Esmirna, situada en un golfo que lleva su nombre, se erige como un anfiteatro natural en la costa egea de Asia Menor. Fundada hace más de mil años antes de Cristo por colonos de Lesbos, que expulsaron a los leleges, la ciudad prosperó bajo los jonios alrededor del 688 a. C., convirtiéndose en un centro rico y poderoso, según relata Heródoto.1 Destruida por el rey lidio Aliates en el 580 a. C., fue reconstruida siglos después por Antígono y Lisímaco en su emplazamiento actual. Posteriormente, formó parte del reino de Pérgamo y pasó a manos romanas en el 133 a. C., donde se estableció un conventus judicial y una ceca monetaria.
La ciudad gozó de fama por su escuela de retórica y como sede del concilium festivum de Asia. Sufrió terremotos en los años 178 y 180 d. C., reconstruida por Marco Aurelio, y fue capturada por árabes en el 673. En el siglo XIV, los latinos la tomaron temporalmente de los musulmanes, pero Tamerlán la devastó en 1402.1
