La espiritualidad monástica se distingue por varios elementos esenciales que la definen como una vía radical de seguimiento de Cristo.
Radicalización de las Promesas Bautismales
La vida monástica se entiende como una radicalización escatológica de las promesas bautismales. Los monjes y monjas buscan imitar al Verbo Encarnado, viviendo de manera particularmente intensa las exigencias que surgen de la participación bautismal en el Misterio Pascual de su Muerte y Resurrección. Al convertirse en portadores de la Cruz (staurophoroi), se esfuerzan por ser portadores del Espíritu (pneumatophoroi), hombres y mujeres auténticamente espirituales.
Votos y Compromisos
Desde sus inicios, el celibato ha sido una nota esencial del monacato, ya que una esposa y una familia formaban parte del «mundo» que se había dejado atrás. La pobreza y la obediencia también han sido ideales fundamentales, aunque su práctica ha evolucionado. En el monacato occidental, influenciado por San Benito, se busca un equilibrio armonioso entre la vida interior y el trabajo, con un compromiso evangélico de conversión de vida, obediencia y estabilidad.
Oración y Trabajo
La oración es la primera y más importante obligación del monje. Desde el principio, se ha considerado el deber principal del monje mantener la oración oficial de la Iglesia, el Oficio Divino u Opus Dei. San Benito estableció el principio «Nihil operi Dei praeponatur» (Que nada se anteponga a la obra de Dios), lo que significa que todas las demás obras, por excelentes que sean, deben ceder el paso a la oración litúrgica. Junto a la liturgia oficial, la oración privada, especialmente la oración mental, siempre ha ocupado un lugar importante.
El trabajo manual también es una parte esencial de la vida monástica. Los primeros monjes realizaban trabajos sencillos como tejer esteras o hacer cestas, que les permitían su sustento sin distraerlos de la contemplación. Bajo San Pacomio, el trabajo manual se organizó como una parte integral de la vida monástica, y el principio de que el cuerpo debe ser autosuficiente ha hecho que el trabajo externo sea una parte inevitable de la vida monástica desde entonces, con la agricultura ocupando un lugar destacado.