Trata de seres humanos
La trata convierte a la persona en objeto de compraventa, transporte o explotación. Las redes criminales pueden atraer a sus víctimas mediante falsas promesas de empleo, educación, matrimonio o una vida mejor. La pobreza, la falta de oportunidades y la ausencia de protección social facilitan la acción de los tratantes.
El papa Francisco describió la trata como una «herida abierta en el cuerpo de la sociedad contemporánea» y como una lacra que afecta a millones de personas en numerosos países. La expresión destaca tanto la gravedad del delito como su dimensión social: la trata no constituye un problema marginal, sino una realidad vinculada a la economía, las migraciones, la desigualdad y el consumo.,
Trabajo forzoso
El trabajo forzoso aparece cuando una persona trabaja bajo amenazas, violencia, engaño o una dependencia que le impide abandonar legítimamente la relación laboral. Algunas personas migrantes aceptan condiciones indignas porque su residencia legal depende del contrato de trabajo o porque temen la detención, la expulsión o la pérdida de sus únicos ingresos.
La explotación puede incluir jornadas abusivas, salarios inexistentes o insuficientes, alojamiento degradante, retención de documentos, endeudamiento impuesto y vigilancia permanente. En estos casos, el contrato formal o la apariencia de legalidad no eliminan la coacción real.
Explotación sexual y prostitución forzada
La explotación sexual obliga o induce a mujeres, hombres y menores a prestar servicios sexuales mediante amenazas, engaño, violencia, dependencia económica o abuso de vulnerabilidad. La prostitución forzada y la esclavitud sexual lesionan simultáneamente la libertad, la integridad corporal y la dignidad personal.
La Iglesia incluye entre las formas modernas de esclavitud la prostitución, la explotación sexual de menores y la utilización comercial del cuerpo humano. La consideración de la persona como mercancía contradice la igualdad fundamental de todos los seres humanos.,
Matrimonios impuestos
Una forma de servidumbre aparece cuando una mujer o un hombre resulta obligado a contraer matrimonio sin consentimiento libre. También puede existir explotación cuando una persona es vendida para el matrimonio o entregada sucesivamente a familiares del marido fallecido sin posibilidad real de aceptar o rechazar esa situación.
El matrimonio cristiano exige consentimiento libre y verdadero. Por ello, cualquier imposición que anule la libertad de los contrayentes contradice la naturaleza del consentimiento matrimonial.
Mendicidad y delincuencia forzadas
Las redes de explotación pueden obligar a menores y adultos a mendigar, vender drogas, participar en robos u otras actividades delictivas. La víctima no actúa desde una decisión libre, sino bajo amenazas, violencia, endeudamiento o control de los explotadores.
La utilización de menores para actividades ilícitas agrava la vulneración, porque aprovecha su indefensión y perjudica su desarrollo físico, moral, educativo y familiar.
Tráfico de órganos y explotación reproductiva
El tráfico de órganos transforma partes del cuerpo humano en mercancía. La extracción puede realizarse mediante engaño, coacción o aprovechamiento de una situación extrema de necesidad. La explotación reproductiva incluye prácticas que utilizan a mujeres o menores como instrumentos de beneficio económico o de satisfacción de intereses ajenos.
La Iglesia rechaza la comercialización de los órganos y cualquier práctica que reduzca el cuerpo humano a un objeto disponible para el mercado.,
Explotación por grupos armados y terroristas
Algunas personas son secuestradas y retenidas por grupos terroristas para servir como combatientes, trabajadores o esclavos sexuales. Las víctimas pueden sufrir ventas sucesivas, torturas, mutilaciones o asesinato. Las niñas y las mujeres padecen con frecuencia una explotación sexual específica dentro de estos sistemas de cautividad.