Formación integral
La pedagogía calasancia busca formar a la persona en todas sus dimensiones. No reduce la educación a la transmisión de conocimientos ni la catequesis a una instrucción aislada. Su ideal comprende:
- Desarrollo de la inteligencia.
- Formación de la conciencia.
- Educación en las virtudes.
- Iniciación en la vida cristiana.
- Preparación para la vida social y profesional.
- Acompañamiento personal de cada alumno.
Juan Pablo II resumió esta concepción al presentar la escuela calasancia como una institución abierta a todos, orientada a la formación integral del ser humano y fundada en la unión entre las ciencias profanas y la sabiduría del Evangelio.
Educación de los pobres
La atención a los pobres no ocupaba un lugar meramente asistencial. Calasanz comprendió que la pobreza educativa perpetuaba otras formas de exclusión. Por eso defendió una enseñanza gratuita o accesible para los niños que carecían de recursos.
La educación de los pobres adquirió así un significado de justicia social. Juan Pablo II recordó que Calasanz quiso enseñar gratuitamente a los hijos de las familias pobres para evitar que la falta de recursos los privara incluso de la instrucción elemental.
Las constituciones calasancias orientaban las escuelas principalmente hacia los niños pobres. El fundador no concebía una institución cerrada a una clase social, pero sí una obra cuya prioridad apostólica debía dirigirse a quienes tenían menos posibilidades educativas.
Método graduado y sistemático
La innovación calasancia también afectó a la organización de la enseñanza. Las Escuelas Pías ofrecían programas ordenados y métodos adaptados a las distintas edades. El aprendizaje elemental podía prolongarse con estudios humanísticos, científicos y profesionales.
Juan Pablo II atribuyó a Calasanz la creación de una escuela popular dotada de programas, medios y métodos nuevos para la educación cívica, humanística y profesional, culminada por la formación religiosa.
La enseñanza debía presentar los contenidos de manera clara y eficaz. La tradición escolapia vinculó la calidad académica con la atención concreta a cada alumno, evitando que la pobreza, la falta de preparación previa o las circunstancias familiares determinaran de antemano el fracaso escolar.
El maestro como educador y testigo
El maestro escolapio no actúa únicamente como transmisor de contenidos. Su tarea incluye el acompañamiento, la orientación moral y el testimonio cristiano. Calasanz dignificó el oficio de enseñar a los niños pobres, una ocupación que algunos contemporáneos consideraban poco prestigiosa, y lo integró en el ministerio sacerdotal.
El educador debe establecer una relación de confianza con el alumno, conocer sus dificultades y ayudarle a descubrir sus capacidades. Esta relación no elimina la autoridad docente, sino que la ejerce como servicio al crecimiento del joven.