Marta Luisa Robin nació el 13 de marzo de 1902 en Châteauneuf-de-Galaure, en la diócesis francesa de Valence. Vivió toda su existencia en el ámbito familiar y rural de su localidad natal. Procedía de una familia cristiana, aunque la práctica religiosa de su entorno había disminuido considerablemente. La fe recibida durante la infancia adquirió en ella una orientación progresivamente más intensa hacia la unión con Cristo.1
A los dieciséis años contrajo una grave enfermedad neurológica que debilitó profundamente sus facultades físicas. La documentación de la causa describe largos años de inmovilidad, aislamiento y sufrimiento, en un contexto agravado por las enfermedades infecciosas de la época. La experiencia de la enfermedad llevó a Marta a buscar en Dios el sentido de una existencia que, desde una perspectiva exclusivamente humana, parecía privada de futuro.1
En 1925, a los veintitrés años, Marta ofreció enteramente su vida a Dios. Tres años más tarde interpretó su enfermedad como una posible participación fecunda en la obra de la salvación, no como una simple desgracia que debía soportar pasivamente. La espiritualidad que desarrolló quedó centrada en la entrega a Dios, la configuración con Cristo sufriente y la ofrenda de los propios padecimientos por la salvación del mundo.1
La Iglesia católica reconoció en 2014 que Marta había practicado en grado heroico las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad, así como las virtudes cardinales y otras virtudes relacionadas. Este reconocimiento constituye el fundamento de su título de venerable, pero no equivale a una aprobación de todos los fenómenos extraordinarios vinculados a su vida.1



