En la enseñanza católica, hablar de la esencia divina no es introducir una «parte» de Dios, ni medirlo con categorías humanas como si la mente poseyera la realidad divina. Más bien, la noción de esencia sirve para expresar lo que Dios es en cuanto ser divino: «la divina sustancia, esencia o naturaleza» que pertenece plenamente a cada Persona, y que permanece única en Dios.3,4
El Catecismo precisa además que la Iglesia usa términos filosóficos para salvaguardar la fe recibida:
«Sustancia» (a veces también traducida como esencia o naturaleza) designa al ser divino en su unidad.
«Persona» designa al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo en la distinción real entre ellos.
«Relación» indica que la distinción personal está en el modo relacional de cada Persona respecto de las otras.4
Así, la esencia de Dios no se contrapone a Dios, sino que nombra la realidad misma del ser divino confesada como única, simple y no compuesta.5,3,4
