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Esencia y accidente

En la filosofía y teología católica, la distinción entre esencia y accidente es un pilar fundamental de la metafísica tomista, heredada de Aristóteles y desarrollada por santo Tomás de Aquino. La esencia representa lo que una cosa es en sí misma, su sustancia inmutable y constitutiva, mientras que los accidentes son las cualidades modificables que no alteran su ser profundo. Esta diferenciación es clave para entender la simplicidad divina —donde Dios carece de accidentes—, la composición de las criaturas y aspectos como las potencias del alma o la gracia sacramental. El artículo explora sus definiciones, implicaciones teológicas y su relevancia en la doctrina católica, destacando la pureza actúal de Dios y la estructura ontológica del mundo creado.1,2

Tabla de contenido

Definiciones básicas

La noción de esencia y accidente se remonta a la filosofía griega, pero adquiere su plenitud en el pensamiento cristiano, especialmente en santo Tomás de Aquino. La esencia (del latín essentia) es aquello por lo que una realidad es lo que es, su definición sustancial que responde a la pregunta «¿qué es?». Constituye el núcleo permanente de un ser, independientemente de sus cambios.3

Por el contrario, el accidente es lo que no pertenece a la esencia, sino que se añade a ella sin modificarla. Son propiedades variables, como el color, la forma o la posición, que «acontecen» (accidere) a la sustancia. Aristóteles ya distinguía diez categorías de accidentes, pero en la tradición católica se enfatiza su carácter no esencial: «todo lo que no pertenece a la esencia de una cosa es un accidente».4

Esta distinción evita confusión entre lo necesario (esencia) y lo contingente (accidente), permitiendo una comprensión ordenada de la realidad.

Esencia como sustancia primera

La esencia se identifica con la sustancia primera, el sustrato que subsiste por sí mismo. En las criaturas materiales, incluye la unión de forma y materia; en las espirituales, es la forma subsistente. Santo Tomás afirma que la esencia es anterior al accidente, ya que este depende de aquella para existir.1

Accidentes como predicados secundarios

Los accidentes no subsisten solos, sino in alio, en un sujeto. Pueden ser separables (como el movimiento) o inseparables (como las propiedades naturales). Su variabilidad implica potencialidad, opuesta al acto puro.5

La distinción en la metafísica tomista

Santo Tomás de Aquino integra esta distinción en su síntesis teológica, basándose en Aristóteles pero purificándola con la Revelación. En la Summa Theologiae, argumenta que «en Dios no puede haber accidente» porque implicaría composición y potencialidad, incompatibles con su ser absoluto.1

La actividad en las criaturas requiere mediación: la sustancia actúa a través de potencias y hábitos, que son como accidentes o propiedades intermedias. Por ejemplo, el fuego calienta mediante cualidades activas y pasivas, no directamente por su forma sustancial.6

CategoríaCaracterísticasEjemplos
EsenciaPermanente, constitutiva, acto primeroHumanidad en el hombre, divinidad en Dios
AccidenteVariable, añadida, acto segundoColor de la piel, conocimiento adquirido7

Esta tabla ilustra la jerarquía ontológica, esencial para la teología.

En Dios: Ausencia total de accidentes

Un corolario clave es la simplicidad divina: Dios es puro acto, sin composición. «Ninguna perfección es un accidente en Dios», pues todas —existencia, poder, sabiduría— se identifican con su esencia.2

Razones tomistas:

Boecio y Anselmo refuerzan esto: la Sustancia Divina es forma pura sin materia, inmune a accidentes que sugieran cambio.3,8 Nada se predica de Dios accidentalmente; todo es su sustancia.

En las criaturas y el alma humana

En las criaturas, esencia y accidente coexisten. La materia receptiva permite accidentes que manifiestan la esencia: «la sustancia se afirma en los accidentes».9 Las estaciones en un árbol revelan su esencia arbórea mediante accidentes variables.

Potencias del alma: ¿Esencia o accidente?

Un debate central es si las potencias (sensación, intelecto) son la esencia del alma o fluyen de ella. Santo Tomás responde: no son la esencia, sino propiedades naturales intermedias entre sustancia y accidente. Principios de diferencias sustanciales, pero no idénticas a la esencia.10,11,5

«Ninguna actividad proviene del alma, como sustancia, sino por una potencia mediadora».6

Estas potencias perfeccionan el cuerpo o operan espiritualmente, pero dependen de la esencia.

En el conocimiento divino, Dios conoce accidentes individuales por su esencia, a diferencia del intelecto humano abstracto.7

Implicaciones teológicas y éticas

Esta distinción ilumina dogmas católicos:

En la creación, los accidentes revelan la bondad divina: multiplicidad como don, no defecto.9 Anselmo añade que la esencia suprema trasciende sustancias con accidentes.8

Presencia en el Magisterio católico

El Catecismo de la Iglesia Católica (CIC) presupone esta metafísica al confesar la unidad divina en «naturaleza, sustancia y esencia».12 La simplicidad de Dios implica ausencia de accidentes, coherente con la tradición tomista.

Vaticano II y el CIC sintetizan Escritura, Padres y Magisterio, donde esencia y accidente sustentan la antropología y cristología.13,14

Conclusión

La distinción entre esencia y accidente no es mero tecnicismo, sino llave para contemplar la trascendencia de Dios —esencia pura— y la belleza de la creación, donde accidentes glorifican la sustancia. En la teología católica, invita a la humildad: reconocer lo accidental en nosotros para anhelar la unión esencial con Dios. Esta doctrina, magistralmente expuesta por santo Tomás, permanece viva, iluminando fe y razón en la Iglesia.

Citas

  1. Primera parte – Sobre la simplicidad de Dios – ¿Existe algún accidente en Dios? , Tomás de Aquino. Suma Teológica, § I, Q. 3, A. 6, co. (1274). 2 3 4 5

  2. La naturaleza divina – Que no hay accidente en Dios, Tomás de Aquino. Compendio de Teología (Compendium Theologiae), §Parte I – Capítulo 23. 2 3

  3. Tratado, Anicio Manlio Severino Boecio. La Trinidad es un Dios, no tres dioses, §Tratado. II. 2

  4. Objeciones, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D3.Q4.A2.obj (1252).

  5. Artículo XI: La última pregunta es: ¿Son las potencias del alma la misma que la esencia del alma? – Respuesta, Tomás de Aquino. Cuestiones Disputadas sobre los Seres Espirituales (De spiritualibus creaturis), §a. 11 co. 5. 2

  6. Pregunta 4 – partes de la imagen de Dios, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D3.Q4 (1252). 2

  7. Sobre el conocimiento de Dios – ¿Sabe Dios cosas singulares que existen ahora o que no existen? , Tomás de Aquino. Cuestiones Disputadas sobre la Verdad, §Q. 2, A. 7, C. (1256). 2

  8. Anselmo de Canterbury. Obras Mayores, § 65 (1998). 2

  9. Rachel M. Coleman. El Pequeño Camino: Ferdinand Ulrich sobre los Accidentes, § 14 (2024). 2 3

  10. Artículo 2 – si la esencia del alma son sus potencias, Tomás de Aquino. Comentario a las Sentencias, § I.D3.Q4.A2 (1252).

  11. Artículo XI: La última pregunta es: ¿Son las potencias del alma la misma que la esencia del alma? – Y parece que lo son, Tomás de Aquino. Cuestiones Disputadas sobre los Seres Espirituales (De spiritualibus creaturis), §a. 11 arg. 4.

  12. Sección II. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 200 (1992).

  13. III. El objetivo y el público destinatario del catecismo, Catecismo de la Iglesia Católica, § 11 (1992).

  14. Sección II. Los credos, Catecismo de la Iglesia Católica, § 813 (1992).