La distinción entre esencia y accidente adquiere una importancia especial en la teología de la gracia.
La gracia santificante no constituye una sustancia separada ni transforma al ser humano en Dios por esencia. La gracia comunica una participación creada y limitada en la vida divina. Santo Tomás la entiende como una semejanza participada de la naturaleza divina y como una perfección que eleva la esencia del alma.,
La gracia perfecciona la naturaleza humana, pero no la destruye ni la sustituye. El cristiano no posee la naturaleza divina de manera esencial; participa de ella por don sobrenatural. Si una criatura poseyera la divinidad por esencia, dejaría de ser criatura y sería Dios, lo cual resulta imposible.
Gracia como accidente en sentido aristotélico
En sentido metafísico aristotélico, la gracia santificante pertenece al orden de los accidentes porque inhiere en el alma creada. No subsiste como una sustancia independiente ni se identifica con el Espíritu Santo. La teología escolástica la describe como una cualidad sobrenatural permanente del alma.
Esta afirmación necesita una interpretación precisa. «Accidente» no significa aquí algo superficial, externo o irrelevante. La gracia afecta profundamente al sujeto, lo ordena a Dios y lo capacita para una vida sobrenatural. La palabra indica solo que la gracia no constituye la esencia natural del alma ni existe separada de ella.
La gracia es, por tanto:
- Sobrenatural, porque supera las capacidades propias de la naturaleza creada.
- Inherente, porque existe en el alma como en su sujeto.
- Accidental en sentido ontológico, porque no forma parte de la esencia humana.
- Permanente, porque permanece en el alma mientras no desaparezca por el pecado mortal.
- Perfectiva, porque eleva y ordena la naturaleza hacia la comunión con Dios.
Hábito y accidente
La tradición escolástica llama a la gracia santificante hábito (habitus), pero esta palabra debe entenderse con precisión.
En la clasificación aristotélica, el hábito constituye una especie de accidente dentro de la categoría de cualidad. Por tanto, afirmar que la gracia es un hábito no significa contraponer «hábito» y «accidente» como si fueran realidades del mismo nivel. La gracia es un accidente y, dentro de los accidentes cualitativos, posee carácter habitual.
El término hábito puede designar:
- Un hábito operativo, que dispone a realizar determinados actos con facilidad, como la virtud de la prudencia.
- Un hábito entitativo, que perfecciona al sujeto en su propio ser, como la salud respecto del cuerpo.
La gracia santificante pertenece primariamente al orden del hábito entitativo. No consiste directamente en una facilidad psicológica para actuar, aunque de ella procedan las virtudes infusas y los dones del Espíritu Santo. La gracia perfecciona el alma en su ser sobrenatural; las virtudes y los dones perfeccionan sus potencias para sus actos.,
Gracia, virtudes y dones
La relación entre gracia, virtudes y dones puede expresarse así:
- La gracia santificante perfecciona sobrenaturalmente la esencia del alma.
- De la gracia proceden perfecciones de las potencias del alma.
- Esas perfecciones reciben el nombre de virtudes infusas y dones del Espíritu Santo.
- Las virtudes y los dones ordenan las potencias a actos sobrenaturales.
Santo Tomás compara esta estructura con la relación natural entre el alma y sus potencias: así como las facultades brotan de la esencia del alma, las virtudes y los dones proceden de la gracia y perfeccionan las facultades para su operación.