En filosofía y teología, hablar de esencia no equivale a enumerar rasgos accidentales (lo que a veces se tiene y a veces no). Más bien, la esencia designa aquello que una cosa es por sí misma, aquello que responde adecuadamente a la pregunta por su «qué es». En esa línea, el pensamiento escolástico explica que la esencia se refiere a lo que se afirma esencialmente del sujeto, excluyendo lo que solo se predica de forma accidental.5
De este modo, la «esencia del hombre» pretende identificar lo que pertenece de manera constitutiva al ser humano, evitando confundirlo con capacidades variables o circunstancias externas. Si una persona parece «musical», «enferma», «joven» o «experta» en algo, esas notas pueden ser reales, pero no constituyen por sí mismas el núcleo de lo que el ser humano es.5
Esencia y pregunta «qué es»
La esencia puede entenderse como el modo propio de responder a la pregunta «¿qué es esto?». Por eso, atributos que no pertenecen a la respuesta adecuada —es decir, aquello que se añade desde fuera o que cambia según el caso— no alcanzan a definir la esencia.5
