Elena Emilia Aiello nació en Montalto Uffugo, Calabria, el 10 de abril de 1895. Huérfana de madre desde una edad temprana, recibió una educación cristiana y desarrolló una vida de oración, devoción eucarística y servicio a los necesitados. En agosto de 1920 ingresó en las Hermanas de la Caridad de la Preciosísima Sangre, pero una enfermedad agravada por un tratamiento inadecuado la obligó a abandonar la comunidad. Tras regresar a su familia, atribuyó su curación a la intercesión de santa Rita de Casia.1,2
En noviembre de 1921 comenzaron los fenómenos místicos que la acompañaron hasta su muerte. Entre ellos figuraban el sudor de sangre y los estigmas, que aparecían especialmente durante los viernes de Cuaresma y el Viernes Santo. La documentación eclesiástica relaciona estas manifestaciones con su meditación sobre los sufrimientos de Jesucristo.1,2
El 2 de marzo de 1923, viernes de Pasión, mientras contemplaba los dolores de Cristo crucificado, ocurrieron en su cuerpo manifestaciones extraordinarias que volvieron a repetirse anualmente durante los viernes de Cuaresma, particularmente el Viernes Santo.3




