Los atributos no dividen a Dios
La teología habla de atributos divinos para expresar las perfecciones que pertenecen a Dios: eternidad, infinitud, unidad, verdad, bondad, belleza, omnipotencia, omnisciencia, misericordia, justicia, santidad y sabiduría, entre otras. Estas palabras no designan partes separables de Dios ni cualidades accidentales añadidas a una esencia desnuda.,
En Dios, cada atributo es realmente idéntico a la única esencia divina. Dios no posee la bondad como algo distinto de su ser, ni la sabiduría como una perfección que se añada a su existencia. Dios es bueno, sabio, justo y santo porque su única realidad simple incluye de modo infinito todo cuanto significan esas perfecciones.,
La inteligencia humana formula conceptos distintos porque las criaturas manifiestan las perfecciones divinas de maneras parciales y limitadas. La bondad no significa exactamente lo mismo que la sabiduría, y la justicia no tiene el mismo concepto que la omnipotencia. Sin embargo, en Dios esas perfecciones no existen como realidades separadas. Todas se identifican con el mismo ser divino.,
Distinción virtual
La tradición tomista explica esta relación mediante una distinción virtual. La distinción existe en nuestro modo de conocer porque cada atributo expresa un aspecto inteligible diferente de la perfección divina. No existe, en cambio, como una división real dentro de Dios. Esta doctrina protege simultáneamente dos verdades: la realidad de los atributos y la absoluta simplicidad divina.
La distinción virtual evita dos extremos. El primero convertiría los atributos en partes realmente diferentes de Dios; el segundo reduciría todos los nombres divinos a meras palabras sin fundamento en la realidad. La bondad, la verdad, la sabiduría y la justicia significan aspectos formalmente distintos, pero todos expresan la misma realidad divina infinitamente simple.,
Atributos positivos y negativos
La teología clasifica tradicionalmente los atributos divinos en negativos y positivos. Los atributos negativos niegan en Dios las limitaciones propias de las criaturas: la simplicidad niega la composición, la infinitud niega el límite y la inmutabilidad niega el cambio.
Los atributos positivos expresan perfecciones reales: la verdad, la bondad, la unidad, la inteligencia, la voluntad, la omnipotencia y la personalidad. Estas perfecciones pertenecen a Dios de modo eminente, es decir, de una manera infinitamente superior a la forma limitada en que aparecen en las criaturas.,
Esta clasificación no divide la esencia divina en categorías internas. Ordena solo el modo humano de hablar sobre Dios. El entendimiento comienza negando las imperfecciones y afirma después, de forma analógica, las perfecciones que descubre en las criaturas como efectos del Creador.