Los Ejercicios Espirituales son la piedra angular de la espiritualidad ignaciana. Se trata de un breve trabajo compuesto por San Ignacio, originalmente en español, que ofrece un sistema de entrenamiento espiritual. Su objetivo principal es «conquistarse a sí mismo y regular la propia vida, y evitar llegar a una determinación por cualquier afecto desordenado». Es un método para superar las pasiones desordenadas y adquirir paz interior a través del control de cada acto consciente.
Estructura y Propósito
Los Ejercicios no son un libro para ser leído pasivamente, sino una guía práctica para ser vivida bajo la dirección de un acompañante espiritual. El director ayuda a adaptar el progreso del retiro a las circunstancias individuales del ejercitante, incluyendo su ocupación, grado de fervor y los frutos que obtiene.
El proceso de los Ejercicios se puede resumir en varias etapas:
Vía purgativa: Reconocimiento de los pecados y purificación del alma.
Vía iluminativa: Meditación sobre la vida de Cristo para conocerlo y seguirlo más plenamente.
Vía unitiva: Contemplación para alcanzar el amor, que culmina en la acción de gracias y la ofrenda de la memoria, el entendimiento y la voluntad a Dios.
San Ignacio invita a los ejercitantes a colocarse ante el Evangelio, a contemplar el costado herido de Cristo crucificado y a entrar en el corazón de Cristo para ensanchar el propio corazón. Los coloquios, diálogos de corazón a corazón con el Señor, son una parte esencial de este entrenamiento, donde se pueden compartir preocupaciones y buscar consejo divino.
El Discernimiento de Espíritus
Un elemento crucial de los Ejercicios y de la espiritualidad ignaciana es el discernimiento de espíritus,. San Ignacio proporciona reglas claras y concisas para este discernimiento, que sirven como una guía segura. El discernimiento es el juicio para determinar de qué espíritu emanan los impulsos del alma.
Ignacio enseña que tanto el espíritu bueno como el malo actúan sobre el alma de diferentes maneras:
El espíritu malo suele proponer placeres aparentes a aquellos que viven en pecado mortal, buscando afianzarlos en sus vicios,. Habla a la imaginación y los sentidos, buscando excitar la concupiscencia.
El espíritu bueno utiliza el método opuesto, aguijoneando la conciencia a través de la razón en aquellos que están en pecado, y buscando intensificar el amor a Dios,.
El discernimiento no es un oráculo ni fatalismo, sino un proceso que se desarrolla en el camino de la vida, volviendo a la propia trayectoria para comprender lo que se busca. Es una gracia que permite distinguir entre las cosas de Dios que permanecen y las cosas mundanas que pasan.