticismo sobre la razón

Otros autores cuestionan los principios racionales, como la causalidad, la identidad o la no contradicción. David Hume, por ejemplo, interpretó la causalidad como una asociación habitual de impresiones, sin garantía de validez objetiva. Desde esta perspectiva, la mente no conocería relaciones reales, sino solo sucesiones de experiencias acostumbradas.1

La crítica católica considera que esta posición utiliza la razón para negar la validez de la propia razón. Quien sostiene que ningún razonamiento puede conducir a la verdad formula, al menos, una afirmación que pretende ser verdadera. El escepticismo universal incurre así en una dificultad autorreferencial: exige aceptar como cierta la tesis de que nada puede conocerse con certeza.

Escepticismo metafísico

El escepticismo metafísico niega o pone en duda la posibilidad de conocer realidades que superan la experiencia inmediata, como el alma, Dios, la libertad o la finalidad del universo. Conviene distinguirlo del agnosticismo, que limita la negación a la posibilidad de conocer determinadas realidades, especialmente las metafísicas y religiosas. El ateísmo, por su parte, niega la existencia de Dios, pero no necesariamente afirma que todo conocimiento resulte imposible.1

Duda metódica y duda escéptica

La tradición filosófica distingue dos usos principales de la duda.

Duda metódica

La duda metódica, también llamada provisional o ficticia, suspende temporalmente el asentimiento para examinar con mayor rigor las razones de una afirmación. No busca negar la verdad, sino eliminar prejuicios, distinguir lo cierto de lo probable y encontrar fundamentos más sólidos.

Aristóteles consideraba la capacidad de dudar bien una parte necesaria de la investigación filosófica. La duda permite formular objeciones, descubrir presupuestos ocultos y evitar conclusiones precipitadas. La tradición escolástica incorporó este procedimiento a la exposición teológica: primero presenta las dificultades, después ofrece los argumentos principales y finalmente resuelve las objeciones. Santo Tomás de Aquino emplea habitualmente esta estructura en la Suma teológica.3

René Descartes llevó la duda metódica a una formulación universal. Dudó provisionalmente de los sentidos, del mundo exterior y de determinadas verdades para encontrar una certeza inicial en la conciencia del pensamiento. Su conclusión, expresada como cogito, ergo sum-«pienso, luego existo»-, pretendía superar la duda desde una certeza inmediata.3

Duda escéptica

La duda escéptica no constituye un instrumento provisional, sino una conclusión sobre la realidad. Afirma que la verdad objetiva no puede alcanzarse o que ningún criterio permite distinguirla con seguridad del error. La duda deja entonces de ser un camino hacia el conocimiento y se convierte en una negación de la posibilidad del conocimiento.

La diferencia puede resumirse así:

  • La duda metódica pregunta: «¿Qué razones permiten conocer esto con certeza?»
  • La duda escéptica concluye: «Nada puede conocerse con certeza».

La primera sirve a la investigación; la segunda clausura la investigación. La filosofía católica acepta la primera como ejercicio intelectual legítimo, pero rechaza la segunda porque destruye los fundamentos del conocimiento, de la ciencia, de la moral y de la fe.

Origen histórico en la filosofía griega

El escepticismo apareció en el mundo griego como reacción ante la diversidad de explicaciones filosóficas sobre la naturaleza. Las teorías contrapuestas de los primeros pensadores llevaron a algunos autores a desconfiar de los sentidos y de la capacidad humana para alcanzar la realidad.1

Heráclito y Parménides

Heráclito subrayó el carácter cambiante de las cosas y consideró que los sentidos podían inducir a error. Parménides, por el contrario, defendió la permanencia del ser y desconfió de la experiencia sensible, vinculada al cambio y a la multiplicidad.

Aunque sus doctrinas no constituyeron todavía un sistema escéptico completo, contribuyeron al problema fundamental de la relación entre apariencia y realidad.

Los sofistas

Los sofistas desplazaron la atención desde la naturaleza hacia el ser humano, el lenguaje y la persuasión. Protágoras formuló la conocida tesis de que «el hombre es la medida de todas las cosas». Interpretada de modo relativista, esta afirmación convierte la verdad en algo dependiente del sujeto.

Gorgias llevó la duda a una forma extrema mediante tres proposiciones: nada existe; si algo existiera, no podría conocerse; y, si pudiera conocerse, no podría comunicarse. Esta posición niega sucesivamente la realidad, el conocimiento y el lenguaje.3

Sócrates

Sócrates respondió a la confusión sofística mediante la búsqueda de definiciones universales. La ciencia no puede limitarse a registrar casos particulares; necesita comprender qué son las cosas. Por ello, el diálogo socrático desmonta opiniones insuficientes y orienta la inteligencia hacia una comprensión más universal.1

La actitud socrática de reconocer la propia ignorancia no equivale a escepticismo absoluto. Sócrates utiliza la conciencia de la ignorancia como punto de partida para buscar la verdad.

Platón

Platón distinguió entre dóxa, opinión, y epistéme, conocimiento verdadero. Consideró que los sentidos ofrecen un conocimiento cambiante y limitado, mientras que la inteligencia puede alcanzar realidades universales. Su filosofía constituye una respuesta al escepticismo sofístico, aunque concede un papel restringido al conocimiento sensible.1

Aristóteles

Aristóteles rechazó la separación platónica entre las realidades sensibles y las inteligibles. Defendió que el conocimiento comienza en los sentidos, pero alcanza la inteligibilidad mediante la actividad del entendimiento.

También sostuvo que no todo puede demostrarse. Si cada afirmación necesitara otra prueba anterior, el razonamiento caería en un regreso infinito. Por ello deben existir principios primeros, evidentes por sí mismos, que fundamenten las demostraciones posteriores.1

Esta doctrina proporciona una de las bases clásicas del realismo filosófico: la inteligencia humana puede conocer la realidad, aunque de forma limitada y gradual.

El escepticismo pirrónico y académico

Pirronismo

Pirron de Elis, que vivió aproximadamente entre los siglos IV y III antes de Cristo, suele considerarse el fundador del escepticismo sistemático antiguo. Sus seguidores recomendaban suspender el juicio ante afirmaciones contradictorias y alcanzar así una forma de tranquilidad interior.

El pirronismo radical extendía la duda incluso al propio acto de dudar. Esta postura presenta una dificultad evidente: para suspender todo juicio debe realizarse algún juicio sobre la insuficiencia de las razones disponibles.3

Academia escéptica

La llamada Academia escéptica surgió dentro de la tradición platónica. Arcesilao y Carnéades pusieron en duda la posibilidad de alcanzar un conocimiento absolutamente cierto, pero admitieron distintos grados de probabilidad.

Esta forma moderada de escepticismo tuvo una influencia duradera, especialmente en la reflexión sobre los límites de la demostración y la necesidad de valorar racionalmente las evidencias.3

Sexto Empírico

Sexto Empírico sistematizó los argumentos escépticos antiguos. Cuestionó la fuerza de los silogismos y sostuvo que la demostración podía incurrir en petición de principio, porque las premisas ya supondrían aquello que intentan probar.3

Escepticismo en la época moderna

El Renacimiento recuperó numerosos textos de la filosofía antigua y favoreció una nueva difusión del escepticismo. Entre los autores vinculados a esta renovación figuran Michel de Montaigne, Pierre Charron, Francisco Sánchez, Pierre Gassendi, Marin Le Vayer, Pierre-Daniel Huet y Pierre Bayle.1

Montaigne

Montaigne utilizó la duda para cuestionar la soberbia intelectual y la pretensión de dominar todas las cuestiones mediante la razón. Su escepticismo mantuvo, al menos formalmente, una reserva en favor de la verdad revelada.3

La actitud de Montaigne muestra una tensión característica de la modernidad: la razón aparece como incapaz de alcanzar certeza, mientras la religión queda preservada mediante la autoridad de la revelación. Desde la perspectiva católica, esta separación resulta problemática cuando transforma la fe en una adhesión desligada de toda inteligibilidad racional.

Blaise Pascal

Pascal puso de relieve la insuficiencia de una razón reducida a demostraciones abstractas. Sus observaciones sobre los límites de la racionalidad matemática y sobre la dimensión existencial de la persona no constituyen una defensa del escepticismo universal. Más bien recuerdan que la verdad humana incluye dimensiones morales y espirituales que requieren rectitud de vida, apertura y humildad.

David Hume

Hume sostuvo que la experiencia ofrece impresiones particulares y que la mente asocia esas impresiones por costumbre. Desde este planteamiento, la causalidad, la uniformidad de la naturaleza y algunas leyes racionales carecerían de fundamento objetivo demostrable.1

El problema de esta posición consiste en que la ciencia práctica presupone precisamente la estabilidad de la naturaleza, la inteligibilidad de los acontecimientos y la validez de las inferencias causales. Una crítica que negara por completo esos principios también debilitaría las condiciones de posibilidad de la investigación científica.

Kant

Immanuel Kant intentó responder a Hume mediante un análisis de las estructuras del conocimiento. Sin embargo, al distinguir entre los fenómenos accesibles al sujeto y la «cosa en sí», considerada incognoscible, mantuvo una limitación radical del alcance de la razón especulativa.3

Desde la perspectiva católica, esta restricción impide a la metafísica conocer el ser en cuanto ser y dificulta la demostración racional de Dios. La fe queda entonces separada de la razón natural y vinculada principalmente a exigencias de la razón práctica.

Escepticismo contemporáneo y relativismo

En la época contemporánea, el escepticismo suele aparecer menos como una doctrina filosófica sistemática y más como una actitud cultural. Adopta formas como el relativismo, el subjetivismo, el agnosticismo práctico y la desconfianza ante toda afirmación universal.

El relativismo sostiene que la verdad depende del individuo, del grupo, de la cultura o de la época. En su versión extrema, no existen verdades válidas para todos. Esta tesis afecta especialmente a la moral, porque transforma el bien y el mal en preferencias cambiantes.

El realismo católico sostiene, por el contrario, que la realidad constituye la medida de la inteligencia. El entendimiento humano puede equivocarse, pero también puede reconocer y corregir su error. La corrección del error confirma que la mente no crea arbitrariamente la realidad, sino que debe adecuarse a ella.4

El relativismo termina atribuyendo al sujeto una autoridad que corresponde solo a Dios: la capacidad de determinar qué es real y verdadero con independencia de la realidad.4

El escepticismo ante la fe católica

La fe católica no consiste en una opinión subjetiva ni en una confianza ciega sin contenido. La fe es la respuesta libre del ser humano a Dios que se revela. Incluye una adhesión intelectual a verdades reveladas y una entrega personal a Dios.

La revelación alcanza su plenitud en Jesucristo. Él no solo comunica verdades sobre Dios, sino que manifiesta en su propia persona la verdad de Dios y la salvación humana.5

Fe y razón

La Iglesia rechaza tanto el racionalismo como el fideísmo:

  • El racionalismo pretende reducir toda verdad religiosa a aquello que la razón puede demostrar por sí sola.
  • El fideísmo desconfía de la razón y presenta la fe como una adhesión carente de fundamento racional.
  • La doctrina católica sostiene que fe y razón proceden de Dios y, correctamente utilizadas, no pueden contradecirse.

La razón puede conocer algunas verdades fundamentales del orden natural, moral y religioso. Sin embargo, necesita la revelación para alcanzar con seguridad y plenitud las verdades sobrenaturales y los misterios de la fe.6

Los misterios cristianos -como la Trinidad, la Encarnación y la gracia- no son absurdos, pero tampoco pueden reducirse a demostraciones internas de la razón humana. La razón puede mostrar que la revelación es creíble y puede profundizar en su contenido, aunque no sustituye la revelación ni agota el misterio divino.7

La duda sobre la fe

La duda puede referirse a objetos distintos:

  • Una persona puede preguntarse si una doctrina pertenece realmente a la enseñanza de la Iglesia.
  • Puede investigar si ha comprendido correctamente una definición dogmática.
  • Puede examinar la validez de un argumento apologético concreto.
  • Puede atravesar una dificultad psicológica, una tentación o una crisis espiritual.

Estas situaciones no equivalen automáticamente a una negación voluntaria de la fe. La búsqueda honrada de comprensión puede formar parte del camino intelectual hacia una adhesión más madura.

La duda deliberadamente cultivada contra una verdad que la persona reconoce como revelada y propuesta por la Iglesia contradice la virtud de la fe. La tradición católica distingue, por tanto, entre una dificultad involuntaria y el asentimiento voluntario al escepticismo religioso.2

Criterios católicos para alcanzar la verdad

La Iglesia no considera que todas las afirmaciones posean el mismo grado de certeza. Conviene distinguir entre:

  • Certeza metafísica: fundada en principios necesarios.
  • Certeza física: basada en el comportamiento estable de la naturaleza.
  • Certeza moral: fundada en el curso normal de las acciones humanas y suficiente para actuar prudentemente.
  • Probabilidad: conclusión apoyada por razones serias, aunque no definitivas.
  • Opinión: juicio razonable que permanece abierto a revisión.
  • Duda: suspensión del juicio por falta de motivos suficientes.

El criterio ordinario de la verdad es la evidencia, ya sea inmediata o derivada de otras verdades mediante una demostración válida. Muchas verdades también llegan por autoridad; en ese caso, la razón debe examinar si la autoridad conoce aquello de lo que habla, si resulta competente y si posee legitimidad para enseñar en ese ámbito.2

Los sentidos

Los sentidos proporcionan datos verdaderos dentro de su ámbito propio, aunque pueden equivocarse por circunstancias anormales. La inteligencia interpreta esos datos y formula juicios sobre la realidad.

La conciencia

La conciencia ofrece certeza inmediata acerca de los propios actos mentales presentes: quien piensa, siente o quiere conoce directamente que está pensando, sintiendo o queriendo. La memoria, en cambio, puede sufrir errores y requiere comprobación.

La razón

La razón conoce principios evidentes, como la identidad, la no contradicción y la causalidad. También puede deducir conclusiones a partir de esos principios cuando el razonamiento resulta correcto.2

La autoridad

El conocimiento humano depende con frecuencia del testimonio ajeno. La historia, la ciencia, el derecho y la vida cotidiana requieren confiar en personas y comunidades capaces de transmitir información verdadera.

En el ámbito sobrenatural, la autoridad última de la fe es Dios, que revela. La Iglesia custodia, interpreta y transmite la revelación dentro de su misión doctrinal. La autoridad eclesial no convierte una opinión humana en verdad, sino que sirve a una verdad recibida de Dios.

Escepticismo, eclesialidad y ecumenismo

La eclesialidad designa la relación de una realidad cristiana con la Iglesia: su inserción en la comunidad eclesial, su comunión con ella y su conformidad con la fe que la Iglesia profesa. No equivale simplemente a una organización administrativa ni a una adhesión sociológica.

El ecumenismo, en cambio, designa la búsqueda de la unidad entre los cristianos. No consiste en relativizar la verdad cristiana ni en tratar todas las doctrinas como igualmente verdaderas. Requiere diálogo, conversión, oración, conocimiento recíproco y fidelidad a la verdad recibida.

La confusión entre ambos conceptos puede alimentar una forma de escepticismo doctrinal. La eclesialidad pregunta por la pertenencia y la comunión con la Iglesia; el ecumenismo busca sanar la división entre los bautizados. Ambos conceptos se relacionan, pero no son intercambiables.

La unidad cristiana no exige abandonar la verdad, sino comprenderla con mayor profundidad y vivirla con caridad. El diálogo ecuménico pierde su sentido cuando convierte la verdad en una mera preferencia subjetiva.

Valor positivo de la actitud crítica

La crítica racional posee un valor auténtico cuando ayuda a:

  • Descubrir errores de razonamiento.
  • Distinguir hechos de interpretaciones.
  • Evitar supersticiones y credulidades.
  • Revisar prejuicios.
  • Comprobar la autenticidad de testimonios.
  • Diferenciar una doctrina de su caricatura.
  • Reconocer los límites de una afirmación.
  • Buscar la verdad con humildad.

La fe católica no pide aceptar cualquier afirmación religiosa, histórica o científica sin examen. La virtud de la prudencia exige valorar las pruebas, consultar a personas competentes y evitar tanto la credulidad ingenua como la sospecha sistemática.

El problema aparece cuando la crítica deja de ser un instrumento y se convierte en una actitud que rechaza toda verdad antes de examinarla. En ese caso, el escepticismo ya no protege frente al error, sino que impide conocer.

Crítica católica del escepticismo radical

La crítica católica al escepticismo absoluto puede resumirse en varios argumentos:

Contradicción interna

La afirmación «nada puede conocerse» pretende presentarse como verdadera. El escéptico universal necesita utilizar la verdad que niega.

Imposibilidad práctica

La vida humana presupone certezas: la existencia de otras personas, la estabilidad del mundo, la validez de la memoria, la relación entre medios y fines y la posibilidad de aprender de la experiencia.

Imposibilidad científica

La ciencia requiere confiar, aunque de forma crítica y revisable, en la percepción, la memoria, la inferencia y la regularidad de la naturaleza. Una duda absoluta impediría formular hipótesis, verificar experimentos y comunicar resultados.

Imposibilidad moral

La responsabilidad moral presupone que algunas acciones son realmente buenas o malas, no solo agradables o desagradables para un sujeto. El relativismo escéptico dificulta fundamentar la dignidad humana, la justicia y los derechos.

Imposibilidad religiosa

La fe no puede reducirse a una preferencia subjetiva. Si toda verdad resulta inaccesible, tampoco tendría sentido hablar de revelación, pecado, salvación o verdad sobre Dios.

La duda en la vida espiritual

Una persona creyente puede experimentar inquietudes intelectuales, sequedad espiritual, confusión o dificultad para comprender determinados dogmas. Tales experiencias no deben confundirse automáticamente con una decisión de abandonar la fe.

La respuesta cristiana incluye:

  1. Formular con precisión la dificultad.
  2. Distinguir una objeción racional de una reacción emocional.
  3. Consultar la enseñanza auténtica de la Iglesia.
  4. Examinar si la objeción afecta al contenido de la fe o a una interpretación defectuosa.
  5. Evitar conclusiones universales a partir de un problema particular.
  6. Mantener una disposición sincera hacia la verdad.

La humildad intelectual no consiste en considerar equivalentes todas las opiniones, sino en reconocer qué puede conocerse, qué requiere demostración, qué pertenece a la revelación y qué permanece abierto.

El caso de la duda en Cristo

La teología de Santo Tomás de Aquino distingue entre la duda de la razón y la conmoción de la sensibilidad ante un peligro. La duda intelectual procede de la insuficiencia de conocimiento para determinar la verdad; el temor sensible puede surgir aunque la razón posea certeza sobre lo que debe hacer.8

Aplicada a Cristo, esta distinción permite comprender que Jesús no padeció duda intelectual respecto de su misión ni de la verdad divina. Su naturaleza humana experimentó, sin embargo, verdadero temor ante la muerte inminente. La sensibilidad podía estremecerse mientras la razón permanecía plenamente segura.8

Esta precisión evita identificar toda vacilación afectiva con una negación de la verdad o de la fe.

Escepticismo y verdad revelada

La revelación cristiana no presenta a Dios como una hipótesis construida por el ser humano. Dios toma la iniciativa y se comunica en la historia, alcanzando su plenitud en Jesucristo. La fe responde a esa iniciativa mediante la gracia y la libertad.

El escepticismo puede cuestionar los testimonios históricos, la posibilidad del milagro o la credibilidad de la Iglesia. La apologética católica responde mediante argumentos filosóficos, históricos y teológicos, pero reconoce que la fe no nace de una demostración matemática. La adhesión creyente supera las capacidades de la razón natural sin contradecirlas.

La razón prepara el camino hacia la fe y ayuda a comprender sus contenidos. La fe, por su parte, amplía el horizonte de la razón y la libera de reducir toda realidad a lo mensurable o verificable por los sentidos.

Conclusión

El escepticismo presenta una doble dimensión. Como actitud crítica y provisional, ayuda a purificar el pensamiento, combatir el prejuicio y buscar pruebas suficientes. Como negación radical de la verdad, conduce a una contradicción interna y resulta incompatible con la experiencia, la ciencia, la moral y la fe cristiana.

La visión católica sostiene que el ser humano puede conocer la verdad, aunque de forma limitada y gradual. La razón alcanza algunas verdades naturales; la revelación comunica los misterios sobrenaturales; y la fe permite acogerlos con la ayuda de la gracia. La duda metódica puede servir a la verdad, mientras que la duda escéptica pretende convertir la imposibilidad de conocer en una certeza absoluta.

Citas y referencias

  1. Escepticismo. Enciclopedia Católica, Escepticismo (1913). 2 3 4 5 6 7 8 9 10
  2. Certeza. Enciclopedia Católica, Certeza (1913). 2 3 4
  3. Duda. Enciclopedia Católica, Duda (1913). 2 3 4 5 6 7 8
  4. Ángel Pérez-López y Israel Pérez-López. Conciencia católica y desobediencia civil: la primacía de la verdad, 7 (2022). 2
  5. Segunda parte el testimonio dado por los escritos bíblicos a su propia verdad, Comisión Bíblica Pontificia. La inspiración y verdad de la Sagrada Escritura, 65 (2014).
  6. Traditionalismo. Enciclopedia Católica, Traditionalismo (1913).
  7. J.M. García-Gómez-Heras. Ciencia y fe. Doctrina del magisterio sobre las relaciones entre la razón y la fe durante la década 1850-1860, 55 (1971).
  8. Sed contra y respuesta, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, 3.D17.Q1.A4.resp (1256). 2
Modificado el 31 de agosto de 2026 • FideScore™ 9.53 • Citar este artículo • Paq. Scorm (LMS) • Sugerir mejora • Compartir artículo • Imprimir artículo • Generar QR • Instalar aplicación • ark:28736/1shstrpff

Logo Wikitólica
Autor:
Artículo supervisado por el Comité editorial de Wikitólica. Las afirmaciones del artículo están basadas y contrastadas usando fuentes catolicas: escritos patrísticos, de santos, artículos teológicos, documentos históricos, actas de concilios, encíclicas, fuentes magisteriales y documentos oficiales de la Iglesia. Proceso editorial →