Promesa, pueblo y linaje
La esperanza bíblica no aparece desde el principio como una doctrina sistemática sobre un Mesías individual. Las promesas dirigidas a Abrahán e Isaac anuncian una bendición que alcanzará a otros pueblos mediante su descendencia. La tradición bíblica concreta progresivamente esa esperanza en Israel y, después, en la tribu de Judá y en la casa de David.,
La promesa dirigida a David ocupa un lugar central. En su sentido histórico inmediato, el anuncio de que su casa y su reino perdurarían aludía a la continuidad de la dinastía mediante sus sucesores; aquellos reyes eran ungidos, pero eso no los convertía sin más en el Mesías definitivo. Las crisis políticas y el fracaso de las expectativas depositadas en los monarcas favorecieron una reinterpretación posterior de las promesas: la figura esperada pasó a representar un rey ideal que establecería de manera plena el reinado de Dios.
El rey justo y el descendiente de David
Algunos salmos describen al gobernante esperado como defensor de los pobres, promotor de la justicia y señor de un reino que alcanza a las naciones. La esperanza regia no consistía solo en recuperar el poder político: expresaba el deseo de una comunidad en la que prevalecieran la justicia y la fidelidad a Dios.
Tras la caída de la monarquía y el destierro, la esperanza davídica no desapareció, aunque convivió con otras maneras de imaginar la restauración del pueblo. La expectativa de un descendiente de David se relacionó con la reconstrucción de Jerusalén, la renovación del culto y el restablecimiento de la vida comunitaria. Los escritos posteriores reflejan una esperanza mesiánica plural, con figuras de carácter regio, sacerdotal o celestial.,,
El siervo sufriente
En los poemas del Siervo del Señor, la misión salvadora toma un cariz distinto. La figura elegida recibe el Espíritu de Dios y lleva su enseñanza a las naciones, pero no alcanza su cometido mediante la conquista o el despliegue de poder. La obediencia, el sufrimiento y la entrega de la vida aparecen como caminos de salvación. Este motivo amplía la imagen del salvador esperado y no queda reducido a la figura del rey triunfante.,
Formas diversas de la esperanza
En el período del Segundo Templo -la época comprendida entre la reconstrucción del templo de Jerusalén y su destrucción en el año 70- convivieron diversas expresiones de esperanza. Algunas conservaban el horizonte de un rey davídico; otras daban mayor relieve a una figura sacerdotal o celestial. Ciertos escritos también imaginaban una etapa de salvación terrena anterior al reinado definitivo de Dios. Por tanto, no existía una única descripción compartida por todos los grupos judíos acerca de la identidad y la misión del Mesías.