Documentos fundamentales del Magisterio
La Congregación para la Doctrina de la de la Fe, en la instrucción Donum Vitae (1987), aborda directamente el tema, reconociendo la esterilidad como «una difícil prueba» y llamando a la comunidad cristiana a acompañar a los esposos afectados. El documento anima a la investigación científica para prevenir y remediar las causas de la esterilidad, siempre que se salvaguarde la dignidad de la procreación humana:
La comunidad de creyentes está llamada a iluminar y apoyar el sufrimiento de quienes no pueden cumplir su legítima aspiración a la maternidad y paternidad. Los esposos en esta situación deben encontrar en ella una oportunidad para participar de modo particular en la Cruz del Señor, fuente de fecundidad espiritual.
El Catecismo de la Iglesia Católica (n. 2379) refuerza esta visión: «Los esposos que aún padecen esterilidad después de agotar los procedimientos médicos legítimos, deben unirse a la Cruz del Señor, fuente de toda fecundidad espiritual».
Intervenciones papales y de la Pontificia Academia para la Vida
Juan Pablo II y Benedicto XVI han dedicado palabras específicas al tema. En 2004, la Pontificia Academia para la Vida, en su X Asamblea General, aplaudió los esfuerzos médicos por curar la esterilidad conyugal y extendió el concepto de fecundidad más allá de lo biológico:
El don de la fecundidad conyugal debe entenderse en un sentido mucho más amplio que la fertilidad biológica. El amor esponsal […] está siempre llamado a amar, servir, defender y promover la vida humana en todas sus dimensiones.
Benedicto XVI, en su discurso a la XVIII Asamblea de la misma Academia (2012), reiteró el apoyo a la investigación diagnóstica y terapéutica que restaure la fertilidad sin recurrir a técnicas artificiales, criticando el «cientificismo y la lógica del lucro» que dominan el campo. En 2008, en un mensaje al Congreso sobre Humanae Vitae, volvió a exhortar a científicos creyentes a buscar tratamientos naturales.