La espiritualidad laical posee características distintivas que la adaptan a la vida de los fieles en el mundo:
Carácter Secular
Lo que específicamente caracteriza a los laicos es su índole secular,. Los laicos están llamados a buscar el Reino de Dios ocupándose de los asuntos temporales y ordenándolos según el plan divino,. Viven inmersos en el mundo, en todas las profesiones y ocupaciones seculares, y en las circunstancias ordinarias de la vida familiar y social,. Su existencia está entretejida con estas realidades, y es precisamente allí donde Dios los llama a santificar el mundo desde dentro, como un fermento, y a hacer conocer a Cristo a los demás mediante el testimonio de una vida resplandeciente en fe, esperanza y caridad.
No debe haber dos vidas paralelas: una llamada «espiritual» y otra «temporal» (vida familiar, trabajo, relaciones sociales, compromiso político, actividades culturales). Los cristianos, como ciudadanos de la ciudad terrena y de la ciudad celestial, deben cumplir sus tareas terrenas con celo y fidelidad, dejándose guiar por el espíritu del Evangelio.
Unión con Cristo
La base de toda espiritualidad cristiana es la unión vital con Cristo. Jesús mismo dijo: «Permaneced en mí. El que permanece en mí, y yo en él, este da mucho fruto» (Jn 15,5). Esta unión implica tanto la presencia de Cristo en nosotros, que debemos acoger y desear, como nuestra presencia en Cristo, que se realiza a través de la fe y el amor. Los laicos están llamados a esta experiencia de comunión tanto como cualquier otro miembro del Pueblo de Dios.
Esta unión personal y profunda con Cristo es lo único que asegura la fecundidad de todo apostolado. Los laicos encuentran a Cristo en la Escritura, en la participación activa en la liturgia de la Palabra y la Eucaristía, y en la oración personal y silenciosa, que es insustituible para mantener el contacto del alma con el Dios vivo, fuente de toda gracia.
Transformación del Orden Temporal
La tarea permanente del laico es la inserción del cristianismo en la vida, a través del encuentro personal con Dios y en la comunión con los hermanos. Al formarse como cristianos, los laicos reforman su mentalidad y conforman su vida a la imagen de Cristo mediante la fe, la esperanza y la caridad. Actuando con plena responsabilidad, transforman las estructuras temporales en las que están inmersos, buscando rehacer continuamente el mundo según el plan y el designio de Dios.
La fe y la sabiduría permiten a los laicos ver la proyección de Cristo en todas las cosas, incluso en las llamadas «temporales», descubriendo su relación con Dios. Esta visión de fe ilumina las cosas cotidianas, tanto en el bien como en el mal, en la alegría y el dolor, en el trabajo y el descanso, en la reflexión y la acción. Las actividades profesionales y las condiciones de compartir las preocupaciones terrenas con otros laicos se convierten en un campo de prueba, un desafío y una misión, pero también en un momento de gracia y comunión con Cristo, donde se construye y desarrolla la espiritualidad laical.