Israel después del exilio
La deportación a Babilonia había desarticulado la vida política de Judá y había obligado a Israel a replantear su identidad. Tras el regreso, la comunidad judía dejó de organizarse principalmente como un reino independiente y adquirió el carácter de una comunidad religiosa centrada en el Templo y en la fidelidad a Dios. Los grupos que volvieron representaban especialmente a quienes deseaban restaurar el culto y reconstruir la vida del pueblo elegido.1
La restauración comenzó con la reconstrucción del altar de los holocaustos y la reanudación de los sacrificios. Más tarde, pese a diversas dificultades, concluyó la edificación del Segundo Templo. La recuperación del santuario no bastaba, sin embargo, para sanar la infidelidad de Israel: la comunidad necesitaba recuperar también la obediencia a la alianza.1
La llegada de Esdras
Esdras llegó desde Babilonia acompañado por un grupo de israelitas, sacerdotes, levitas y servidores del Templo. El viaje duró cinco meses. Llevaba consigo plata, oro y objetos destinados al culto, que fueron entregados al Templo antes de iniciar las reformas religiosas.2
Su autoridad procedía de su condición de sacerdote y escriba, pero también de su conocimiento de la Ley. El libro de Esdras presenta su misión dentro de una relación viva entre Dios, la Ley y el pueblo: Israel no debía limitarse a reconstruir edificios, sino recuperar la forma de vida que correspondía a la alianza.



