Significado de «menor»
La minoridad constituye una clave decisiva para comprender la espiritualidad franciscana. El nombre de Frailes Menores expresa una posición espiritual y relacional: el franciscano no pretende colocarse por encima de los demás, dominar, controlar ni convertir su autoridad en privilegio.
La minoridad exige reconocerse pequeño, necesitado y pecador ante Dios. Esta conciencia abre a la misericordia porque quien reconoce su propia necesidad de salvación puede acoger también la fragilidad ajena.
La minoridad no significa desprecio de la dignidad personal ni negación de los dones recibidos. Tampoco equivale a una pasividad servil. Significa ejercer los dones sin apropiárselos, aceptar la autoridad como servicio y renunciar a toda superioridad que humille o excluya.
Relación con los hermanos
La minoridad comienza dentro de la fraternidad. El franciscano procura evitar:
- Juzgar fácilmente a los demás.
- Hablar mal de los hermanos.
- Utilizar la autoridad para oprimir.
- Exigir compensaciones por los favores prestados.
- Considerar como derechos personales los servicios recibidos.
- Responder al pecado ajeno con ira o desprecio.
La autoridad franciscana debe ejercerse con misericordia. La justicia reconoce los derechos de cada persona, mientras que la caridad busca además la comunión fraterna. Por eso las estructuras ocupan un lugar subordinado: los hermanos tienen prioridad sobre las estructuras.
Relación con el mundo
La minoridad también determina la relación del franciscano con la sociedad. El religioso no se acerca a los pobres desde una posición de superioridad, como quien concede algo desde arriba. Se aproxima como hermano, consciente de haber recibido gratuitamente cuanto posee.
La Regla franciscana vincula la renuncia a apropiarse de lugares, espacios o privilegios con la acogida cordial de toda persona, incluso del adversario, del ladrón o del marginado. Francisco pidió a sus hermanos que convivieran con los pobres, los débiles, los enfermos, los leprosos y quienes mendigaban por los caminos.
La minoridad convierte el mundo entero en ámbito de misión. La fraternidad franciscana no queda encerrada en un espacio protegido: su claustro es el mundo, entendido como lugar de encuentro, servicio, anuncio y reconciliación.
Relación con la jerarquía
La minoridad no rechaza la autoridad de la Iglesia ni la estructura jerárquica. Francisco permaneció dentro de la Iglesia católica y quiso que su fraternidad viviera en obediencia eclesial. La minoridad transforma la forma de ejercer la autoridad, no elimina la autoridad legítima.
El ministro franciscano no debe comportarse como propietario de la fraternidad. Su cargo no le permite dominar a los hermanos ni convertir la obediencia en sometimiento personal. La autoridad adquiere legitimidad cuando protege, discierne, corrige con misericordia y facilita la vocación de cada miembro.
De este modo, la minoridad ofrece una crítica evangélica de toda forma de poder apropiado. La jerarquía puede conservar su función propia, pero necesita evitar el clericalismo, la autosuficiencia y la distancia respecto de los pequeños.