Anna Katharina Emmerick nació el 8 de septiembre de 1774 en Flamske, en la diócesis de Münster, dentro de una familia campesina pobre. Desde su infancia mostró una intensa vida de oración y una particular devoción a la Pasión de Jesucristo. En 1803 profesó como religiosa en el monasterio de Agnetenberg, perteneciente a las canonigas regulares de San Agustín. Tras la supresión del monasterio por las autoridades civiles, vivió en una vivienda particular y permaneció durante largos años gravemente enferma y postrada en cama. Murió el 9 de febrero de 1824.1,2
Su espiritualidad estuvo centrada en Cristo crucificado, la Eucaristía, la oración y la participación interior en los sufrimientos del Señor. El decreto pontificio sobre sus virtudes presenta su existencia como una vida configurada por el amor a Jesús crucificado, la obediencia a la voluntad de Dios y la preocupación por la salvación de las almas.1
Juan Pablo II la beatificó el 3 de octubre de 2004, después del reconocimiento de sus virtudes heroicas y de un milagro atribuido a su intercesión. La Iglesia fijó su memoria litúrgica el 9 de febrero.2,3



