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Esperanza mesiánica

La esperanza mesiánica es la expectativa de una intervención salvadora de Dios vinculada a la llegada de un ungido, o Mesías, que liberará y renovará al pueblo. En la tradición bíblica, esta esperanza adopta formas diversas y evoluciona en la historia de Israel. La fe cristiana reconoce en Jesucristo su cumplimiento, aunque entiende que la salvación ya inaugurada por su vida, muerte y resurrección aguarda todavía su consumación al final de la historia.

Cuadro resumen[Datos abiertos]
NombreEsperanza mesiánica
CategoríaDoctrina
DescripciónExpectativa de una intervención salvadora de Dios vinculada a la llegada de un ungido, o Mesías, que liberará y renovará al pueblo. Expectativa de una intervención salvadora de Dios vinculada a la llegada de un ungido. En la tradición bíblica adopta formas diversas y evoluciona en la historia de Israel; la fe cristiana reconoce su cumplimiento en Jesucristo. Palabra Mesías procede de māšīaḥ y significa «ungido»
ReferenciasAntiguo Testamento, Nuevo Testamento
Autoridad EclesiásticaComisión Bíblica Pontificia
Contexto HistóricoPeríodo del Segundo Templo (época comprendida entre la reconstrucción del templo de Jerusalén y su destrucción en el año 70).
Doctrinas RelacionadasCristología
Personas RelacionadasJesús, Abrahán, Isaac, David
TemaMesías, Jesucristo, Reino de Dios, Siervo sufriente, Hijo del hombre

Tabla de contenido

Significado del término

La palabra Mesías procede del hebreo māšīaḥ y significa «ungido». En la tradición de Israel, la unción con aceite podía consagrar a reyes y otros servidores de Dios. Por eso, al principio, el término no designaba necesariamente a un único salvador futuro: también podía referirse a un rey concreto. Con el tiempo, la esperanza en un gobernante ideal y en una intervención definitiva de Dios dio al título un sentido escatológico, es decir, referido al cumplimiento último de la historia y a la salvación futura.1

El término griego Christós traduce Mesías. De ahí que «Jesucristo» signifique, en su sentido originario, «Jesús Mesías» o «Jesús, el Ungido». En el cristianismo, Cristo llegó a funcionar también como título y como parte del nombre con que los creyentes identifican a Jesús.2

Desarrollo en las Escrituras de Israel

Promesa, pueblo y linaje

La esperanza bíblica no aparece desde el principio como una doctrina sistemática sobre un Mesías individual. Las promesas dirigidas a Abrahán e Isaac anuncian una bendición que alcanzará a otros pueblos mediante su descendencia. La tradición bíblica concreta progresivamente esa esperanza en Israel y, después, en la tribu de Judá y en la casa de David.2,3

La promesa dirigida a David ocupa un lugar central. En su sentido histórico inmediato, el anuncio de que su casa y su reino perdurarían aludía a la continuidad de la dinastía mediante sus sucesores; aquellos reyes eran ungidos, pero eso no los convertía sin más en el Mesías definitivo. Las crisis políticas y el fracaso de las expectativas depositadas en los monarcas favorecieron una reinterpretación posterior de las promesas: la figura esperada pasó a representar un rey ideal que establecería de manera plena el reinado de Dios.1

El rey justo y el descendiente de David

Algunos salmos describen al gobernante esperado como defensor de los pobres, promotor de la justicia y señor de un reino que alcanza a las naciones. La esperanza regia no consistía solo en recuperar el poder político: expresaba el deseo de una comunidad en la que prevalecieran la justicia y la fidelidad a Dios.1

Tras la caída de la monarquía y el destierro, la esperanza davídica no desapareció, aunque convivió con otras maneras de imaginar la restauración del pueblo. La expectativa de un descendiente de David se relacionó con la reconstrucción de Jerusalén, la renovación del culto y el restablecimiento de la vida comunitaria. Los escritos posteriores reflejan una esperanza mesiánica plural, con figuras de carácter regio, sacerdotal o celestial.4,1,5

El siervo sufriente

En los poemas del Siervo del Señor, la misión salvadora toma un cariz distinto. La figura elegida recibe el Espíritu de Dios y lleva su enseñanza a las naciones, pero no alcanza su cometido mediante la conquista o el despliegue de poder. La obediencia, el sufrimiento y la entrega de la vida aparecen como caminos de salvación. Este motivo amplía la imagen del salvador esperado y no queda reducido a la figura del rey triunfante.2,6

Formas diversas de la esperanza

En el período del Segundo Templo -la época comprendida entre la reconstrucción del templo de Jerusalén y su destrucción en el año 70- convivieron diversas expresiones de esperanza. Algunas conservaban el horizonte de un rey davídico; otras daban mayor relieve a una figura sacerdotal o celestial. Ciertos escritos también imaginaban una etapa de salvación terrena anterior al reinado definitivo de Dios. Por tanto, no existía una única descripción compartida por todos los grupos judíos acerca de la identidad y la misión del Mesías.1

La interpretación cristiana

Jesús, el Mesías

Los escritos del Nuevo Testamento reconocen en Jesús al Mesías prometido. Lo presentan como descendiente de David, pero también relacionan su identidad con las figuras del Siervo sufriente y del Hijo del hombre. La esperanza mesiánica adquiere así un alcance que supera la restauración política: en Jesús, la salvación se dirige a todos los seres humanos y trasciende las condiciones de la vida presente.7

La fe cristiana relaciona las promesas de Israel con la persona y la obra de Cristo, especialmente con su misterio pascual: su pasión, muerte y resurrección. Sin embargo, no entiende las profecías como descripciones fotográficas de acontecimientos futuros. Cada texto tenía un sentido para sus primeros destinatarios; la lectura cristiana reconoce además en ellos una plenitud que, desde la fe, se manifiesta en Cristo de una manera que no podía deducirse de antemano como un cumplimiento literal y sencillo.8

El Nuevo Testamento reúne en Jesús varias dimensiones de la esperanza mesiánica: rey de la línea de David, Siervo sufriente, Hijo del hombre, sacerdote y Hijo eterno de Dios. La cruz y la glorificación forman parte de esa identidad; el Mesías no cumple su misión mediante el éxito político inmediato, sino mediante una salvación que atraviesa el sufrimiento y la muerte.7

Cumplimiento y espera futura

Para la fe cristiana, el cumplimiento de las promesas ya ha comenzado en Cristo, pero todavía no ha alcanzado su forma definitiva. Los cristianos confiesan que Jesús resucitó y permanece presente y activo, y a la vez esperan su retorno, la resurrección de los muertos y la renovación definitiva de la creación. La esperanza mesiánica, por tanto, no queda cerrada en el pasado: incluye la espera de una plenitud futura.8,9

Esta tensión entre una salvación inaugurada y otra aún pendiente distingue la espera cristiana. El Reino de Dios ya está presente en Cristo, aunque el sufrimiento, el pecado y la muerte no hayan desaparecido de la historia. La consumación final hará manifiesta la victoria de Dios sobre esas realidades.8,9

Relación con la esperanza judía

La esperanza mesiánica pertenece también a las tradiciones del judaísmo, aunque no todas las corrientes judías le atribuyan la misma importancia ni interpreten de igual manera la figura esperada. La fe cristiana confiesa a Jesús como Mesías, pero esta afirmación no autoriza a presentar las Escrituras de Israel como si careciesen de sentido propio antes de su lectura cristiana. Los textos proféticos tuvieron un significado en su contexto histórico, y la interpretación cristiana reconoce en ellos una plenitud posterior sin reducirlos a anuncios literales de sucesos futuros.1,8

La Comisión Bíblica Pontificia considera que la esperanza judía en el Mesías no es vana para los cristianos: puede recordarles que la historia aún aguarda su cumplimiento. La diferencia cristiana consiste en esperar al que ha de venir como Jesús, aquel que ya vino y cuya presencia, según la fe, actúa en el mundo.8

Alcance teológico

La esperanza mesiánica enlaza la fidelidad de Dios a las promesas con la confianza en una salvación que todavía debe manifestarse plenamente. En el cristianismo, esa esperanza se centra en Jesucristo y abarca tanto la redención personal como la renovación de la humanidad y de la creación. Por eso, proclamar a Jesús como Mesías no elimina la espera: la transforma en una expectativa fundada en quien ya ha venido y aguarda todavía su cumplimiento definitivo.8,7

Citas y referencias

  1. II. - Temas fundamentales en las escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - E) El hijo y sucesor de David: En el Antiguo Testamento, Comisión Bíblica Pontificia. El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 62 (2002). 2 3 4 5 6
  2. Mesías, Enciclopedia Católica, Mesías (1913). 2 3
  3. J. Ibáñez-Ibáñez; F. Mendoza-Ruiz. Cristo, María y la Iglesia en los formularios de la Liturgia Visigótica, 5 (1974).
  4. Scripta Theologica. Recensiones, 20 (1982).
  5. Scripta Theologica. Recensiones, 19 (1982).
  6. A) Promesa-Cumplimiento, G. Aranda-Pérez. La Sagrada Escritura en el Catecismo de la Iglesia Católica, 26 (1993).
  7. II. - Temas fundamentales en las escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - B. Temas fundamentales compartidos - En el Nuevo Testamento, Comisión Bíblica Pontificia. El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 63 (2002). 2 3
  8. II. - Temas fundamentales en las escrituras judías y su recepción en la fe en Cristo - A. Comprensión cristiana de las relaciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento - 5. La unidad del plan de Dios y la idea de cumplimiento, Comisión Bíblica Pontificia. El pueblo judío y sus Escrituras sagradas en la Biblia cristiana (24 de mayo de 2001), 21 (2002). 2 3 4 5 6
  9. J.H. Nicolás. Trinidad y vida espiritual, 22 (1988). 2
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